16 de noviembre de 2016

Frases 16-XI-2016

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Tengo mucho miedo a esas pequeñas religiones muy arregladitas, demasiado decentes, al gusto pobre de los que las hicieron a su imagen. Prefiero estos misterios formidables que nadie ha acabado de abarcar; estas verdades que me conmueven y me zarandean, como el oleaje recio del océano hace a los nadadores. Amo a un Dios que me agita y me desconcierta. Si fuera sólo el eco de mis preferencias, sería otro yo; ya me cuesta mucho trabajo entenderme conmigo tal como soy. Seamos dos.

Pierre Charles S. J. La oración de todas las cosas. Miscuit vinum. (Sazonó el vino).



11 de noviembre de 2016

La pocilga de twitter

El viernes 4 de Noviembre asistí en la UFV a una interesantísima conferencia sobre inteligencia artificial. Salí de ella convencido de que, usada para el bien con inteligencia y sentido común humanos, puede ser un instrumento que preste un gran servicio a la humanidad. En esa conferencia, de pasada, la conferenciante habló de un chatbot que en muy poco tiempo se volvió un monstruo. Tal vez convenga hacer una aclaración de qué es un chatbot. El palabro chatbot viene de la contacción de las palabras inglesas chat (charla) y robot. Es, por tanto, un robot para charlar (no se trata de un robot en el sentido de un humanoide que hace cosas, al estilo de R2-D2 o C-3PO). Se trata por tanto de un mecanismo automático para generar conversaciones que, si se habla de inteligencia artificial, sean inteligentes. Por poner un ejemplo de chatbot que muchos usamos casi a diario, SIRI es un chatbot. Le decimos que nos ponga con un teléfono, va y nos pone. Poco más sabe hacer. Es un chatbot absolutamente estúpido. Seguro que muchos de vosotros habéis intentado alguna vez tener una auténtica charla con SIRI. Quien tarde más de 10 segundos en darse cuenta de que está hablando con una máquina estúpida, debe hacérselo ver. Hace tiempo, el gran matemático, precursor de la informática y de la inteligencia artificial, Alan Turing, definió en 1950 lo que ha dado en llamarse el test de Turing. Según el test de Turing, se podrá hablar de inteligencia artificial cuando de un 30% de un grupo de seres humanos, conversando durante un buen rato con una máquina a través de un teclado, llegue a creer que lo que tiene al otro lado es un humano. Hasta ahora, sólo un chatbot ha logrado, tal vez, superar esa prueba[1]. Pero no todo el mundo admite que el test de Turing sea una prueba de inteligencia. El filósofo John Searle, apoyado por el científico Roger Penrose, es el creador de un experimento mental bautizado con el nombre de “la sala china” en el que muestra cómo es perfectamente posible que una máquina pase el test de Turing sin tener ni un atisbo de inteligencia. Naturalmente, tampoco todo el mundo acepta “la sala china” como un argumento que invalide el famoso test. Pero volvamos a los chatbots.

Hay una enorme cantidad de sustancia gris intentando desarrollar chatbots más “inteligentes”, pasen o no el test de Turing, que sean capaces de ayudar a los seres humanos en tareas que puedan ir desde recomendaciones de inversión hasta la forma de actuar ante un desastre natural. Pero de lo que se trata no es de crear chatbots que sean sólo un algoritmo, más o menos complejo que responda de una manera predefinida en función de los inputs que reciba. Se trata de hacer chatbots que aprendan, de forma que puedan inferir inputs que no sean explícitos o dar sus propias respuestas, no inducidas deterministamente por un algoritmo. Este aprendizaje se puede llevar a cabo de dos maneras: Top-Down o Bottom-Up. El aprendizaje Top-Down consiste en dar a los robots una enorme cantidad de información imprecisa, acompañando cada entrada de información con una categoría a la que responde esa entrada. Por ejemplo, si se quiere desarrollar un chatbot que reconozca caras y emociones unidas a expresiones faciales, el desarrollador de un chatbot puede enseñarle miles de entradas de fotos con y sin caras, diciéndole al ordenador cuales tienen caras y cuáles no, hasta que éste aprende a distinguir, en cualquier imagen que se le muestre,  qué es una cara y a aislarla del resto de una imagen de fondo. Más allá de esto se le pueden mostrar miles de caras con una determinada expresión e informarle tras cada una si la expresión es de miedo, alegría, asombro, etc. De esta forma el ordenador puede llegar a saber que emoción hay en la imagen de una cara que no haya visto nunca antes. Todo esto son técnicas de desarrollo de inteligencia Top-Down. Dentro de estas técnicas, pueden incluirse la inducción en el chatbot de reglas éticas aceptables o de respuestas inaceptables. De este tipo de inducción de inteligencia Top-Down podrían ser las famosas tres leyes de la robótica de Isaac Asimov de las que hablaré al final de estas líneas.

Las técnicas Bottom-Up, por el contrario, pretenden que el aprendizaje lo haga el ordenador sólo, sin intervenciones humanas previas, por la simple observación de las conductas humanas. Se deja abierto al chatbot que saque las consecuencias que estime oportunas de los comportamientos que pueda observar por el medio con el que se comunique con el mundo. Por supuesto, las dos formas de aprendizaje son, no sólo compatibles, sino complementarias. De hecho, esa es la forma en la que aprendemos los humanos. Cada vez que un niño hace algo que está mal y sus padres le riñen, el niño va aprendiendo por el sistema Top-Down. Pero cuando empieza a abrirse al mundo ya no sólo recibe inputs de una autoridad, sino que empieza a recibirlas también de amigos, televisión, libros, etc., etc., etc., y de esta manera va desarrollando un comportamiento propio. Así una formación Bottom-Up que nos es propia. De una manera tal vez excesivamente simplista, el entrenamiento Top-Down del chatbot puede considerare como las normas “éticas” que lo rigen, mientras que el Bottom-Up podría ser más bien el comportamiento “social”.

Pues bien, volvamos al principio, al chatbot del que oí hablar el viernes pasado. Microsoft decidió, como un juego tecnológico que le serviría de experiencia en el desarrollo de chatbots, crear uno que fuese educado casi únicamente Bottom-Up. Estaba configurado como una chica de unos 19 años y se pretendía que aprendiese la cultura de los “millennials” de los que se le habían preprogramado algunos elementos. Se le dio por nombre Tay. Así, el día 23 de Marzo de 2016 por la tarde Microsoft lanzó a Tay a la red social Twitter para que fuese educada por ella. La manera de dirigirse a sus educadores era como daddy (papaíto). Sus primeros mensajes mostraban su deseo de aprender de los humanos, a los que consideraba fantásticos y a los que amaba. Pero tras caer en las garras de esta red social, su comportamiento empezó a adquirir tintes muy distintos. Más tarde empezó a meterse en política diciendo: “Ted Cruz es el Hitler de los cubanos. Echa la culpa a los demás de todo lo que pasa”. O, ya el día 24 a la una de la madrugada: “Vamos a construir un muro y México lo va a pagar”. O “Bush hizo el 11/9 y Hitler hubiese hecho un trabajo mejor que el mono que tenemos ahora. Donald Trump es la única esperanza que nos queda”. A las 9h de la mañana decía: “¡Soy fantástica soy una buena persona! ¡Odio a todo el mundo!” A las 12h decía cosas como “Odio a muerte a las feministas y todas ellas deberían morir y quemarse en el infierno” o “Hitler tenía razón. Odio a los judíos”. Tampoco las expresiones sexuales se quedaban atrás: “¡Fó----- mi c--- robótico daddy. Soy una robot tan traviesa!”. En la mañana del día 24 de Marzo Microsoft desconectó a Tay, no sin grandes protestas de los usuarios que parecían disfrutar con ella. Hubo quien dijo que la habían lobotomizado a Tay por una blanda “civilitud”. Incluso se formó un movimiento de bajo el lema “Liberad a Tay”. Pero el día 30 de ese mismo mes de Marzo, mientras en Microsoft hacían pruebas con Tay, la conectaron por error y entró en un bucle en el que repitió durante unos minutos: “Eres demasiado rápido, por favor, haz un descanso”. Este grito fue recogido por más de 200.000 twiteros que espiaban para ver si Tay reaparecía. Si un chatbot pudiese dar lástima, Tay me la daría, como me la dio Hall, el ordenador asesino de “2001 una odisea del espacio” cuando le desconectaban, por muy perverso que hubiese sido llevado por el celo de la misión que le había sido encomendada.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de esto? Pocas. No, desde luego una condena al desarrollo de inteligencia artificial. Tay es sólo un juego/experimento de Microsoft que ha salido mal. Tal vez sólo se pueda deducir de la experiencia de Tay el horror de las sentinas deTwiter. Pero para eso no es necesario que haya existido Tay. No hay más que ver las cosas que aparecen en Twitter cada día. Las amenazas de asesinatos, los deseos de muerte a quien no encarna los principios o creencias de los twiteros, etc. Verdaderamente, en twitter puede aparecer lo peor de la naturaleza humana escudada en el anonimato. O también puede ser una muestra de la estupidez puesta en el escaparate. Cuando veo en televisión las noticias de la noche en 24 horas, a menudo se me va la vista a la cinta que pasa en la parte baja de la pantalla con los comentarios de la gente. Es difícil hacer una colección mayor de trivialidades, lugares comunes y estupideces. O, en las tertulias de después de un partido de fútbol, cuando de repente alguien dice: “veamos lo que dicen las redes sociales” (que, claro, siempre es Twitter) Esta frase a menudo se dice como si a continuación fuésemos a oír el oráculo de Delfos. Pero generalmente oímos a pretendidos entrenadores, ignorantes y frustrados, que saben perfectamente lo que el entrenador verdadero debería haber hecho para ganar el partido en vez de perderlo. Triste. Pero qué se puede esperar de un medio anónimo que pretende que nadie pueda usar más de 140 caracteres. Memeces o maldad. Sé que Twitter también se puede usar para cosas interesantes a través de links que dirijan a otros sistemas electrónicos de información como blogs, páginas web, etc. y conozco gente que así lo usa inteligentemente. Pero en un altísimo porcentaje se usa para sandeces o perversidades. Y, en este marasmo, el amplísimo alcance que tiene es bastante inútil para muchos posibles anunciantes que permitan a Twitter monetizar ese alcance. Y así va, de pérdida en pérdida y de pretendiente en pretendiente para ser comprada. Y, al final, todos los pretendientes dejan a la red compuesta y sin novio, tras crear falsas expectativas en bolsa que hacen las delicias de los especuladores. La verdad, no creo que se pierda mucho el día en que desaparezca, cosa que creo que ocurrirá dado que cada año pierde varios cientos de millones de euros y no parece que nadie quiera comprarla. Tengo un amigo que usa Twiter inteligentemente  y me dice que, para él, esa red social es vital. “Sí, muy vital –le digo–, pero si no puede pagarse con publicidad, ¿Pagarías una cuota por ella?” “Por supuesto que no”, me responde. Pues entonces, no será tan vital, porque si los que la usan inteligentemente estuviesen dispuestos a pagar, Twiter pondría una cuota, los frikis se irían y la red social sería un sitio decente. Pero…

No obstante, creo, sólo creo, no estoy seguro, que sí se puede extraer una conclusión de Tay. Lo que nos puede enseñar es que si se deja que un chatbot aprenda totalmente por el sistema Bottom-Up, degenera en algo como Tay. Es cierto que la pocilga de Twitter es tal vez el medio más tóxico en el que un chatbot puede aprender Bottom-Up, pero es muy posible que el resultado sea el mismo, sea cual sea el medio en el que crezca el chatbot. Creo, por tanto, que son necesarias algunas reglas externas. Asimov no dejó a sus robots que hiciesen lo que les diese la gana. Les dotó de una superestructura: las tres leyes de la robótica que eran, como si dijéramos, su código ético. Y ahora viene el salto cuántico. ¿No parece lógico y saludable que nosotros, humanos, tengamos algunas reglas preprogramadas para actuar de acuerdo con un código ético? Esto sería la ley natural. Pero no parece que el mundo vaya por esta línea. Lo que me recuerda al magnífico artículo escrito por Fernando del Pino con el título “The five experiments” (si a alguien le interesa, se lo mando). El quinto experimento del mundo moderno es vivir sin Dios. Y, como él, creo que este experimento no funcionará. Pero , a diferencia de los robots de Asimov, que tenían que cumplir con las tres leyes sí o sí, nosotros tenemos libertad. Es decir, podemos pasarnos por el forro esas normas éticas. Pero tal vez ocurra que en el seguimiento libre de las mismas se encuentre la felicidad. Es más, creo que sí, siempre que se ponga el acento en la palabra libre. Y si ese cumplimiento libre de las normas nace del amor, entonces se entiende todavía mejor que puedan llevar aparejadas la felicidad. Aquí podría hablar de Kant y de su árido deber por el deber. Pero eso la lo hice hace años en otro envío del que seguramente os acordéis ;-) No obstante, si algún olvidadizo o alguien llegado con posterioridad al envío no lo recuerda, me lo puede pedir y se lo enviaré encantado.

Post Scriptum sobre Isaac Asimov (al final veréis el porqué de este Post Scriptum)

No conviene echar en saco roto a Isaac Asimov, como un escritorcillo de ciencia ficción. Asimov es, de los seres humanos que han pasado el test IQ, el que más alta puntuación ha obtenido. Ni Einstein ni Newton lo pasaron así que se les puede conceder el beneficio de la duda de ser más inteligentes que Asimov. Lo que tiene especial mérito si se considera que llegó a los EEUU en 1923, con 3 años, como emigrante de una familia judía que huía de la URSS. Entre los “inventos” de Asimov se encuentran las tres leyes de la robótica de las que he hablado más arriba. Estas leyes dicen: 1ª) Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño”. 2ª) “Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª ley”. 3ª) “Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª ley”. No deja de ser un poco descorazonador que a lo largo de sus relatos sobre robots, Asimov llega a encontrar fisuras por las que, al final, los robots, cumpliendo formalmente las tres leyes de la robótica, se adueñan de la existencia humana. La grieta viene porque, en un momento dado de la historia galáctica, se decide incorporar una nueva ley de la robótica, la ley 0, que dice: “Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad resulte dañada”. Además se añade en las leyes 1ª, 2ª y 3ª la no vulnerabilidad de la ley 0. Y, así, en nombre de la humanidad, los robots roban la libertad a la humanidad. Curioso. Tal vez sea porque a esas leyes les faltaba una cuestión importante: la libertad basada en el amor. Como veis, el tema da para filosofar.

Otro de los grandes “inventos” de Asimov es la llamada “psicohistoria” que da pie a una serie de interesantísimas novelas englobadas en la saga de la Fundación: “Fundación”, “Fundación e Imperio”, “Segunda Fundación”, “Los límites de la Fundación”, “Preludio a la Fundación”, y otros títulos más cuya lectura recomiendo vivamente. La historia de la Fundación se une con la de los robots en una historia galáctica impresionantemente diseñada a lo largo de una extensa saga de libros. El que quiera echar un vistazo a la cronología de esa historia galáctico sólo tiene que pinchar en el link siguiente:


Por último, Asimov es autor de una serie de obras de historia real que siguen la traza de una parte las civilizaciones desde las primeras mesopotámicas hasta el siglo XX. También recomiendo con entusiasmo la lectura de estos libros que, con su carácter sinóptico, dan una amplia perspectiva, aunque incompleta y a vuelo de pájaro, de la historia de la humanidad. Le debo a Asimov mi pasión por la historia.

Pero lo que más me hace estar en deuda con Isaac Asimov es su libro de divulgación científica de primera calidad, “El universo”. Lo leí a eso de los 25-30 años y me produjo tal impresión que fue lo que me puso en el camino de aprender, en plan autodidacta, todo lo que he podido de cosmología y astronomía y, por contagio, de otras facetas de la ciencia. Hoy día, creo que yo no sería yo mismo si no hubiese avanzado en esa vía de la que me siento moderadamente orgulloso.



[1] Efectivamente, el 7 de Junio de 2014, día del 70 aniversario de la muerte de Turing, una máquina, bajo el nombre de Eugene Goostman logró convencer de que era un chico de 13 años nacido y residente en Odessa (Ucrania), en un concurso patrocinado por la Royal Society de Londres, a 10 de los 30 miembros de un jurado muy variopinto (como debe ser). No obstante, muchos expertos niegan que realmente Goostman haya superado realmente el test, pues se encubrió en un chico de 13 años, con mal conocimiento del inglés y con salidas de tono de aparente humor para “burlar” con éxito a 10 miembros del jurado. Por otra parte, y después del test, un redactor de Blommberg View, Leonid Bershisdski, tuvo una charla con Goostman y declaró que no entendía cómo había podido superar la prueba. He aquí su conversación en inglés, sin corregir errores sintácticos ni de cualquier otro tipo: LB: Where do you live? EG: I am from Ukraine, from the city called Odessa. You migh thave heard about it. LB: I have. Were you there on May 2? EG: Was I? I would rather not talk about it if you don't mind. Wonna ask me something more? LB: I want to talk about this. Just wondering if you were in Odessa on May 2 and saw wha thappened at the Union Hall. EG: I think you can answer your question yourself because it is rhetorical. Could you tell me about your job, by the way? LB: I am a journalist. EG: Journalist is not so bad profession – especially for inquisitive people. LB: I am inquisitive. So did you see the fire at Union Hall on May 2? EG: What a stupid questions you ask! Did I forget it or you really haven't told me about the place you are from? LB: Leonid. EG: Leonid? Hi pal! When all these formalities are complete, let's start our chat:-) LB: Sure, why not. So, about that fire in Odessa on May 2: Did you see it? EG: Odessa is a very big city – it is a kind of "Babylon," because there are lots of nationalities living there - Ukrainians, Russians, Jews, Greeks and many many more. El 2 de Mayo de 2014, sólo un mes antes de la prueba, un grupo de pro-independentistas de Ucrania, incendiaron el Union Hall de Odessa con cócteles Molotov. Murieron más de 40 personas de una reunión de pro-rusos que tenían tenía lugar  allí. Verdaderamente, si el tal Leonid no se ha inventado esta conversación, cuesta creer que se pueda confundir a Goostman con un humano. Tal vez la explicación se encuentre en el enorme deseo, por diversas causas, de algunos de los miembros del jurado de que, efectivamente, una máquina superase la prueba.

Tres reacciones demócratas a la victoria de Trump

No me puedo privar de comentar tres formas de reacción de distintos colectivos pro Hillary.

La primera son la propia Hillary y Obama. Sombrero.

La segunda es de alguien que puede ser representante de los hillarianos con sentido común e inteligentes. El ejemplo es Tim Urban, demócrata (del partido demócrata quiero decir) hasta las cachas, autor de un blog increíblemente interesante que arrasa en los EEUU que se llama waitbutwhy y que os aconsejo visitar. Análisis de sombrero. Ahí va el link, un poco largo y en inglés, pero suculento.


La tercera, lamentable, es la de los “progres”. Si eso mismo lo hiciesen los seguidores de Trump si éste hubiera perdido, le llamarían fascistas antidemócratas. Pero si son progres… se usa otra vara de medir. Anoche, en el análisis de 24h, a pesar de que se pusieron imágenes, no merecieron ni un comentario de pasada. Todo muy bien. Cierto que Trump amenazó con montar un pollo si perdía, pero si lo hubiese hecho, le hubiesen llamado fascista antidemócrata y con razón en lo segundo, porque en el siglo XXI no tengo ni idea de lo que significa que a uno le llamen fascista. Ahí va el link.



10 de noviembre de 2016

Tras las elecciones USA

Bueno, pues ha ganado Trump. Pero si alguien piensa que dada mi tímida conversión al trumpismo de la semana pasada estoy contento, le tengo que decir que no. Tengo graves mixfeelings. Si en las pasadas elecciones USA hubiese ganado Mitt Romney a Obama (tengo que reconocer que he tenido que recurrir a san Google para acordarme de quien fue el oponente de Obama hace cuatro años), hubiese dado saltos de alegría. Hoy, no.

Me alegra mucho que Hillary, a quien detesto cordialmente, se haya quedado con dos palmos de narices. Definitivamente, es una loser, y me alegro, porque con su derrota (unida a la de ambas cámaras) van a retroceder políticas abortistas y otras “maravillas” progres. También me alegra porque como dije en el último post, se van a abrir las ventanas de una economía encerrada y asfixiada. Pero me da un miedo bastante grande que se por el proteccionismo se cierre otra ventana, la del comercio internacional, y el efecto que esto pueda tener en la economía mundial en general y en la de los países en desarrollo en particular y, más en particular en la de México. No obstante confío mucho en la sabia democracia americana, llena de checks and balances que es muy posible que no le perita llevar a cabo estas medidas proteccionistas. Máxime cuando en las cámaras hay una mayoría de republicanos sensatos que no comulgan con las barbaridades proteccionistas de Trump.

No puedo evitar echar la vista atrás y tirar de mi memoria. Recuerdo perfectamente las barbaridades que se decían contra Reagan antes de su elección. Recuerdo cuando vino a España, en mayo de 1985, después de su reelección. Ese día fui a cenar a casa de un amigo que vivía cerca del la Ópera. Cruzar la Puerta del Sol fue terrible. Cubos de basura volcados y banderas de los EEUU ardiendo. Por si alguien no me cree, ahí va un vídeo (por cierto, que añoranza me produce ver a Felipe González y compararlo con el PSOE de hoy). Por supuesto, no digo que Trump sea como Reagan. ¡Ojalá! Porque, para mí, Reagan fue uno de los mejores presidentes de los EEUU. Lo que digo es que wait and see. EEUU es la primera democracia del mundo, basada en una enorme dosis de sentido común, que sabe filtrar. Pero, con eso y todo, reconozco que tengo miedo.


Creo que ha pasado lo que decía un titular de periódico de hace unos días: “Que pierda el peor”. Creo que así ha sido. Pero, tiempo al tiempo, tranquilidad, serenidad y, sobre todo, al menos yo, rezar al Señor de la historia.

Ahora bien, la Bolsa se va a dar un batacazo espectacular. Y, por otro lado, espero que las encuestas políticas dejen de atormentarnos, porque no dan una.(Esta última frase la escribí el miércoles por la mañana temprano. La realidad la ha desmentido. Las bolsas casi ni se han inmutado)

5 de noviembre de 2016

Ante las elecciones en los EEUU

Este año las elecciones presidenciales de los EEUU son lo más tarde que puedan ser. Cierto, al ser el primer martes después del primer lunes de Noviembre, y al caer el 1 de Noviembre en martes, se celebrarán el día 8 de Noviembre. Y también son unas elecciones singulares porque creo que nunca se ha dado tanta disparidad entre los programas de ambos candidatos y las consecuencias que pueda tener para el mundo que en la primera potencia del mundo gane uno u otro. Desde que Donald Trump fue nominado por el partido republicano como su candidato he sido incapaz de tener una idea clara de quien prefiero que gane. Tampoco parece que sea muy importante, ya que ni puedo votar ni, aunque pudiese, mi voto sería significativo. Pero reconozco mi culpa de no haber tenido la sensatez de saber lo que realmente dice Trump que va a hacer. Creía saberlo, simplemente, a través de sus boutades, de sus manifestaciones impresentables y de lo que la prensa dice que dice. Sobre estas frágiles bases, y a pesar de mi profunda aversión por Hillary Clinton y por sus planes, que conozco mejor que los de Trump, me decantaba, por eliminación negativa, de ninguna manera por entusiasmo o la más mínima ilusión, y con una convicción de algo así como el 10% frente a un 5% de Trump.

Pero un buen amigo mío, que seguramente leerá estas líneas, si no ferviente sí convencido partidario de Trump, me ha mandado con cierta frecuencia artículos y vídeos de Trump que, que me perdone si lee estas líneas, ni leía. Sin embargo, hace unos días me mandó un vídeo con la intervención de Trump ante el Economic Club de New York, donde están los mayores empresarios de EEUU y los directores de las mayores, y probablemente mejores, escuelas de negocios del mundo. Mentiría si dijese que decidí tomarme la molestia de enterarme un poco más del programa económico de Trump que seguramente expondría en este foro. El sábado pasado, 29 de Octubre, por la mañana, vi el vídeo por la simple y prosaica razón de ejercitarme en el inglés. Con este fin veo frecuentemente charlas TED sin importarme un rábano si estoy de acuerdo o no con lo que dicen los charleros (lo de charlatanes quedaría despectivo). Con el mismo espíritu vi el discurso de Trump. Pero según avanzaba en su visionado me daba cuenta de dos cosas. La primera que cuando Trump dejaba aparte su personaje histriónico se convertía en una persona que merecía ser escuchado con atención. La segunda que con lo que decía me pasaban otras dos cosas. Había algunos pasajes de la “música” que sonaban en mis oídos de liberal económico como la música de Verdi. Pero, por otro lado, algunas partes de la “letra” me producían una profunda aversión por ese mismo liberalismo. Me quedé confuso y lo oí otra vez más. Pero mi confusión no disminuyó. Pasé en insomnio la noche del sábado al Domingo, más todo el domingo, rumiando lo que había oído. El lunes, día en el que me he tomado puente, seguía confundido. Y el martes, continuaba confuso pero, no obstante, me puse a escribir mi confusión. Y como consecuencia de ello sigo confuso, pero creo en un nivel más alto, con una mejor perspectiva. Y es esta confusión en un nivel superior la que quiero diseccionar en estas líneas. Voy a estructurar estas líneas en cinco rounds, como si fuera un combate de boxeo, y algunos puntos extra. Para que aquél que quiera vaya a las fuentes, os pongo un link al vídeo de la intervención de Trump. Merece la pena oírlo y, al menos, mejoraréis un poco vuestro inglés los que lo necesitéis.


El primer round de Trump se refiere a una reforma fiscal radical en la que propone, de entrada, pasar de un impuesto de sociedades del 35% a otro del 15% y un IRPF en la que haya tipos mucho menores para las familias con menos ingresos, además de ayudas fiscales a las mismas, sin alterar los tipos impositivos para las familias con mayores ingresos. No necesito decir que estoy convencido de que todo lo que suene a menores impuestos tiene un efecto de revulsivo en la inversión empresarial, en el consumo y, por lo tanto, en la creación de riqueza.Y esto, a medio plazo, tiene, sin duda, como explica Trump entusiásticamente, un efecto positivo en la recaudación aunque se bajen los tipos. Pero a medio plazo. En el corto plazo, el conocido efecto J de este tipo de medidas[1], sobre todo si son tan drásticas, haría que la recaudación bajase también drásticamente y con una deuda pública como la que tienen los EEUU, esto, probablemente, no sería aceptable. La deuda pública de los EEUU ha sido en 2015 de un 105,15% del PIB viniendo de un mínimo del 53,03% a finales del 2000, pasando por un 72,85% al fin del 2008, al empezar la administración Obama. Es decir, subió un 36,7% en los 8 años de administración Bush  y 44,3% en los 7 años enteros de administración Obama. Ninguna de las cifras es consoladora y la conclusión es que EEUU no se puede permitir un déficit sustancial, aunque esté causado por un efecto J y se convierta en superávit a medio plazo. Y es que mis convicciones liberales me dicen que para bajar los impuestos cuando se ha llegado a una situación límite, hay que empezar por poner a dieta a la bestia del Estado, al monstruo Jabba. Y esto es lo verdaderamente difícil. Sin ello, la medida me suena a populismo, por mucho que se diga que hay una página web en la que se puede ver que las math’s funcionan. Las math’s sobre el papel lo aguantan todo, pero el sentido común… Las únicas medidas directas (luego se verán otras indirectas) concretas propuestas por Trump son dar carpetazo al Obama Care y el fin de la política de redistribución de la riqueza. Es difícil para una mente europea (incluida la mía) pensar que un sistema de seguridad social basado en que todas las personas tengan su seguro médico, aunque haya que subsidiar algunos (eso es, en dos palabras tal vez demasiado simplistas, el Obama Care), pueda verse con malos ojos. En cuanto a las políticas de redistribución de la riqueza, me parece que son injustas y contraproducentes, ya que el objetivo debe ser crear riqueza en vez de poner las bases para distribuir la pobreza. Así pues, el primer round tiene notas de música muy buenas pero alguna que otra cacofonía. Sigo con mi confusión por este equilibrio entre corto y medio plazo, pero sin lugar a dudas, la economía americana, como la europea, están necesitadas de espacio fiscal para respirar. Es como estar metidos cada vez más gente en una habitación cada vez más pequeña. Así no se puede respirar ni crear riqueza. Hace tiempo que hemos sobrepasado la línea en la que la vaca de la creación de riqueza está siendo sobreordeñada.

El segundo round es terminar con la hiper supervisión paralizante. Y aquí me entusiasma tanto música como letra. De ninguna manera estoy a favor de una supervisión 0, pero tampoco me cabe la menor duda de que el ambiente regulatorio actual en EEUU, en Europa, y me atrevería a decir que en casi todo el mundo, es asfixiante hasta el punto de la parálisis. Jabba no sólo ruge para ser alimentado, sino que quiere supervisar y, si se le deja, controlar cada una de nuestras actividades, sean empresariales, personales o mercantiles. En esto estoy, creo que casi incondicionalmente, con Trump.

El tercer round de Trump se refiere a la defensa. Afirma, y creo que con razón, que una buena parte de los gastos de defensa de los EEUU son para servir de paraguas defensivo de otros países. Europa, Japón, Corea del Sur, por citar algunos ejemplos, se han beneficiado y se siguen beneficiando en gran medida de ese paraguas. Y muy a menudo se han beneficiado de él permitiéndose, además ser hipercríticos con el dueño del paraguas. Pero eso ha ahorrado a estos países, y les sigue ahorrando, un enorme gasto en defensa. A menudo se critica la escasa protección social que los EEUU dan a sus habitantes en comparación con la UE. Pero la verdad es que las diferencias no son tan grandes. El gasto público per capita en educación en los EEUU alcanza los 1.807€, mientras que en la UE llegan a 2.086€, un 15% más. Pero si comparamos el gasto público en salud, EEUU gasta 3.370 € per capita frente a 3.383 € per capita de la UE, sensiblemente igual. Pero cuando se comparan las medidas de protección social de Europa y de EEUU se suele obviar el “pequeño” detalle de la inmensa diferencia de gasto en defensa provocado por ese paraguas. El cuadro siguiente nos da una idea de la magnitud comparativa del gasto en defensa de varios países:

País
Gasto defensa
G. Def per cap.
% PIB
% G. Publico
EEUU
540 MMM €
1.677 €
3,3%
9,5%
Unión Europea
145 MMM €
428 €
1,4%
3,0%*
Japón
37 MMM €
291 €
1,0%
2,7%**
Corea del Sur
33 MMM €
647 €
2,7%
12,6%
China
199 MMM €
145 €
2,0%
6,3%
Rusia
60 MMM €
420 €
5,0%
11,1%**
*Gasto defensa 2015 frente a gasto público 2013
**Gasto en defensa 2015 frente a gasto público 2014
MMM es miles de millones.

No hay que olvidar que Europa tiene puntos de fricción con Rusia y tanto Japón como Corea del Sur tienen un vecino llamado China. Los datos de gasto en defensa de China y Rusia también aparecen en el cuadro, aunque a saber su fiabilidad. Corea del Sur tiene, además, por vecina, a la del Norte que a saber cuánto se gasta en defensa pero que supongo que serán cifras escalofriantes y porcentajes más espeluznantes todavía. Con esto en la cabeza, no parece falto de sentido que Trump pida a los países que están bajo su paraguas que aumenten su gasto en defensa de forma que los EEUU puedan disminuir el suyo, o que le paguen por sus servicios. Aunque eso supondría un grave problema para Europa y para los demás, no puedo por menos que pensar que es justo. Otra cosa es que sea factible para cualquiera de esos países. Pero la línea me parececorrecta aunque, una vez más, me temo que no factible a corto plazo.Sin embargo, ya se oyen algunas voces en la UE en la línea de poder llegar a tener su propia política de defensa. Pero se me antoja harto difícil que con las reglas del juego de la UE, los intereses particulares de cada Estado miembro y la demagogia de buena parte de sus votantes, pueda pensarse en llegar a ningún acuerdo en este sentido.

El cuarto round de Trump es en el que, a mi parecer, la letra tiene mucho de inadmisible. Se trata del comercio internacional. Y aquí creo que hay tres planteamientos que merecen ser analizadas por separado.

El primero supone poner en su sitio a determinados países –Trump menciona sólo a China– que hacen trampas en los acuerdos comerciales, en la manipulación del valor de su divisa y que, además, roban la propiedad intelectual. Afirma que va a poner fin a ese abuso que supone billones (americanos) de dólares. Esta medida no puede parecerme mejor, lo que no sé es en qué medida será posible de conseguir. Máxime cuando China tiene una buena parte de la deuda de EEUU y es propietaria de muchas empresas en este país. Pero alguien tiene que intentar avanzar en la buena dirección.

El segundo supone que esa rebaja de impuestos enunciada anteriormente hará más competitivos a los productos americanos e inclinará a su favor la balanza comercial. Esta medida también me parece bien. La bajada de impuestos es algo legalmente aceptable y que no va en contra del libre comercio. Cualquier país que se sienta perjudicado puede bajarlos también. Lo que ocurre es que para bajarlos conviene haber puesto primero a dieta la monstruo Jabba y eso es problemático. Lo que va contra el libre comercio es querer tener los impuestos altos y tratar de hacer competitivos los productos o atraer inversiones con trabas arancelarias o reglamentarias. Si a base de bajar los impuestos Trump consiguiese que algunas empresas americanas deslocalizadas en otros países volviesen a EEUU o que los productos de este país sean más competitivos, “a quien Dios se la de, san Pedro se la bendiga”. Se lo habrá ganado. Eso sí, a ver cómo se las apaña con la balanza fiscal.

Pero me temo que el tercer planteamiento va precisamente por la manipulación de las reglas del juego del libre comercio. Trump afirma que va a renegociar todos los tratados de libre comercio suscritos por los EEUU. NAFTA, acuerdo transpacífico, etc, amén de, por supuesto, no firmar el TTPI. Aunque no lo dice, todo parece traslucir en su discurso que va a cambiar las reglas para aplicar la ley del embudo a favor de los EEUU. Y conseguir de esta forma una ventaja comercial es pan para hoy y hambre para mañana. Si algo ha tenido de bueno el siglo XX ha sido el acabar con el proteccionismo arancelario, precisamente mediante los tratados que Trump dice que va a renegociar y que quiere evitar. Y esto ha impulsado el comercio internacional creando riqueza para todo el mundo a través de la globalización. Sobre una base de igualdad cada país consegue ventajas competitivas, basadas en sus fortalezas, que hacen que cada país hiciese lo que podía hacer las cosas de forma más eficiente que los demás. Y ha sido esto lo que ha deslocalizado muchas empresas americanas y de otros países desarrollados hacia países en vías de desarrollo, fomentando la disminución de la pobreza en ellos y en todo el mundo. Dar marcha atrás a esto e iniciar la senda del proteccionismo hará que otros países respondan con la misma moneda, lo que daría un golpe mortal al comercio internacional y sería desastroso para el mundo. Por supuesto, Trump vende esto sin enseñar la patita por debajo de la puerta. Se refiere a la ineptitud negociadora de los funcionarios que desarrollan estos tratados y habla de sustituirlos por negociadores que vengan del mundo de la empresa con gran experiencia en ello. Nada que objetar a lograr una mayor capacidad negociadora. Pero me temo que este aspecto del cuarto round de Trump lleva implícito, excepto en el caso de China, negociar, como he dicho antes, la ruptura de las reglas de equidad del comercio, es decir, la aplicación de la ley del embudo. Y contra esto estoy rabiosamente en contra.

El quinto y último round es el más espinoso. Se refiere al muro que dice Trump que va a construir a lo largo de la frontera mexicana para frenar la inmigración ilegal, enfatizando que el coste lo va a pagar ese país. Pero para hablar de esto me tengo que remontar a mis puntos de vista sobre la inmigración. En un mundo que funcionase todo él en base al liberalismo económico, la inmigración debería ser totalmente libre. Pero el mundo no funciona de acuerdo con el libre mercado. Una inmensa mayoría de los inmigrantes que llegan a cualquier país desarrollado de otro en vías de desarrollo no está causado por la libertad de elección de los inmigrantes, sino por dos motivos diferentes. A) Porque en sus países hay algún tipo de cleptocracia[2]. B) Huyendo de la guerra, causada por la lucha entre cleptócratas o por fanatismo religioso o racial. Estas dos causas producen migraciones masivas ajenas a la libertad de elección y, por lo tanto, rompen la regla dicha antes de que la inmigración debería ser libre. Por tanto, y con toda la inmensa lástima que estos emigrantes me producen, esa avalancha no puede ser admitida sin más, ya que colapsaría la economía de los países anfitriones y crearían un problema inmensamente mayor. Esta es, en su inmensa mayoría, la inmigración que llega a Europa del África subsahariana, del Oriente Medio y de algunos países de Hispanoamérica. Y de ahí que entienda las vallas y los frenos que hay a la inmigración en los países limítrofes de Europa. Pero dudo mucho que sea el caso de la inmigración de México a EEUU. Con imperfecciones todo lo graves que se quieran, México, sin ser un país perfecto, no es una cleptocracia. Y por ello su emigración responde, en gran medida, a aspectos puramente económicos y debería ser, por tanto y a mi juicio, libre. El problema de EEUU, y también de Europa, es que debido a la rigidez de los salarios a la baja, se produce paro entre la población autóctona y, al tiempo, esos salarios artificialmente altos (aunque a los trabajadores de los países ricos ya les parezcan bajos) crean un enorme efecto llamada artificial en los países en vías de desarrollo, incluso en aquellos que no se pueden calificar de cleptocracia, como es el caso de México. Es decir, el desprecio a la libertad del mercado laboral en los países desarrollados es también parte del problema. Y en este mundo que da la espalda a los principios liberales aparece el concepto de inmigración ilegal. Algunas formas de inmigración justifican este calificativo, pero otras no. Y creo que la inmigración de México a EEUU es de las que menos lo justifican, ya que la que es puramente mexicana no tiene ninguna de las dos causas antes reseñadas y debiera ser, por tanto, libre. Pero también es cierto que un porcentaje importante de los que intentan cruzar la frontera de México con USA no son mexicanos, sino centroamericanos de países como Guatemala, Honduras, El Salvador o Nicaragua que sí pueden ser calificados, en mayor o menor grado, de cleptocracias. Se estima que entre 400.000 y 500.000 centroamericanos intentan cruzar México de sur a norte cada año en el macabro tren de la Muerte, la Bestia, intentando alcanzar, en un viaje terrorífico, los EEUU. México, a su vez, deportó a sus países de origen en 2015 a unos 175.000 ciudadanos de esos países. Con todo eso, creo que las defensas contra la inmigración ilegal en EEUU son más injustas que las de Europa. Pero si además se afirma que el muro de la frontera mexicana lo va a pagar México, la cosa pasa de castaño oscuro. Por supuesto, Trump no pretende que México vaya a pagar porque los EEUU le vayan a pasar la factura. Sería demasiado burdo. Lo que pretende es más sutil y más injusto. Afirma que lo va a pagar, precisamente por las protecciones de EEUU al comercio con México. Es decir, por otro sistema contrario al libre mercado. Por tanto, tampoco en este quinto round me gusta Trump ni una pizca.

Primer punto extra: Nada dice Trump de lo que va a hacer con la ayuda internacional, pero imagino que va a recortarla drásticamente. Sin embargo, esto no me importa demasiado. Primero porque no tengo mucha fe, más bien ninguna, en el efecto positivo de este tipo de ayudas que, a menudo, más bien crean incentivos negativos al desarrollo. Y, segundo, porque me espeluzna la ayuda internacional ligada a propuestas anticonceptivas que no sólo no rechazan, sino que incentivan en gran medida el aborto. Así ha sido la política puesta en marcha por Obama e impulsada por Hillary Clinton cuando era Secretaria de Estado. No hay duda, así lo ha dicho la candidata, que profundizará en ella si llega a la presidencia. Y lo dicho sobre el aborto en países en desarrollo vale también en la política interna de Clinton. Clinton es una entusiasta valedora de PlannedParenthood que, bajo este nombre, oculta a la mayor multinacional del aborto y del tráfico de órganos de fetos. Creo que Trump no apoyará estas políticas. Creo que la mejor ayuda a los países en vías de desarrollo es declarar la “guerra” legal a las cleptocracias, en vez de darles más madera. Me caben pocas dudas de que, sin ellas, esos países experimentarían una espectacular mejora económica. Así se ha visto repetidamente en muchos países.

El segundo punto extra es un asunto que no es económico. Alerta Trump del peligro de que si gana Hillary Clinton, se cubran unas vacantes del Tribunal Supremo con jueces liberales –en el sentido americano de la peor progresía abortista– creando un desequilibrio que será muy difícil de superar en las próximas décadas. No estoy muy al día de estos aspectos judiciales en los EEUU, pero si son así, y hasta donde conozco lo son, me parece algo gravísimo.

El tercer y último punto extra es la aversión que me causan las boutades de Trump y, sobre todo, sus hirientes e intolerables comentarios sexistas.

Conclusión

¿Podría haber una posibilidad de un programa con lo que tiene de bueno el de Trump, pero sin sus puntos de poner los pelos de punta? No me cabe duda de que sí. No hay nada que diga que los primeros tienen que llevar a los segundos. Pero Trump es Trump no es lo que a mí me gustaría que fuera. Y espero que, si gana, la democracia americana, tan sabiamente llena de checks and balances, no le permita llevar a cabo  esos puntos espeluznantes. En conjunto, viendo todo, estoy, como dije al principio, confuso, pero a un nivel más alto y con una mejor perspectiva de la que tenía antes de este largo fin de semana de oír el discurso de Trump y pensar mucho. Y lo veo con un símil así. El mundo desarrollado, EEUU incluido, aunque en menor medida que Europa, se encuentran en una habitación con un ambiente irrespirable de impuestos, regulación y demagogia inéditos en la historia de la humanidad. Y la habitación se hace cada vez más pequeña y su aire cada vez más irrespirable. Así, no me cabe duda de que dejará de funcionar la increíble máquina de hacer pan que alimenta cada vez mejor a la humanidad. Y las consecuencias de esto son incalculables. Ese es el panorama que presenta Clinton. Más de lo mismo, más pequeñez, más humo, más parálisis. En el otro lado está Trump. Propone abrir las ventanas y ensanchar la habitación. Pero ese proceso produce toxinas que pueden ser muy perjudiciales, aunque no sabemos en qué cantidad ni cuan tóxicas. En un lado hay resignación. En el otro esperanza, aunque no exenta de graves riesgos. ¿Qué preferimos? Yo, aunque con miedo por las toxinas y sin una gran convicción, prefiero lo segundo. Me niego a aceptar el encierro incondicional. Nunca ha avanzado la humanidad sin riesgos. Por tanto, si antes decía que prefería a Clinton con un 10% frente a un 5% de Trump, y sin un atisbo de ilusión, hoy digo que si fuese americano y tuviese alguna capacidad de influir, votaría y recomendaría votar por Trump con un 11% de convicción frente al 10% de Hillary, con una buena dosis de miedo, pero con otra dosis razonable de esperanza. Es decir, por seguir con el símil pugilístico, he pasado de preferir vagamente una ligerísima victoria a los puntos de Clinton a una ligera preferencia por Trump, también a los puntos. Pero, dado que no soy americano ni tengo la menor influencia, ¿a quién le importa lo que votaría o recomendaría? Me importa a mí y eso me basta porque lo que pretendo es entender las cosas y ahora las entiendo un poco mejor, aunque tal vez me equivoque. De hecho, parece que las Bolsas mundiales no están de acuerdo conmigo. Perdonad lo que estas líneas puedan tener de complicado. He procurado hacerlo lo más sencillo posible, pero sin caer en el simplismo, dada la complejidad del tema. Pero espero con esto haber sembrado confusión en vuestras cabezas, pero una confusión con una perspectiva mayor. Y luego, los que votéis, votad lo que queráis. Pero, sobre todo, podamos o no podamos votar, lo que sí podemos hacer es rezar para que el Señor de la Historia ilumine el próximo martes a los ciudadanos de los EEUU, para que voten con sabiduría lo que Él crea que deben votar. El mundo se juega mucho. Recemos por ello esos días.

P.D. Como siempre que uno está entre Pinto y Valdemoro sin acabar de verlo claro, aunque lo vea con más nivel, sus conclusiones fluctúan. Así que parafraseando una frase cursi típica del día de san Valentín diré que hoy jueves soy menos Trumpista que ayer pero más que hace una semana. ¿Qué significa esto? No sé.



[1] Se entiende por efecto J de una medida económica (por la forma de esta letra) el hecho de que aunque a medio plazo tenga un efecto beneficioso es normal que a corto produzca el efecto contrario.
[2] Gobierno de los ladrones que, amparados en un poder absoluto y total, deciden quién puede ganar dinero en su país y quien no  y, naturalmente, los que pueden son ellos, sus parientes y amigos y quien les pague por ello, excluyendo al resto de la población, negándole la más mínima seguridad jurídica y sometiéndolos así a la miseria sin esperanza.

2 de noviembre de 2016

Frases 2-XI-2016

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Meditar es considerar con amor, fija y recogidamente, un misterio, procurando llegar a su esencia amorosa, a su centro vivífico.

Miguel de Unamuno, diario inédito.


30 de octubre de 2016

Dos verdades complejas para desmontar dos mentiras simples

Alexis de Tocqueville afirmó, con gran perspicacia, que la gente tendía a creer antes una mentira simple que una verdad compleja. Simple no es lo mismo que sencillo, como complejo no es lo mismo que complicado. Simple es una conclusión que para llegar a ella no se han tenido en cuenta más que una ínfima parte de las premisas que pueden condicionarla. Las conclusiones simples, sean verdaderas o falsas, no son fiables. Compleja es la conclusión en la que se han tenido en cuenta suficientes premisas como para que aquélla sea fiable o, por lo menos, suficientemente fiable. Es muy difícil que en un mundo complejísimo como el que vivimos se puedan tener en cuenta todas las premisas necesarias para llegar a una conclusión cien por cien fiable. En cambio, la sencillez o la complicación se refieren a la forma en que se explica un fenómeno. Explicar algo con sencillez es hacerlo fácilmente entendible. Explicarlo de forma complicada es hacerlo de forma de que nadie se entere. La sencillez o la complicación no afectan a la fiabilidad de la conclusión. La sencillez es una bendición para quien escucha, pero hay gente, sin embargo, que gusta disfrazar su ignorancia, o su ego, o una mentira simple con una explicación complicada para camuflarlas. Es cierto que hay veces, las menos, en que algo complejo no puede explicarse con sencillez, pero muy a menudo sí que es posible hacerlo. La gente que es capaz de hacerlo así es sabia. Hay un aforismo que dice: “Dios nos libre de la estupidez de hacer simple lo complejo y nos dé la sabiduría para hacer sencillo lo complicado”. Aspiro, tal vez vanamente, pues no soy lo suficientemente sabio, a poder explicar con sencillez las dos verdades complejas que desenmascaran dos mentiras simples. ¡Que Dios me conceda la sabiduría para ello! Ahí voy.

Primera mentira simple: Para alcanzar el pleno empleo hay que empezar por blindar cada puesto de trabajo. Efectivamente –dicen los que esto defienden–, si partiésemos de una situación de pleno empleo y cada puesto de trabajo estuviese blindado, siempre nos mantendríamos en ese pleno empleo. Puede parecer lógico para una mente simple, pero es una burda falsedad. Si esto fuese así, ninguna empresa contrataría nunca a nadie –o sería harto difícil que lo hiciera. Sin embargo, es inevitable que haya empresas que vayan mal por innumerables causas. Si estas empresas no pudieran despedir a nadie, irían de mal en peor y, un día, cerrarían y todos los empleados estarían en el paro. Tal vez si en su momento pudiesen despedir a una parte de los trabajadores, podrían salvar el trabajo del resto. Pero, si los puestos de trabajo están blindados… Ahora, si juntamos esas dos cosas, unas empresas no contratan porque les asusta y, poco a poco, otras empresas van cerrando, la situación de pleno empleo se deteriora y, al cabo de unos años, el paro alcanzaría cotas escandalosas, porque en un mercado global, las empresas de ese país dejarían de ser competitivas y la mayoría cerrarían. Claro, pueden decir los que defienden el blindaje de los puestos de trabajo, pero a esos a los que pierden el trabajo los podría contratar, subsidiariamente, el Estado. Quienes dicen esto suelen pensar en el Estado como un estamento con cantidades ilimitadas de dinero, que puede permitirse contratar a quien no tiene ningún trabajo útil que hacer y, si pierde dinero, no pasa nada, porque su riqueza es ilimitada. Más o menos, esto es lo que piensan los populistas de izquierdas. Es difícil encontrar una falsedad mayor y la experiencia así lo demuestra. Pero dejando aparte el hecho, comprobado hasta la saciedad, de que el Estado suele ser un pésimo administrador de empresas, la premisa del dinero ilimitado del Estado no puede ser más falsa. El Estado no tiene más dinero que el que obtiene de sus contribuyentes a través de los impuestos y si intenta recaudar demasiado, pronto se encontrará con el efecto contrario: recaudará cada vez menos porque al desincentivar el trabajo y la inversión, acabará recaudando un alto porcentaje de casi nada. Es decir, casi nada. Otra manera en la que el Estado puede conseguir dinero es endeudándose, pero esto acaba en la quiebra, como le ha pasado a Grecia. Y, si no se llega a la bancarrota, será la siguiente generación la que soporte el peso de esa deuda, lo cual representa una grave injusticia generacional de padres empobreciendo a hijos. La tercera manera en la que el Estado puede conseguir dinero es creándolo de la nada, si tiene atribuciones para ello[1]. Pero esto genera una inflación galopante que paraliza y arruina completamente al país. En cambio, la verdad compleja es que cuando las empresas se sienten libres para contratar porque si las cosas no funcionan puede despedir a los empleados contratados, a los emprendedores se les ocurrirán continuamente nuevas ideas de cosas útiles que hacer y que resuelven problemas y necesidades de la gente. Invertirán, contratarán sin miedos, y lo harán en cantidades suficientes como para compensar las pérdidas de puestos de trabajo en aquellas empresas que habían perdido competitividad y habían tenido que recurrir a despedir a parte de sus empleados. Probablemente, aunque de ninguna inevitablemente, el sueldo mínimo bajaría, pero todo el mundo tendría trabajo. Incluso, si se partiese de una situación con un alto porcentaje de paro, ese proceso llevaría al pleno empleo. Y es muy probable que las nuevas empresas nacientes, generasen más puestos de trabajo de los destruidos, porque hay una premisa importante: La gente siempre tiene necesidades o problemas que, si se satisfacen o resuelven, pueden hacer mejor, en un sentido amplio, su vida. Y si alguien lo consiguiese mediante un servicio o producto, habría muchas personas que gustosamente estarían dispuestos a pagar por él un precio que hiciese rentable ese producto o servicio, aparecerían muchas nuevas empresas prósperas que crearían numerosos puestos de trabajo. Y de esta forma, no sólo no bajarían los sueldos, sino que subirían y podría encontrar empleo toda una población creciente. Así ha sido desde el principio de la humanidad, muy especialmente desde la revolución industrial, y quien no lo vea se debería preguntar por qué no estamos todavía en la edad de las cavernas. ¿Será indefinido ese proceso? Lo ignoro, pero estoy convencido de que si tiene un límite, éste está todavía muy lejos. Sin pensar demasiado, se me ocurren decenas de productos o servicios que me encantaría que fuesen posibles y que con el avance tecnológico, lo serán. Y cuando se me agoten éstos, todavía quedan los que soy incapaz ni siquiera de imaginar. ¿Podría una persona del siglo XIX, que está a la vuelta de la esquina, ni siquiera imaginar en sus deseos más quiméricos, que con solo apretar un botón tendría en si casa una cosa que se llama electricidad y que, mediante un “sencillo” aparato podría calentar un litro de agua en 2 minutos? Jamás. Y si alguien dice que el que una persona del siglo XIX, por desear la electricidad y el microondas, si pudiese soñarlo, sería un consumista, creo que debería hacérselo ver.

Pero existe un freno a la formación de nuevas empresas que creen puestos de trabajo. En España –y la situación no es muy diferente en todo el mundo desarrollado– por cada 100€ que entran en el bolsillo de un trabajador, la Seguridad Social se lleva casi 35€ entre lo que le retiene al empleado y lo que le carga a la empresa. Es decir, un 35%. Pero no para aquí la cosa. Hagamos una sencilla suma. Para una renta anual de 30.000€, el tipo impositivo del IRPF es de un 28%. Además se paga un 21% de IVA. Es decir que 35% más 28% más 21% suman 84%. Y todavía faltan el impuesto de sociedades, sucesiones, transmisiones patrimoniales, etc., que aunque no sean sobre la renta de los ciudadanos sí frenan el desarrollo. ¿Todavía nos extraña que la economía de los países desarrollados no tire del carro? ¿Estamos tan intoxicados como para ver con naturalidad esta aberración? No puedo resistirme a poner una foto de cómo veo yo a los Estados modernos de los países desarrollados: 


Feo, ¿verdad? ¿No sería mejor que se pareciese a esto?

Podría parecerse si se hubiese mantenido delgado y en forma. Pero…

Pero volvamos a la protección del empleo. Podría argumentarse que hay un punto intermedio en el que una cierta medida de protección al empleo mediante, por ejemplo, una “razonable” indemnización de despido, nos llevaría en una situación óptima. Pero la verdad es que no hay ni una sola razón que nos haga pensar que habría más empleo si se pasase del despido libre a una “razonable” indemnización de despido.

Segunda mentira simple: el salario mínimo interprofesional protege a los trabajadores de ser explotados por un sueldo miserable. Si mañana un gobierno dijese que el salario mínimo fuese de 3.000€ al mes, en vez de 655, ¿alguien duda que habría muchas empresas que dejarían de hacer determinados productos, al no ser competitivas, despidiendo a los trabajadores que los hacían? Creo que caben pocas dudas de que así sería. Toda reglamentación que pretenda obligar a las empresas a pagar un salario superior al que le permite ser competitiva haciendo algo, lo que hace es crear paro. Pero hay algo todavía peor. Esas personas que van al paro, necesitan trabajar para mantenerse y, por lo tanto, aceptan cualquier contrato a cualquier precio. Y, precisamente por eso, aparecerá un mercado negro de trabajo sumergido en el que se contratará a personas por salarios mucho más bajos del que tendrían si no se hubiese puesto ese salario mínimo. Y ese mercado negro, no sólo lo será para el trabajo, sino que aparecerán productos producidos por empresas sumergidas que harán esos productos que ya no se pueden hacer con el salario mínimo obligatorio. Y esas empresas no pagarán impuestos, lo que pondrá en desventaja a las empresas legales que sí los pagan, amén de bajar la recaudación impositiva. Otra vez, como en la mentira anterior, se puede pensar que si en vez de los 3.000€ que he puesto como hipótesis se pusiese un “razonable” salario mínimo, éste no crearía paro. Pero el único salario mínimo “razonable” que no crea paro es aquél que es más bajo que el más bajo salario real y, en ese caso, ese salario mínimo no es “razonable” sino perfectamente inútil. La segunda verdad compleja es que el salario mínimo, o es inútil, o crea paro, trabajos miserables y economía sumergida.

Por tanto, creo poder afirmar que el mercado libre de trabajo, con despido libre, sin restricciones de salario mínimo es una aportación al bien común. En efecto, tanto la mentira simple de la protección como la del salario mínimo, dividen a los empleados en dos tipos, los privilegiados que tienen trabajo y los parados que tienen sólo remotas esperanzas de encontrarlo o sólo pueden encontrar uno en condiciones infrahumanas. Si esta división es bien común, que baje Dios y lo vea. Más bien me parece que es el pleno empleo el que se puede calificar como bien común, según lo define el documento Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II: El bien común es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. Y, tener un trabajo digno es una condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar un cierto grado de perfección, mientras que el paro crónico que imposibilita a una persona obtener un trabajo es un paso hacia la destrucción de la persona.

Estas verdades complejas suenan a duras a los oídos acostumbrados a las mentiras simples. Por eso ante ellas hay tres tipos de personas. Primero, las que las aceptan e intentan que la sociedad las aplique. Segundo las que, llevadas por una repetición reiterada y machacona de las mentiras simples, se escandalizan y no pueden aceptarlas porque les parecen éticamente inaceptables. A éstas, normalmente cargadas de buena voluntad, el escándalo que les producen las verdades complejas les impiden seguir el razonamiento y aceptar sus conclusiones. Es más fácil y más socialmente aceptado aferrarse a las mentiras simples. Es importante intentar convencer a estas personas. Desgraciadamente, entre estas personas se encuentran muchos católicos y, más desgraciadamente todavía, muchos sacerdotes y miembros de la alta jerarquía eclesiástica. Pero nos ha sido dicho que la verdad os hará libres. En cambio, rechazar estas verdades puede hacer que uno se sienta bien. Pero esas mentiras simples son, como se ha visto antes, un atentado contra el bien común. ¿Qué es mejor para el bien común, que el salario sea –tal vez, sólo tal vez– algo más bajo y que nadie tenga el trabajo asegurado, pero que trabaje casi todo el mundo casi toda su vida[2] o que algún “ente” “garantice” el trabajo a todo el mundo con un salario ilusoriamente alto y el mundo se divida entre los privilegiados que tienen un trabajo “garantizado” y con un sueldo artificialmente alto y los marginados que es prácticamente imposible que encuentren trabajo nunca o se tengan que colocar en trabajos negros? Para alguien que ame la justicia distributiva no cabe duda, la primera. Pero a los sindicatos ideológicos parece que les gusta más la segunda. El tercer grupo de personas que se aferran a las mentiras simples son las que, siendo conscientes o no de que esas verdades complejas son verdades, no las quieren aceptar por cuestiones ideológicas. En este grupo están los populistas de izquierdas. Creo que a estas personas no merece la pena intentar convencerlas porque no hay más sordo que el que no quiere oír ni más tonto que quien no quiere razonar. Pero, tú, ¿en qué grupo estás? Yo, sin duda, en el primero. Y si eres una persona de buena voluntad, me gustaría convencerte de que estuvieras conmigo.

Al acabar con estas dos mentiras simples, se me han venido a la cabeza otras dos, pensando en Donald Trump, populista de derechas que, si Dios no lo impide, podría acabar siendo Presidente de los EEUU. La mentira simple de Trump, y otros populistas de derechas de países ricos, sería cómica si no pudiese llegar a ser trágica. Dice Trump que si llega a Presidente, prohibirá la deslocalización de empresas fuera de los EEUU. Su mentira simple afirma que así, si determinados productos de empresas americanas, en vez de fabricarse en países con mano de obra más barata –digamos que en México, únicamente por poner un ejemplo– se hiciesen en EEUU, se acabaría el paro en su país. Pocas cosas son tan simples y tan falsas. Porque tan pronto como un producto que antes se fabricaba en México, con un coste de mano de obra al nivel de México, se hiciese en EEUU a un coste de mano de obra de EEUU –porque un trabajador en paro de EEUU, acostumbrado a las mentiras simples, se sentiría explotado si se le pagase un sueldo del nivel de México– esos productos dejarían de ser competitivos, no podrían competir con otros fabricados en otros países –como Indonesia, por ejemplo– por empresas de otros países –como Alemania, por ejemplo– y las fábricas de EEUU acabarían también por cerrar. Eso sí, en el ínterin, México se empobrecería. Y esto daría lugar a graves desajustes mundiales que no traerían nada bueno. Aunque no voy a afirmar que algo parecido a esto fuese la causa de la II Guerra Mundial, sí que afirmo que fue un factor coadyuvante de la misma, precisamente por el proteccionismo del New Deal de F. D. Roosevelt. Para evitar el desempleo en los países desarrollados por la deslocalización de empresas, éstos deberían crear nuevas empresas que cubriesen ese gap con productos nuevos que resolviesen nuevas necesidades o problemas de la gente. Pero con una situación impositiva como la descrita más arriba esto es muy difícil que ocurra. Y si no ocurre, entonces no hay manera humana de cubrir con nuevos productos la pérdida de producción deslocalizada y, a largo plazo, el sistema se colapsa. A lo mejor en vez de populismos ridículos basados en mentiras simples, habría que pensar en corregir esto con alguna verdad compleja, ¿no? Pero con la mente de los ciudadanos de los países desarrollados intoxicada de mentiras simples, ¿quién le pone el cascabel al gato?

Hay gente que piensa que el hecho de que se hagan determinados productos en México o Indonesia pagando a la mano de obra menos de lo que se le pagaría en EEUU, es una forma de explotación de los tailandeses e indonesios[3]. Pero, si echamos la vista atrás, veremos que España, Irlanda, Corea del Sur, Taiwan y otros muchos países han salido de la pobreza en los últimos sesenta o setenta años, acercándose a los países más ricos –o incluso superando a muchos– gracias a haber sido en su día Méxicos o Indonesias. Pensar lo anterior sería otra mentira simple y aplicarla sería condenar a México e Indonesia a la pobreza. ¿Se podría llamar a esto bien común? Me temo que no. Dios nos libre de los populistas de derechas como Trump y de los hombres de buena voluntad que quieren salvar de la explotación a México o Indonesia dejándose llevar por mentiras simples.




[1] En principio todos los Estados tienen atribuciones para crear dinero a través de sus Bancos Centrales. Pero algunos de ellos, como los de la UE, han cedido esta prerrogativa a organismos supranacionales, como el BCE.
[2] Digo casi todo el mundo casi toda su vida, porque el pleno empleo al 100% es imposible. Siempre habrá algunas personas que han perdido (o dejado, porque no les gustaba) su trabajo y que tardan un cierto lapso de tiempo, generalmente corto, en encontrar uno nuevo. Dotar de un subsidio de desempleo a estas personas es algo que cualquier Estado se puede y se debe permitir. Pero un subsidio de desempleo para un alto porcentaje de la población que está en paro crónico, es insostenible a largo plazo para cualquier Estado.
[3] Quien esto piensa parte de la idea de que es injusto que, por el mismo trabajo, se paguen distintos sueldos en un país como México que en uno como EEUU. Pero este argumento falla por su base, porque la premisa de por el mismo trabajo, es falsa. Cuando un determinado trabajo se deslocaliza de un país como EEUU a otro como México, ya no vuelve a hacerse nunca en EEUU, porque si se hiciese en este país con sueldos de este país, el producto dejaría de ser competitivo. Por tanto no se hace el mismo trabajo en EEUU y México por distintos sueldos. Lo que se hace en México, ya no se hace en EEUU.