4 de mayo de 2008

Darwin sí, pero sin ser más darvinistas que Darwin

Este es el 17º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.

Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?” y “¿Darwin o Lamarck?”

Aunque, como se ha dicho en otros artículos, la teoría de la evolución darwinista no es una teoría científica, todos los descubrimientos fósiles y genéticos parecen respaldarla. Hoy en día, la inmensa mayoría de los paleontólogos y genetistas están básicamente de acuerdo con la teoría darwinista de la evolución. Es cierto que con matizaciones y puntualizaciones muy pertinentes, pero que no niegan lo básico de esa teoría. Hay, sin embargo, dos puntos en los que me gustaría incidir en esta serie de artículos. El primero se refiere a la pura aleatoriedad de las mutaciones y el segundo se pregunta si tiene la evolución una finalidad. Este segundo tema lo dejaré para más adelante, cuando, siguiendo el hilo de la evolución llegue a la aparición del Homo Sapiens. Del primer tema es del que voy a hablar ahora.

Darwin jamás afirmó que todas las variaciones –como él llamaba a las mutaciones– se produjesen regidas por el puro azar. Cito aquí un pasaje de "El origen de las especies" que creo ilustra claramente esta afirmación: “Hasta aquí he hablado como si las variaciones [...] fuesen debidas a la casualidad. Es sin duda una expresión totalmente incorrecta, pero se utiliza para confesar francamente nuestra ignorancia de la causa de cada variación particular. [...] Consideraciones de este tipo me inclinan a atribuir menos peso a la acción directa de las condiciones ambientes, que a una tendencia a variar debida a causas que ignoramos por completo”[1]. Sin embargo, algunos darwinistas de hoy parecen ser más papistas que el Papa y casi se ha convertido en un dogma de fe que todas las mutaciones se producen al azar, de que no hay una pauta en ellas. Esto, aparte de no haber sido dicho nunca por Darwin, es algo imposible de demostrar. Imaginemos que lanzamos un dado perfecto un trillón de veces. Deberíamos esperar que cada número saliese la sexta parte. Pero jamás un número saldrá exactamente la sexta parte. Supongamos ahora que una mano astuta coloca el dado, una vez de cada diez mil, en un número que ella elige, no al azar, sino de acuerdo con un código preestablecido. Nadie, jamás, podría demostrar indudablemente que la serie resultante no sea aleatoria. Y eso, teniendo toda la serie delante. Cuánto menos si, como en el caso de las mutaciones, no se tiene delante toda la serie de ellas. Es imposible tener un registro de todas las mutaciones ocurridas en la historia de la vida. Por lo tanto, decir que todas las mutaciones se producen al azar, es algo completamente gratuito. Pero en la colocación de los dados en el número deseado cada vez por la inteligencia que gobierna la mano astuta, puede estar codificado “El Quijote”. Dicho en los términos que venimos usando en estos artículos: El Diseñador, si quisiera pasar desapercibido en sus métodos, usaría exactamente este sistema. Dirigiría la vida hacia la meta que se propusiese orientando una mutación de cada diez mil hacia el fin que se propusiese con su diseño y dejando que el resto de las mutaciones se produjesen por azar. Por eso, en un artículo anterior, le di al Diseñador el título de “El Señor del azar”.

La pregunta ahora sería: Al mirar el árbol de la vida, el que llevó a Darwin a postular la teoría de la evolución, ¿se percibe en ella una finalidad? Este es el segundo tema enunciado más arriba y, como dije allí, lo dejaré para más adelante, cuando, siguiendo el hilo de la evolución llegue a la aparición del ser humano. Antes, tenemos que ver paso a paso la posible película de la evolución de la vida hasta llegar a ser como hoy la conocemos. Pero quede claro en este artículo que postular que toda la evolución se produce por puro azar es un principio indemostrado e indemostrable. Es por lo tanto un dogma, contrario, además, como veremos, a la observación libre de prejuicios de la naturaleza.

[1] El origen de las especies, Capítulo V, Leyes de la variación. Efectos del cambio de condiciones.

1 comentario:

g dijo...

Si resultare que soy una mutación después de todo...


Vaya..., al final habrá que creer a Einstein con eso de "Dios no juega a los dados". ¿No? Resulta que el Diseñador finje jugar a los dados para pasar desapercibido.

Y el tema sería preguntarse: ¿y yo? ¿yo soy una mutación provocado o una dejada al azar? Habría que preguntárselo a los super-darwinistas.