3 de diciembre de 2015

Frases 3-XII-2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Conozco a un cristiano que hace catorce años –si fue en cuerpo o sin cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe– fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede expresar.

2ª carta de san Pablo a los corintios, 12, 2-5; carta de san Pablo a los filipenses 1, 21-24.



Todo es basura, Señor, si no Te tengo.
Todo se vuelve insípido en mi boca.
Los más dulces manjares que me otorgas,
apenas saboreados, no son nada.
Como un Midas transformado, lo que toco
se convierte en vacío, en estúpido oro improductivo.
Fugazmente Te he probado, he conocido tu sabor,
me  he emborrachado aspirando tu perfume,
he entrevisto, entre velos, tu Rostro y ya estoy muerto.
Porque todo es pálido a su lado.
Tu Luz, sólo en un aromático instante paladeada,
ha cegado mis sentidos para siempre.
Me has hecho verte y luego Te has tapado,
me has dejado huérfano, perdido,
has llenado mis ojos de lágrimas sublimes
al tiempo que tu emoción anudaba mi garganta,
para luego dejarme la espina clavada en el costado.
Como un mendigo Te imploro una limosna,
una pequeña dádiva de Luz y de Esperanza.
Me has robado, Señor, olores, colores y sabores,
dejándome sólo un recuerdo borroso y exigente.
Me has dejado pobre, vagabundo, errante.
Señor, si no me dejas que Te vea,
devuélveme al menos los sabores.


No sé de quién es

29 de noviembre de 2015

¿Ha empezado la Tercera Guerra Mundial?

Aunque planteo el título de este artículo como una pregunta, es tan sólo una pregunta retórica. No me cabe duda de que la respuesta es afirmativa.

Pero, antes de seguir adelante, me importa mucho hacer un disclaimer. Esa guerra no es contra los musulmanes, sino contra el Islam. La diferencia es importante y me interesa resaltarla nada más empezar. Mientras que hay millones de musulmanes pacíficos y bondadosos, el Islam es en sí una religión de guerra y de violencia. Y lo es porque estas cosas están en sus raíces, en las enseñanzas del Profeta, con su Corán y su vida, y en los Hadices (o el Hadiz), que son otros textos sagrados del Islam. Por supuesto que muchos musulmanes, sobre todo los sencillos y poco instruidos, creen sinceramente que el Islam es una religión de paz. Pero no lo es. Me cuesta más creer que lo piensen sinceramente los musulmanes cultos e intelectuales. Los primeros me producen un sentimiento de ternura, como cualquier persona, yo incluido, que lucha sinceramente por entenderse, con sus contradicciones e incoherencias. Los segundos me tienen perplejo y no sé qué pensar de ellos. Pero, repito, la guerra no es contra unos ni otros, sino contra el Islam como religión de violencia y terror. Más aún, creo que los musulmanes pacíficos, como diré más adelante, deben ser actores importantes de esta guerra.

Ciertamente, esta guerra mundial se parece en muy poco a las dos anteriores. No es una guerra con líneas Maginot en las que se enfrentan diferentes ejércitos a uno y otro lado. En esta guerra no hay frentes. Es una guerra atomizada. Pero eso no la hace menos guerra y, por supuesto, es mundial, porque las bajas en ella se producen en cuatro de los cinco continentes, siendo Oceanía la excepción… de momento. No es, ni mucho menos, la primera vez en la historia en la que se produce una guerra sin frentes, pero sí la primera en que este tipo de guerra atomizada se extiende a todo el mundo como teatro de operaciones.

Y esta guerra mundial atomizada requiere para ganarla algunos factores, que son comunes a todas las guerras. Pero algunos de ellos son especialmente relevantes en ésta, que, además de ser de atomizada, es del siglo XXI, con las peculiaridades que esto le confiere. Enumero a continuación, sin ánimo de ser exhaustivo, algunos de esos factores que considero necesarios para la victoria.

a)     Lo primero que hay que tener para ganar cualquier guerra es la firme determinación de ganarla, dure lo que dure y se tarde el tiempo que se tarde en ello[1]. Y esta guerra va a tardar mucho, pero que mucho tiempo, tal vez siglos, en finalizar porque durará lo que dure el Islam. Mientras el Islam no se derrumbe –y no tiene visos de hacerlo a corto plazo– siempre surgirán en su seno movimientos salafistas[2] que invoquen la esencia del Islam, que no es otra la conversión de todo el mundo en Dar al-Islam (la casa del Islam) mediante la guerra santa. Hoy el movimiento salafista se llama estado islámico,anteriormente han sido Tarik y Muza, los almorávides, los almohades, los fatimíes, los turcos Selyúcidas, los turcos Otomanos, etc., etc., etc. Mañana, derrotado el estado islámico, surgirán, por desgracia, nuevos movimientos salafistas que vuelvan a las raíces, porque el Islam, aunque haya millones de musulmanes de buena voluntad, tiene en su mismísima esencia el que surjan estos movimientos. Si esos musulmanes de buena voluntad lo son, estarán del lado de Occidente en esta guerra o su buena voluntad será irrelevante. Por ejemplo, ¿con qué bando debe estar la incipiente democracia tunecina que está señalada con la marca de la muerte por los salafistas de hoy?

Pero para ser capaces de mantener esa firme voluntad de victoria a lo largo del tiempo, es preciso tener la firme convicción de que tenemos algo que defender y de que eso que tenemos que defender merece la pena. Y vaya si lo tenemos y vaya si merece la pena. Tenemos la joya de la corona de la humanidad, que es la civilización Occidental. De ella, y sólo de ella, han salido la idea de persona, todas ellas iguales en dignidad, que es la piedra angular de la libertad individual, de la seguridad jurídica, del desarrollo científico y económico, de la democracia, etc. Esos valores e instituciones son únicos en la historia y privativos de la civilización Occidental. Si otras culturas y civilizaciones las tienen en mayor o menor grado es por la influencia que Occidente ha tenido en el mundo. No se han generado en ninguna otra civilización. Ni en una sola. Ciertamente, la joya de la corona de la humanidad tiene impurezas, fallos, oscuridades, miserias e, incluso, perversidades, que han manchado su historia. Pero con eso y todo, es única y merece ser defendida. Más aún, la humanidad –toda la humanidad– necesita que lo sea.

Pero, como casi siempre que se tiene algo valioso que uno no se ha ganado, se acaba por despreciarlo o, al menos, por no valorarlo como se merece. Occidente, ha conseguido, estos logros a lo largo de siglos. Y no le han llovido del cielo. Los ha conseguido en una larga lucha contra muy diferentes tipos de tiranía y a base de  sangre, sudor y lágrimas. Y sobre mi generación –que decir de la siguiente– que ha recibido todo esto gratis, recae el ineludible de defender esto que le ha sido entregado. No hacerlo sería una terrible dejación de responsabilidad histórica. Pero unas décadas de una mal entendida tolerancia, de un buenismo progre, de un pensamiento débil y políticamente correcto que tilda de “fascista” a quien no considere que todo vale igual, unas décadas de un desarrollo económico sin precedentes, nos han reblandecido y nos han llevado a pensar que todas las civilizaciones valen lo mismo. Y es posible que hayan minado irreparablemente nuestra capacidad de tener esa voluntad inquebrantable de victoria. No obstante, soy optimista. O, al menos, quiero serlo. Quiero creer que Occidente bebe de un profundo manantial con un inmenso caudal que a menudo parece agotado pero que resurge en las dificultades. Así ocurrió en la España que llevó a cabo la gesta de la reconquista, así ocurrió en la Europa que repelió los dos asedios de Viena por los Otomanos, así ocurrió con el Occidente que ha vencido al nazismo y comunismo. Cualquier observador del año 711 o del 1529 o del 1683 o del 1940 o del 1960, hubiese predicho la caída de la “débil” y “caótica” civilización occidental. En estas cinco ocasiones históricas nadie daba un duro por Occidente. Pero en las cinco salió vencedor con esa inmensa reserva de valores subterráneos que sólo se ven con la mirada de zahorí o con la del ingenuo. No sé con cuál de esas dos miradas cuento, pero prefiero cualquiera de las dos a la de escéptico. Esperemos mi visión sea la primera y que algo así vuelva a ocurrir en esta encrucijada histórica.

Pero debo constatar con consternación que, al menos vista sólo la superficie, parece que ellos, los del estado islámico, tienen una convicción mayor que nosotros en la victoria y en lo que defienden.

b)     Esta es una guerra de servicio de inteligencia. En todas las guerras, también en las convencionales, los servicios de inteligencia son muy importantes. Pero en ésta más que en esas. Y digo servicio de inteligencia, que no servicios. Porque lo primero que hay que hacer es aunar información, medios y esfuerzos. Es patético que en Bélgica haya más de diez servicios de inteligencia que no se hablen entre ellos. No es casualidad que este país sea el bastión de los terroristas tapados. Y es también patético que en el mundo occidental, cada país guarde celosamente el secreto de sus investigaciones antiterroristas. Y el objetivo de este servicio de inteligencia único es conseguir que el ratio de acciones guerrilleras terroristas con éxito frente a las desarticuladas sea bajísimo, detectar a los terroristas tapados que esperan su momento y detenerlos, así como detectar el paradero de sus líderes en su territorio y acabar con ellos –porque detenerlos vivos, que sería lo deseable es casi imposible–, como se hizo con Bin Laden o con John el Yihadista. Sin duda son estas cosas las que más podrán desmoralizar las fuerzas del estado islámico, además de diezmar sus efectivos. Cuando digo diezmar no me refiero sólo, ni siquiera preferentemente, a matar si no queda más remedio, sino a detener y meter en la cárcel, con un juicio justo, acorde con nuestros valores, al mayor número posible de terroristas. Pero también aquí tenemos la aparente desventaja de nuestra transparencia.

Otro aspecto de esta guerra de inteligencia es el informático. El estado islámico hace un uso intensivo de las redes sociales para comunicarse y para captar adeptos. Conocer sus centros neurálgicos informáticos e inundarlos de forma que no sean operativos es una pieza muy importante de la inteligencia para la guerra. Pero ellos también tienen esa baza. Muchos aspectos de la economía de occidente –administración del Estado, ejércitos, bancos, comercios, viajes, seguros, etc.– dependen de un soporte informático. Si consiguen hackear esos soportes y bloquearlos o borrarles la información, aún sin robar dinero, producirían un caos terrorífico en la economía. Y, desde luego, están continuamente intentándolo. Por tanto, todas esas instituciones y empresas tienen que gastar sumas enormes en ciberseguridad.

c)     Es también una guerra económica. Se trata de asfixiar económicamente al enemigo. Y esto de dos maneras. La primera, destruyendo sus medios de ingresos, es decir sus medios de transporte de petróleo. Creo que habría que intentar, si es posible, no destruir pozos y refinerías, porque un día, esperemos que no muy lejano, una Siria y un Irak no dominados por los terroristas los necesitarán como su fuente de ingresos legal. Pero me caben pocas dudas de que con la tecnología disponible actualmente por muchos países de Occidente, es perfectamente posible detectar cualquier movimiento de convoyes o cualquier oleoducto. Y tampoco me caben muchas dudas de que, una vez detectados, se puedan destruir. Si esto se hace a fondo, también me caben pocas dudas de que el grifo puede ser cerrado, si no al 100%, sí en un porcentaje muy alto. Pero, claro, lo primero para esto es que todos los países de Occidente se comprometan a no comprar petróleo procedente del estado islámico ni directa ni indirectamente. Hay muchas habladurías –que nunca sé que parte de verdad tienen porque son casi siempre vox populi y hay pocas cosas menos fiables que la vox populi– sobre los países de Occidente, Rusia o Turquía, que compran petróleo al estado islámico. Si eso es así, el resto de los países tendrían que sancionar con dureza a los que practiquen este comercio. Otra manera de inutilizar lo que todavía salga del grifo del petróleo yihadista es detectar, cercar y desarticular a los traficantes del mercado negro del petróleo de esta procedencia. Y para ello, me refiero otra vez al servicio de inteligencia.

El segundo aspecto de la guerra económica es impedir el movimiento electrónico del dinero que el estado islámico pueda obtener con lo que pueda quedar de este tráfico. Las normas que rigen en todos los países para la lucha contra el blanqueo de capitales son, ya en este momento, durísimas. Hay grandes bancos que has sido sancionados con multas milmillonarias, no por blanquear dinero, sino por no disponer de sistemas de la máxima eficacia para su detección. Pero a menudo estas normativas son independientes para cada país y no pocas veces contradictorias. Por tanto, creo que sería necesaria una coordinación internacional de estas normas mucho mayor.

Pero el estado islámico también tiene su estrategia de asfixia económica para Occidente. Tras casi un siglo de disparate presupuestario keynesiano socialdemócrata, que ha llevado a los países occidentales a gastar crónicamente más de lo que ingresan, acumulando deuda, el margen de maniobra que les queda es muy pequeño. Indudablemente la guerra tendrá un coste económico para nuestros países. Por un lado, deberíamos aumentar el gasto en defensa e inteligencia. Por otro, el miedo que los actos terroristas pueden llegar a generar podría hacer, si se supera un cierto umbral, que el consumo disminuyese, con el consiguiente frenazo a unas economías ya renqueantes y con la consiguiente disminución de los ingresos fiscales. Todo ello acabaría por repercutir en la vaca sagrada para los países europeos: Estado del Bienestar. Y, llegados a este punto, con la iglesia hemos topado, amigo Sancho. En fin, que resulta que ellos también tienen sus bazas sociales y económicas para jugar que, sin duda, minarían la determinación de una civilización reblandecida por su propio éxito. Feo asunto.

d)     Hay un factor, a mi modo de ver, necesario para la victoria que me resulta especialmente doloroso, porque va, en cierta medida, contra la conquista de las libertades individuales que son una de las facetas que dan brillo a la joya de la corona. Pero si se quiere ganar esta guerra, no queda más remedio que recortar, en la menor medida posible, pero recortar, algunos aspectos de esas libertades. Las policías deben tener mayor libertad para detener temporalmente a ciertas personas de modo preventivo. Las listas de pasajeros de las líneas aéreas deberían ser facilitadas al servicio de inteligencia. Por supuesto, bajo la vigilancia del poder judicial y no de forma indiscriminada, sino de acuerdo con unas leyes decididas democráticamente y con un control a posteriori. Sé que esto es peligroso, porque estas leyes pueden desviarse de su fin y utilizarse mal, amén de perpetuarse. Pero es un riesgo que debemos correr de forma racional, calculada e inteligente. Y lo mismo ocurre con el espacio Schengen[3]. La libertad de movimientos en el ámbito europeo es un logro magnífico, pero no es el mejor sistema para garantizar la seguridad en una guerra como ésta. Ya se ha visto que muchos de los terroristas son ciudadanos de países de ese espacio, por lo que dejarles moverse a sus anchas por él es darles alas para que puedan atentar en un país e irse volando a cualquier otro.

Esto nos lleva también al asunto espinoso de los que huyen de la guerra en Siria e Irak y buscan refugio en Europa. No falta quien piensa que lo humanitario sería dejarles entrar. Pero lo primero que ocurre es que Europa no tiene la más mínima posibilidad de acogerles ofreciéndoles medios de vida dignos. En muchos países de Europa el paro es uno de los primeros asuntos en su agenda política. ¿Cómo van a acoger a esa avalancha? Además, todos los que llegan tienen una especial fijación con Alemania –que es la vaca lechera de la UE, por lo que si se les dejase entrar libremente acabarían la mayoría en ese país. Se puede soñar con la solución de asignar cupos en cada país si éstos llegan a ponerse de acuerdo. Pero es que ni repartidos entre todos ellos se les podría dar medios de subsistencia. Pero si, además, el espacio Schengen está abierto, se pueden asignar todos los cupos que se quieran que, al final, la afluencia acabaría, otra vez, en Alemania. No me caben muchas dudas de que esta avalancha forma parte de la estrategia de desestabilización social y económica del estado islámico. Si a esto le añadimos que, entre los muchos sirios e iraquíes de buena voluntad hay, sin sombra de duda, mezclados, una proporción indeterminada de terroristas, la estrategia de desestabilización de esta avalancha no parece nada mal pensada. Y, ¿qué se puede hacer con ellos? No tengo respuesta. Pero sí sé una cosa. El sitio de la mayoría de esos seres humanos que huyen de la barbarie del estado islámico no está en Europa. Está en su país, luchando contra esa barbarie. Si no lo quieren hacer junto a Bashar al-Asad, están los rebeldes sirios anti Asad. Y si no, están los kurdos. Porque, al final, su país es suyo y si ellos no sacan sus castañas del fuego es difícil que otros las saquen por ellos. En este sentido, es admirable en ejemplo de las milicias kurdas peshmergas. Hay pocos kurdos entre los inmigrantes que llegan a Europa. Casi todos ellos son combatientes, incluyendo mujeres, que forman un tercio de las milicias[4]. Y en estas milicias combaten, junto con los kurdos, árabes de Siria e Irak. Con ellos deberían estar estos fugitivos. Eso significa sacarse las castañas del fuego. Occidente puede apoyar de muchas maneras a los combatientes que se oponen al estado islámico, pero lo que, a mi juicio no debe hacer es mandar allí a la fiel infantería que, al final, es la que gana las guerras. Primero porque eso es algo que les corresponde a sirios de cualquier signo, iraquíes y kurdos. Segundo porque la reblandecida sociedad europea –empezando por mí– no soportaría una larga sangría de ataúdes procedentes de allí con sus jóvenes dentro.

e)     En una guerra casi nunca se puede elegir a los aliados que nos gustarían. Es difícil encontrar una alianza más contra natura que la de Roosvelt, Churchill y Stalin en la Segunda Guerra Mundial. Pero no quedaba más remedio que aliarse si se quería acabar con el poderío militar de Hitler. De la misma manera, aliarse con Asad es algo que, al menos a mí, me repele tremendamente. Y algo parecido, aunque a otro nivel, me pasa con Rusia. Pero me parece ineludible pasar por el aro. Por supuesto, la alianza con la Unión Soviética en la segunda guerra mundial se convirtió en largos años de guerra fría entre ésta y EEUU con una Europa inoperante en medio. Pero, como dijo Walt Whitman: “Está en la naturaleza de las cosas que de todo fruto del éxito, cualquiera que sea, surgirá algo para hacer necesaria una lucha mayor”. Pero eso será, si es que debe ser, después de acabar con el estado islámico. Y, la verdad, no tengo del todo claro que tras acabar con el estado islámico haya que luchar contra Asad. Si hay una lección que se puede sacar de la segunda guerra de Irak es que el derrocamiento de Sadam Husein fue el germen de lo que ha llegado a ser el estado islámico. Cuando este tirano dijo que Occidente estaba empezando “la madre de todas las guerras”, probablemente no se refería a la guerra Irak-EEUU, que seguramente sabía perdida, sino a la guerra que iba a surgir del vacío de poder que se produciría tras su caída. De esta experiencia se me ocurrió el concepto de ecología política. Si uno altera un sistema ecológico natural, seguro que, a medio plazo, obtiene unos resultados desastrosos que no podía prever. Pues si uno elimina una especie de tiranos que tienen a raya a otros tiranos peores, pasa lo que ha pasado. Así pues, para ganar esta guerra, creo que no queda más remedio que aliarse con Asad y que, aparcando aunque sea temporalmente sus diferencias, se alíen el régimen de Asad, los partisanos que luchan contra su régimen y los peshmegas kurdos. Y EEUU, Europa y Turquía tendrán que aliarse con Rusia les guste o no si se quiere ganar esta guerra y a pesar del derribo imprudente del avión ruso. En toda guerra hay elementos que son abatidos por eror por “fuego amigo”. La guerra es la guerra. Cuando se acabe la pesadilla del estado islámico tal vez tengamos un sueño inquieto, pero...

f)      Y, por último, pero no lo menos importante, está el uso de la fuerza militar. Por un lado con los bombradeos selectivos a objetivos estratégicos y, por otro, con la detección, captura o muerte de sus sus líderes. Desgraciadamente, por muy selectivos que sean los bombardeos, siempre habrá víctimas inocentes. Máxime cuando es una práctica común de los extremistas islámicos ponerse escudos humanos hechos de población civil, mujeres y niños incluídos. Pero la responsabilidad moral de esas muertes será del estado islámico, no de quien lleve a cabo los bombardeos. Pero, lamentablemente, jamás se gana una guerra sólo con bombardeos. Es necesario que entre en combate la infantería. Ya he dicho, sin embargo, que creo que esa infantería la tienen que formar los habitantes de la zona que quieran recuperar su país.

Querría terminar con unas palabras contra el sentido de culpabilidad por la guerra. La guerra es, en sí misma, un mal porque causa muerte, destrucción y desgracia. En ella mueren seres humanos, muchos de ellos civiles. Y siempre que un ser humano muere, aparece una responsabilidad moral que recae sobre alguien. Si uno mata en defensa propia, la responsabilidad moral recae sobre el agresor que es el que ha causado su propia muerte. Ahora bien, hay guerras que pueden considerarse justas por una de las partes. Tomás de Aquino y Francisco de Vitoria, reconocido como padre del Derecho Internacional, definieron formalmente estas condiciones hace siglos desde un punto de vista cristiano. Sin ser un experto en el tema –ni mucho menos– recuerdo cuatro de ellas que se deben dar conjuntamente. La primera es que la guerra debe ser declarada por el soberano legítimo. Hoy en día, en los países democráticos esto esta reservado a los gobiernos y parlamentos. La segunda es el hecho de sufrir una agresión injustificada o si los habitantes de un país sufren la opresión sanguinaria de un tirano. Por supuesto, se trataría de establecer una situación más justa que la de partida y habría que tener razonables probabilidades de éxito y de mejora de la situación para que la guerra, en principio justa, no se convierta en inútil o, peor aún, contraproducente. Esto no es fácil de prever a priori, pero sí se pueden establecer juicios razonables sobre ambas cosas. La tercera condición para que una guerra sea justa sería que se hubiesen agotado todos los medios pacíficos para evitarla. Estas tres condiciones son, aunque a veces su previsión sea difícil, del fuero externo. La cuarta, sin embargo, pertenece al fuero interno. Es la intención con la que se inicia la guerra. Se pueden dar las tres primeras condiciones, pero si se inicia con odio o con un deseo desordenado de venganza o con intereses económicos inconfesables, la guerra no sería justa. Pero esto es algo que queda en la conciencia de quien la inicia y de quien participa en ella. Es evidente que puede haber guerras injustas por ambos bandos, pero lo que no puede haber es una guerra justa para los dos bandos. En caso de una guerra justa, la responsabilidad moral por las víctimas recae sobre quien la inició de forma injusta. Pero, en cualquier caso, el soldado que participa en ella, por cualquier bando, no tiene responsabilidad moral por las víctimas, ya que él no es el que la ordenó. Sí tendría responsabilidad moral si no se cumple en su fuero interno la cuarta causa, es decir, si en su corazón hay odio y venganza desordenada. No me cabe ni la más mínima duda de que en esta guerra se dan perfectamente las tres primeras condiciones para que sea justa por parte de Occidente si los gobiernos la declaran. De la cuarta no puedo afirmar nada de los demás. Pero puedo decir de mí que, hasta donde me conozco, no creo que haya en mí ni rastro de odio ni de deseo de venganza. Sólo de restituir la justicia y el bién social común y de evitar la destrucción de Occidente. Pero, claro, esto es muy fácil de decir cuando ninguna de las víctimas tiene una relación cercana conmigo. ¿Cuál sería mi actitud si uno de los muertos de París hubiese sido hijo mío? Lo ignoro, pero sé que, aunque sea con causa justificable, si participase en ella o la apoyase con odio, no se darían en mí las causas de guerra justa.

Por último, quiero enmendar mi respuesta a la pregunta retórica inicial: ¿Ha empezado la tercera guerra mundial? Al principio contesté que sí. Ahora contesto que no. Esta guerra no es la tercera guerra mundial, sino la primera. Y empezó el día en que el mismísimo Mahoma ordenó la guerra santa contra la ciudad de Muta, en el Imperio Bizantino en el año 630. La expedición fracasó y apenas dejó huella histórica, pero Mahoma había marcado el camino. El primer califa –califa es el título de los sucesores de Mahoma–, Abu Bakr, la continuó, contra Bizancio y contra los que a la muerte de Mahoma quisieron apostatar. El segundo Califa, Omar, inció la gran conquista con el fin de hacer de toda la tierra Dar el-Islam –la casa del Islam– conquistando Siria y una buena parte del norte de África. Desde entonces estamos en guerra. Esta guerra ha tenido sus periodos de cierta calma y sus rebrotes más o menos explosivos, pero nunca se ha cerrado ni se cerrará mientras no se desplome el Islam. En un escrito que seguirá a éste haré un breve repaso a los principales hitos de esta guerra hasta nuestros días. También dedicaré unas líneas a un juego de adivinanzas –guess game lo llaman los ingleses– sobre cómo puede colapsar el Islam. Porque una cosa es absolutamente segura. Podremos ganar esta batalla de la guerra, pero el Islam no acabará porque ninguna guerra acabe con él. Será él mismo el que se desplome, como pasó con el muro de Berlín y el Telón de Acero. Pero todo eso será... en el próximo capítulo que éste ya es demasiado largo.



[1] Una de las cosas más sorprendentes de la reconquista española es que, durante ocho siglos, desde el 711 hasta 1542, aunque la guerra pasase por momentos más o menos tranquilos o turbulentos, siempre existió, inquebrantable, la voluntad de recuperar lo que un día fue el reino toledano de los Visigodos, anterior a la invasión musulmana.
[2] Salafismo viene de la palabra árabe as-salafiyya que significa los ancestros, los predecesores, que invocan al Profeta Mahoma y a las tres primeras generaciones siguientes que practicaron con tanto denuedo como éxito la yihad o guerra santa. Es decir, que invocan el Islam en su estado puro fundacional.
[3] El llamado espacio Schengen lo forman una serie de países de Europa que han acordado la libre circulación de personas dentro de él. Lo forman 22 de los 28 países de la Unión Europea (Bulgaria, Chipre, Croacia, Irlanda, Reino Unido y Rumanía no se han querido integrar en él, más tres países que no forman parte de la UE: Islandia, Noruega y Suiza.
[4] Merece señalarse que los combatientes del estado islámico les aterra combatir contra mujeres, pues creen que si mueren en combate matados por una mujer, irán al infierno en vez de al paraíso que les promete Mahoma. Saco a colación, sólo a título anecdótico lo que hizo el ejército español en la guerra de independencia de Filipinas. La isla de Mindanao de este archipiélago es mayoritariamente musulmana. El ejército español untaba las balas con grasa de cerdo.

24 de noviembre de 2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

Un país bien gobernado se avergüenza de que haya pobres en él. En un país mal gobernado los ricos perpetúan su riqueza condenando a los pobres a la pobreza.

Parafraseando a Confucio

14 de noviembre de 2015

Pray for Paris

Ayer a las 6 de la tarde despedí a mi hija Sofía que se iba a pasar el fin de semana a París. Por la noche empecé a ver en la TV, con Blanca, mi mujer, una película española, típica de los años 80, un tanto vomitiva. Decidimos quitarla y zapear a 24h, y nos encontramos con el horror. Por supuesto, llamamos a nuestra hija Sofía (benditos móviles) que estaba en el aeropuerto y por el WA familiar (bendito WA) seguimos paso a paso su camino hasta un hotel barato en Montmartre al que iba con un grupo de amigos. Todo bien, en ningún momento tuvo sensación de peligro, aunque nos contaba la desolación que se veía por París. En un momento dado se cruzó con un grupo de jóvenes magrebíes que, sin un comportamiento físicamente violento iban riendo desenfadadamente y diciendo en francés –mi hija estudió en el Liceo Francés y es, por tanto, bilingüe: “Hoy es la noche de las hogueras”. Hay otros tipos de violencia diferente de la física. Seguro que esos chicos no eran yihadistas. Seguro que eran franceses. Seguro que ellos no pensaban encender ninguna hoguera. Seguro que era un comentario que ellos consideraban frívolo, pero… ¡joder! Estuvimos hasta tarde y hasta que poco a poco ella y todos los demás nos fuimos yendo a dormir. No he dormido muy bien. Le he dado muchas vueltas a las cosas y ahora os quiero transmitir alguna de esas cosas.

Espero que se entienda bien lo que voy a decir: Esto nos va a hacer más fuertes. Poco a poco, nuestra civilización ha ido deslizándose hacia una idea subyacente de que no teníamos nada que defender de nadie. Éramos una civilización más, tanto monta, y ya está. Surgían las ideas del perverso Zapatero sobre la alianza de civilizaciones bajo el mismo rasero. Berlusconi (con el que no me une nada y que desde luego no es santo de mi devoción) dijo hace unos quince años que la civilización occidental era superior a las demás y casi se lo comen. Pues bien, nos estamos dando cuenta de que sí, de que con todos los defectos, y grandes, que tiene nuestra civilización, ES SUPERIOR A LAS DEMÁS y que, precisamente por ello, merece ser defendida. Por supuesto, defendida con lo que la hace superior: con el respeto a la persona, con la libertad, con la igualdad de todos ante la ley, con el Estado de Derecho, etc. Pero, también, cuando sea necesario, con la fuerza usada con justicia. Que esto este calando en el subconsciente de nuestra civilización que se estaba deshilachando, me parece positivo. Parafraseando a Tertuliano y, salvando las distancias –que las hay, y evidentes, pero que no voy a enumerar–, la sangre de los mártires es semilla de civilización.

Efectivamente, en una mirada miope, todas estas cosas, respeto a la persona, con la libertad, con la igualdad de todos ante la ley, con el Estado de Derecho, etc, parecen una debilidad. Pero son nuestra fuerza y con ella debemos defendernos. Y esa paradoja de la aparente debilidad que es firtaleza, está basada en valores cristianos. Valores cristianos que han ido floreciendo muy a menudo a pesar de los cristianos. Pero gracias al fundador del cristianismo: Cristo. Por eso nuestra religión, aunque los cristianos de cualquier signo la hayamos retorcido y hayamos escupido sobre ella, es una religión de paz, de hermandad y de integración. A menudo me escandalizo de lo que hemos hecho, hacemos y probablemente haremos los cristianos o la civilización que de ellos ha nacido. Y esto me crea algún problema de conciencia. Pero cuando esto me pasa, pienso en Cristo y en su mensaje evangélico y me digo: “A pesar de todos los pesares, mi religión es una religión de paz y es en su haber en donde hay que poner los logros, por incompletos que sean todavía, de esta civilización”. Y mi problema de conciencia no desaparece, pero pasa de cuestionarme MI religión a pensar cómo puedo usarla para seguir transformando y mejorado MI civilización.

Nada de esto es cierto en el Islam. El Islam es una religión de muerte, de robo y de terror. Y lo es porque así era y eso predicó su fundador, Mahoma. Mahoma fue sanguinario, pederasta, asesino y ladrón. Y sus textos lo reflejan así. Por eso el Islam es y será siempre violento, salvo que deje de ser Islam. De ninguna manera esto significa que todos los musulmanes sean así. No hay en lo que digo ni una pizca de xenofobia. Sé que hay musulmanes –quiero creer que la mayoría– pacíficos, tolerantes y bondadosos. Muchos de ellos seguro que son mejores que muchos occidentales, cristianos o agnósticos. Pero su religión jamás será capaz de producir una civilización que cree riqueza y que se base en la libertad y la hermandad entre todos los hombres. Porque esos valores no están en su raíz, sino, más bien, los contrarios. Me dan lástima los musulmanes buenos que intentan convencerse –y convencernos– de que el Islam es una religión de paz. ¿Cómo podría yo responder a mi conciencia si fuese musulmán? Tendría que desechar a Mahoma y arrancar muchas páginas del Corán y olvidar los hadices, etc. Pero, entonces, ya no sería musulmán, porque tendría que haber abandonado la esencia de mi religión. Y si dejase de ser musulmán me encontraría frente a una fatua que recomendaría a mis hijos matarme (espero que no hiciesen caso).

Acabo de recibir un WA de Sofía. Está bien, pero me manda un texto que circula por Francia. Me lo manda en francés, pero os lo traduzco:

De un discurso de Al-Adnani, portavoz del estado Islámico, del último mes de Marzo y repetido ayer después de los ataques. Hay en él una referencia a Francia: “Queremos, con la ayuda de Alá, París antes que Roma y antes que Al-Ándalus. Vamos a ennegrecer vuestra existencia y hacer explotar vuestra Casa Blanca, Big Ben y la Torre Eiffel, con la voluntad de Alá”.

No lo conseguirán. Al contrario, están despertando al león anestesiado. La sangre de  mártires involuntarios de ayer –y de los últimos 50 años– está clamando al cielo y el león está despertando.

Ayer, en las redes sociales, el trending topic que salía de ellas era: “Pray for Paris”. El informativo de 24h se hacía eco de ello. Hoy no he sido capaz de encontrarla en el diario “El Mundo” (cierto que no he leído palabra por apalabra). Pero sí, pray for Paris, pray for Europe (como cuna de la civilización), pray for occident, pray for de world. ¡DESPERTEMOS! ¡Dejemos de deshilachar nuestra conciencia y tejamos una red sólida con la convicción de que tenemos algo que enseñarnos a nosotros mismos y al mundo! Y, a Dios rogando y con el mazo dando. Apliquemos los valores que hacen fuerte a nuestra civilización, incluida la fuerza que nace de la justicia.

Hoy creo en MI civilización más que ayer. Hoy creo más que ayer en que MI religión está en la base de MI civilización y que es la que puede salvarla y, con ella, salvar al mundo. No hay otra cosa. No se nos ha dado otro nombre en el cielo y en la tierra que salve, salvo el de Jesucristo.


Un abrazo.

11 de noviembre de 2015

Frases 11-XI-2015

Ya sabéis por el nombre de mi blog que soy como una urraca que recoge todo lo que brilla para llevarlo a su nido. Desde hace años, tal vez desde más o menos 1998, he ido recopilando toda idea que me parecía brillante, viniese de donde viniese. Lo he hecho con el espíritu con que Odiseo lo hacía para no olvidarse de Ítaca y Penélope, o de Penélope tejiendo y destejiendo su manto para no olvidar a Odiseo. Cuando las brumas de la flor del loto de lo cotidiano enturbian mi recuerdo de lo que merece la pena en la vida, de cuál es la forma adecuada de vivirla, doy un paseo aleatorio por estas ideas, me rescato del olvido y recupero la consciencia. Son para mí como un elixir contra la anestesia paralizante del olvido y evitan que Circe me convierta en cerdo. Espero que también tengan este efecto benéfico para vosotros. Por eso empiezo a publicar una a la semana a partir del 13 de Enero del 2010.

No es fácil determinar cómo, contra quien, por qué motivos y por cuánto tiempo conviene manifestarse colérico y cuál es el punto exacto hasta dónde se debe llevar y aquél en el que comienza la falta

Aristóteles, ética a Nicómaco


31 de octubre de 2015

Comentarios al final del Sínodo de la familia

Ya ha acabado el Sínodo de la familia. Me gustaría poder hacer una recensión lo más completa posible de todas su conclusiones y adjuntar el texto íntegro de la relatio final. Pero no he sido capaz de encontrarlo más que en italiano. La he buscado en vano en la página del Vaticano. Nada. Lo he buscado en ACI prensa una fiable agencia católica de noticias. Nada. Por supuesto lo he buscado en Internet. Nada. Desde luego, he visto comentarios, opiniones, conclusiones sacadas por unos o por otros, como si fuéramos idiotas que no pudiésemos hacernos una idea de su contenido yendo a las fuentes o como si no tuviésemos capacidad para leer unas cuantas páginas y necesitásemos que nos lo diesen todo masticadito. Pero del texto íntegro, nada de nada. ¿Seré idiota? Puede, porque no se me ocurre que haga que no pueda estar en Internet. Lo que sí he encontrado es el texto en español de los tres puntos que hacen referencia al asunto más candente, es decir, la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía. Por supuesto, empiezo por ponerlos por delante. He quitado lo que en la fuente donde los he conseguido estaba en negrita para no introducir ningún sesgo en su lectura.

84.- Los bautizados que están divorciados y vueltos a casar civilmente deben estar más integrados en las comunidades cristianas en los diversos modos posibles, evitando toda ocasión de escándalo. La lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral, para que no solo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino para que puedan tener una feliz y fecunda experiencia de ella. Son bautizados, son hermanos y hermanas, el Espíritu Santo derrama en ellos dones y carismas para el bien de todos.

Su participación puede expresarse en diversos servicios eclesiales: es necesario por ello discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. Ellos no están y no deben sentirse excomulgados, y pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que los acoge siempre, los cuida con afecto y los alienta en el camino de la vida y del Evangelio.

Esta integración es necesaria también para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes. Para la comunidad cristiana, cuidar a estas personas no es un debilitamiento de la propia fe y del testimonio acerca de la indisolubilidad matrimonial, sino que así la Iglesia expresa en este cuidado su caridad.

85.- San Juan Pablo II ha ofrecido un criterio integral que permanece como la base para la valoración de estas situaciones: “Los pastores, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones. En efecto, hay diferencia entre los que sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados del todo injustamente, y los que por culpa grave han destruido un matrimonio canónicamente válido. Finalmente están los que han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente destruido, no había sido nunca válido (Familiaris Consortio, 84).

Es entonces tarea de los presbíteros acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento según la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del Obispo. En este proceso será útil hacer un examen de conciencia, a través de momentos de reflexión y arrepentimiento.

Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal entró en crisis, si hubo intentos de reconciliación, cómo está la situación del compañero abandonado, qué consecuencia tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y la comunidad de fieles, qué ejemplo ofrece a los jóvenes que se deben preparar para el matrimonio. Una sincera reflexión puede reforzar la confianza en la misericordia de Dios que no se le niega a ninguno.

Además, no se pueden negar que en algunas circunstancias “la imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas (CCC, 1735) a causa de diversos condicionamientos. Como consecuencia, el juicio sobre una situación objetiva no debe llevar a un juicio sobre la “imputabilidad subjetiva” (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Declaración del 24 de junio de 2000, 2a).

En determinadas circunstancias las personas encuentran grandes dificultades para actuar de modo distinto. Por ello, mientras se sostiene una norma general, es necesario reconocer que la responsabilidad respecto a determinadas acciones o decisiones no es la misma en todos los casos.

El discernimiento pastoral, teniendo en cuenta la conciencia rectamente formada por las personas, debe hacerse cargo de estas situaciones. También las consecuencias de los actos realizados no son necesariamente las mismas en todos los casos.

86.- El recorrido de acompañamiento y discernimiento orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios. El coloquio con el sacerdote, en el fuero interno, concurre con la formación de un juicio correcto sobre lo que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer.

Dado que en la misma ley no hay gradualidad (FC, 34), este discernimiento no podrá nunca prescindir de las exigencias de la verdad y la caridad del Evangelio propuesta por la Iglesia. Para que esto suceda, deben garantizarse las necesarias condiciones de humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza, en la búsqueda sincera de la voluntad de Dios y en el deseo de alcanzar una respuesta más perfecta a ella.

Tras leerlos, lo primero que debo decir es que me siento perplejo. Porqué no sé qué dice. Si recordáis lo que os mandé hace unas semanas, en el envío del 10 de Septiembre, mi expectativa era aclararme acerca de si podía haber casos particulares en los que, al no darse las tres condiciones necesarias para que hubiese pecado mortal, podría ser posible –y soy redundante a propósito– que, para esos casos debidamente analizados, la Iglesia permitiese la vuelta a los sacramentos. Qué esos casos pueden existir me parece que no admite duda. La cuestión es cómo se pueden discernir y, sobre todo, si una vez discernidos se les puede abrir la puerta a la Eucaristía.

Que ese discernimiento del que se habla conduce a una mayor participación en la vida eclesial también se dice explícitamente. Su participación puede expresarse en diversos servicios eclesiales: es necesario por ello discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas”.

Qué ese discernimiento requerirá un arduo y exigente examen de conciencia está clarísimo: Los divorciados vueltos a casar deberían preguntarse cómo se han comportado con sus hijos cuando la unión conyugal entró en crisis, si hubo intentos de reconciliación, cómo está la situación del compañero abandonado, qué consecuencia tiene la nueva relación sobre el resto de la familia y la comunidad de fieles, qué ejemplo ofrece a los jóvenes que se deben preparar para el matrimonio”. Este discernimiento, llevado a cabo por el sacerdote según la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del Obispo no es arbitrario para cada sacerdote ni para cada Obispo, pues tiene que ajustarse a la enseñanza de la Iglesia. Pero concurre con la formación de un juicio correcto sobre lo que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer.

Pero se guarda un silencio sepulcral sobre si esas exclusiones que pueden ser superadas o esa participación más plena en la vida de la Iglesia pueden llegar a suponer el acercamiento a los sacramentos. Parece evidente que no se ha querido aclarar este punto, tal vez para dejarle al Papa que diga la última palabra. Por supuesto, el Papa siempre la tiene, pero puede ser un signo de delicadeza dejársela a él sin ningún tipo de condicionamiento. También puede que esta ambigüedad sea la consecuencia de un duro enfrentamiento entre ambos sectores que han preferido enterrar las discordias antes que adoptar una postura común. En su Discurso de clausura del Sínodo, el Papa dijo: En el curso de este Sínodo, las distintas opiniones que se han expresado libremente –y por desgracia a veces con métodos no del todo benévolos– han enriquecido y animado sin duda el diálogo, ofreciendo una imagen viva de una Iglesia…”. Pero esto no debe alarmarnos. La idea de que en la Iglesia siempre ha habido acuerdos fáciles y sin fuertes discusiones es un mito. Ya en la primera Iglesia hubo duras discusiones sobre si se debía exigir la circuncisión a los gentiles convertidos o no, sobre si era lícito comer carne sacrificada a los ídolos o no. En el discurso de Benedicto XVI a la Curia, en Diciembre de 2005, recordaba unas palabras de san Basilio, el gran doctor de la Iglesia, de la situación de la Iglesia después del concilio de Nicea en 325, donde se definió la consustancialidad del Padre y el Hijo. Decía: “la compara [san Basilio] con una batalla naval en la oscuridad de la tempestad, diciendo entre otras cosas: ‘El grito ronco de los que por la discordia se alzan unos contra otros, las charlas incomprensibles, el ruido confuso de los gritos ininterrumpidos ha llenado ya casi toda la Iglesia, tergiversando, por exceso o por defecto, la recta doctrina de la fe...’”. Así es que no pasa nada porque haya duras discusiones. El propio Papa, en su discurso final del sínodo, que podéis leer más abajo aclara qué no significa (dos aseveraciones) qué sí significa (siete aseveraciones) este sínodo que ha terminado.

Lo que, llegados a este punto, me parece una lectura torticera del sínodo es la de los que quieren hacer ver que estos tres puntos de la relatio final del sínodo suponen una mina contra la indisolubilidad del matrimonio. Cito a continuación algunas palabras del Cardenal Burke. El Cardenal Burke es Patrono de los Caballeros de Malta y fue prefecto de la Signatura Apostólica. Cuando llegó el momento canónico de que el cardenal tuviese que ser renovado en esta última función, el Papa francisco no le confirmo en ese cargo, lo que dio pie a que determinados sectores hablasen del sectarismo del Papa hacia los prelados más conservadores. En la web “Adelante la fe” aparecen unas declaraciones del Cardenal sobre el sínodo. Copio más abajo el link por si alguien quiere leer la entrevista completa de la que cito algunos párrafos y hago algunos comentarios:

La sección titulada “Discernimiento e Integración” (párrafos 84-86) es, de cualquier manera, de inmediata preocupación, por su falta de claridad en un asunto fundamental de la fe: la indisolubilidad del vínculo matrimonial que tanto la razón como la fe enseñan a todos los hombres.

[…]

a través de la historia de la Iglesia, siempre ha existido presión para admitir el divorcio...

[...]

...el Papa San Juan Pablo II reconoce las diferentes situaciones de los que están viviendo en una unión irregular e insta a los pastores y a toda la comunidad para ayudarles como verdaderos hermanos y hermanas en Cristo por virtud del Bautismo, y concluye: “De cualquier manera, la Iglesia reafirma su práctica, la cual está basada en las Sagradas Escrituras, de no admitir en la Comunión Eucarística a personas divorciadas vueltas a casar.

[…]

la cita del Catecismo de la Iglesia Católica (nº.1735) en lo que se refiere a imputabilidad debe ser interpretado en términos de libertad “lo cual hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que son voluntarios” (CCC, nº.1734). La exclusión de los Sacramentos de aquellos en uniones matrimoniales irregulares no constituye un juicio sobre su responsabilidad en la ruptura del vínculo matrimonial al cual  están unidos. 

Estos comentarios inducen a pensar:

a)     que de alguna manera el sínodo se ha planteado el hecho de que el matrimonio sea disoluble. Pero en varios pasajes, la relatio final cuyo texto tengo en italiano, dice en el nº 36: Questa vocazione riceve la sua forma ecclesiale e missionaria dal legame sacramentale che consacra la relazione coniugale indissolubile tra gli sposi. […] La fede riconosce nel legame indissolubile degli sposi un riflesso dell’amore della Trinità divina. Y en el nº 40: L’indissolubilità del matrimonio (cf. Mc 10,2-9), non è innanzitutto da intendere come giogo imposto agli uomini bensì come un dono fatto alle persone unite in matrimonio. Y en el nº 47: Risulta particolarmente opportuno comprendere in chiave cristocentrica le proprietà naturali del matrimonio, che costituiscono il bene dei coniugi (bonum coniugum), che comprende unità, apertura alla vita, fedeltà e indissolubilità. Y en el nº 48: L’irrevocabile fedeltà di Dio all’alleanza è il fondamento dell’indissolubilità del matrimonio. […]La testimonianza di coppie che vivono fedelmente il matrimonio mette in luce il valore di questa unione indissolubile e suscita il desiderio di rinnovare continuamente l’impegno della fedeltà. L’indissolubilità corrisponde al desiderio profondo di amore reciproco e duraturo che il Creatore ha posto nel cuore umano. Y en el 49: Dio consacra l’amore degli sposi e ne conferma l’indissolubilità. Y en el 51: Grazie ad esse è resa credibile la bellezza del matrimonio indissolubile e fedele per sempre. Y en el 69: Il sacramento del matrimonio, come unione fedele e indissolubile tra un uomo e una donna. Y en el 84: Per la comunità cristiana, prendersi cura di queste persone non è un indebolimento della propria fede e della testimonianza circa l’indissolubilità matrimoniale. No tengo ni idea de italiano, pero sospecho que el Cardenal Burke sí. Pero aún no sabiéndolo, es evidente que decir que el sínodo pone en cuestión la indisolubilidad del matrimonio, es hacer una lectura torticara del mismo.
b)     Parece que se quiere hacer pensar que en el documento del sínodo se pretende dar “barra libre” para que TODOS los divorciados vueltos a casar puedan acceder a la Eucaristía y eso es también retorcer las cosas. Nadie puede acercarse a la Eucaristía en pecado mortal, sea cual sea éste. Pero lo que sí cabe preguntarse es si el hecho indudable de la materia grave que supone el adulterio en el que estas personas viven supone, sin ninguna excepción que TODOS los divorciados vueltos a casar están en pecado mortal. Y aquí viene
c)     Parece que se quiere tergiversar el sentido del Catecismo de la Iglesia católica. La relatio cita el nº 1735 que dice: 1735 La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales”. Y lo hace, precisamente, para puntualizar el 1734, que es el que cita el cardenal Burke y que dice: 1734 La libertad hace al hombre responsable de sus actos en la medida en que estos son voluntarios. El progreso en la virtud, el conocimiento del bien, y la ascesis acrecientan el dominio de la voluntad sobre los propios actos”. Es decir, el cardenal Burke usa el 1734 para negar el 1735 cuando la intención manifiesta del Catecismo, por el orden y por la lógica intrínseca, es el 1735 el que matiza el 1734. Pero es que, más adelante, el Catecismo, para matizar más el asunto, dice:
1858.  La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño. 1859. El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón (cf Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado. 1860. La ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta (la negrita es mía), lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal.
Estoy seguro de que el Cardenal Burke conoce más a fondo que yo el catecismo, por eso no me puedo creer que estos párrafos le hayan pasado desapercibidos.
Por si alguien quiere ir a las fuentes, ahí va el link a las palabras del cardenal Burke:


Por tanto, no puedo ver buena voluntad en este tipo de interpretaciones torticeras del sínodo. En éste, ni se niega la indisolubilidad del matrimonio, ni se pretende que todos los divorciados vueltos a casar puedan acceder a la Eucaristía. Sólo se pregunta, sin contestarse, sí es posible que algunos divorciados que han iniciado una nueva relación, tras que su caso sea discernido con un acompañamiento del sacerdote, guiado por el Obispo y, ambos, bajo el magisterio de la Iglesia –no según les dé–, pueden decir que alguna de esas personas, tras un camino penitencial, puedan considerar que no están en pecado mortal y pueden, por tanto, eventualmente, acceder a la Eucaristía (empleo a propósito el exceso de condicionales).


Creo que, llegados a este punto, el Papa no puede dejar de pronunciarse, porque no es posible ni sano, para quien se encuentra en esa situación y desea fervientemente y con buena voluntad esa participación, vivir en esa ambigüedad. Eso, sencillamente, no sería caritativo. Yo, por tanto, sigo y seguiré esperando anhelante –y eso que no me afecta personalmente– lo que el Papa diga a este respecto. Como ya he dicho en otros escritos que he hecho sobre este tema, aceptaré de buen grado lo que el Papa decida. Pero si el Papa decidiese que tras ese proceso de discernimiento algunos divorciados vueltos a casar podrían acceder a la Eucaristía, NO estaría yendo contra ningún pilar del matrimonio. Si, por el contrario, el Papa, al final, se decanta por mantener la norma como hasta ahora, no me cabe la más mínima duda de que la Gracia y la Misericordia de Dios, que son más fuertes y poderosas que todo lo que podamos imaginar, llegarán por vías extraordinarias que ellas sabrán buscar, a lo más hondo del corazón, del espíritu y del alma de las personas que anhelen la Eucaristía y que, estando en Gracia de Dios, a pesar de su situación, las pidan (la Gracia y la Misericordia) con humildad y confianza. Dios no las dejará desamparadas sin una ayuda equivalente a la de los sacramentos ordinarios. Así que, haga lo que haga, le aplaudiré. Lo que no me parecería correcto es que dejase el tema en la ambigüedad en que lo ha dejado el sínodo.

27 de octubre de 2015

Sobre Elon Musk

Creo que hay seis frentes en los cuales la humanidad ha ido avanzando, no de forma coordinada y a ritmos muy cambiantes, pero avanzando, a fin de cuentas, a lo largo de toda su historia. Por supuesto, también ha habido retrocesos, pero el movimiento resultante es de avance si se mira con perspectiva de siglos. Esos frentes son la santidad –que incluye la ética–, el pensamiento abstracto para entender la esencia de la vida y del mundo, la ciencia, la belleza, la política y la creación de riqueza y bienestar para la sociedad. En cada uno de ellos el avance ha sufrido impulsos esporádicos, con una cadencia de entre algunas veces –pocas– por siglo y una vez cada pocos siglos. Estos impulsos han sido propiciados casi siempre por personalidades que Arnold J. Toynbee llamaría genios creadores. Como representantes recientes de estos genios creadores en cada uno de los campos citaría a Madre Teresa o Juan Pablo II en el espiritual, a Marko Rupnik o Gustav Klimt en la belleza, a Albert Enstein o Niels Bohr en el científico, a Adenauer, De Gasperi y Schumann en el político. Creo que en el frente de la filosofía, tras el camino de vía muerta de Descartes y Kant, el pensamiento filosófico se ha extraviado en un laberinto de espejos rotos en su capacidad de explicar el mundo. Tal vez, aunque sólo tal vez, se haya empezado a salir del laberinto con la fenomenología de Husserl y su “vuelta a las cosas mismas”, harto del idealismo iniciado con Kant[1].

Sería muy deseable que alguna vez apareciese en el mundo un “monstruo” que fuese un genio en los seis campos, pero me temo que la naturaleza humana no da para tanto. Podríamos decir que algunos de ellos podrían estar en dos campos, como Juan Pablo II o Edith Stein en santidad y filosofía. No se me ocurre a nadie reseñable en tres campos y, mucho menos en los seis. Sí ocurre que hay personajes que rayan con gran altura en uno de ellos y son lamentables en otros. Sería impresionante para el avance de la humanidad una simbiosis entre genios creadores de los seis campos. Y por supuesto, hay personajes que son nefastos en todos. ¿Me atrevería a citar a Hitler o Stalin?

¿Y en el frente de la creación de riqueza y bienestar? Podríamos citar a Steve Jobs o a Henry Ford en el último siglo. Pero creo ambos son superados por Elon Musk. Estoy seguro que muchos, al leer este nombre arrugarán la nariz diciendo: “¿Elon Musk? ¿Quién es ese tío? ¿Cómo va a superar en genialidad creadora a los dos supeconocidos Jobs o Ford? Jobs ha revolucionado el mundo de la tecnología de la información y comunicaciones. Ha marcado un antes y un después en él. Henry Ford puso el automóvil al alcance de la clase media americana y revolucionó las técnicas de fabricación. Pero, ¿Elon Musk? Ni siquiera sé quién es ni, mucho menos, qué ha hecho por la creación de riqueza y bienestar del mundo.

No empezaré contando los hitos cronológicos de su vida, sino sus sueños. Elon Musk es un visionario, un soñador, pero con los pies en la tierra, que desde muy joven se preguntó qué cosas podían dar un impulso sin precedentes al bienestar de la humanidad. O más drásticamente, qué cosas son las que amenazan su propia supervivencia y cómo podrían evitarse esas amenazas. Todavía muy joven, siendo universitario, se dio a sí mismo cinco respuestas: Internet –hablamos del año 84 no era más que una herramienta de uso militar, pero había sabido de esa tecnología y se había dado cuenta de que si llegase a ser de uso civil revolucionaría el mundo–, la sostenibilidad energética, la dependencia de la vida confinada al planeta Tierra, la inteligencia artificial y la modificación genética. Pronto se dio cuenta de que las dos últimas planteaban cuestiones éticas cuya caja de pandora prefería no destapar, con lo que se quedó con las tres primeras. Creo que el hecho de que en sus sueños entrase el de hacer de la especie humana una especie multiplanetaria requiere una somera explicación. No es debido a una exagerada afición a stars war o a star treck, no. Es por algo mucho más profundo. Musk tiene dos convicciones al respecto. La primera que la inteligencia abstracta es una extrañísima excepción en el universo, si es que hay alguna otra especie que la tenga en todo el cosmos. A diferencia de la moda entre tantos científicos y pseudocientíficos, Musk cree que existe algo que él llama The Grat Filter y que hace que, por causas desconocidas, la evolución hacia la inteligencia se pare en seco en algún estadio. Es decir, cree que la humanidad es algo así como la joya de la corona del cosmos, un valiosísimo e irremplazable tesoro que hay que cuidar, incluso mimar. Su segunda convicción es que el planeta Tierra es un sitio enormemente vulnerable, incluso si gracias a la sostenibilidad energética se consigue evitar el calentamiento global. Se sabe científicamente que es seguro que algún día un asteroide suficientemente grande impacte sobre la Tierra y acabe con todo vestigio de vida en ella. Se sabe, con la misma certidumbre científica, que un día, la Tierra, cuya órbita, a largo plazo es inestable, saldrá disparada fuera del sistema solar, hacia el frío cosmos. Ciertamente, se sabe que la probabilidad de que esto ocurra en los próximos, digamos 10 millones de años, es muy baja. Pero el hecho de que con casi absoluta seguridad él no vaya a sufrir las consecuencias de esto no es algo que le importe a Musk. A él le preocupa el tesoro. Y quiere empezar a ponerlo en varios cestos, y no sólo en uno tan frágil. ¿Loco? No da el perfil.

Pero Musk no es simplemente un visionario. Es alguien que pone toda su energía, su pasión, su capacidad sobrehumana de trabajo, su enorme inteligencia y su dinero, para dar pasos sólidos hacia esas respuestas para sus inquietudes por el futuro de la humanidad. Y los está dando. Sólidos e importantes.

Ahora sí que puedo empezar a seguir el hilo de los hitos cronológicos de su vida. Una vida siempre guiada por sus visiones, sus sueños y sus increíbles pero realistas respuestas a ellos.

Musk nació en Sudáfrica en 1971. No tuvo una infancia muy feliz. Su vida familiar no fue tranquila y, como muchos genios, no encajó muy bien en la escuela. Se convirtió en un autodidacta compulsivo. Dedicaba 10 horas al día a la lectura de todo lo que pillaba y, entre otras muchas cosas, a los 16 años se había leído entera toda la Enciclopedia Británica. Por otro lado, desde los 9 años, en que tuvo un ordenador Commodore VIC-20, de dedicó, también de forma autodidacta, a la programación. Con 12 años creó un video juego que vendió a una revista de informática por 500$ del año 83, lo que para un chico de 12 años no estaba nada mal. Tampoco le gustaba su país, por lo que a los 17 años dejó Sudáfrica para siempre con la idea de ir a EEUU. Pero por dificultades de inmigración tuvo que hacer “escala” en Canadá durante un tiempo. Empezó allí sus estudios universitarios pero pudo trasladar su expediente a la Universidad de Pennsylvania. Ahí fue donde se planteó cuáles eran las cuestiones que más podían afectar al futuro de la humanidad y se dio las respuestas comentadas anteriormente.

Tras acabar sus estudios de grado, allá por el año 95, inició un doctorado en baterías de alta densidad para el almacenamiento de energía. Pero a los dos días de empezar el programa lo abandonó porque no quería que el fenómeno de Internet, ya en plena eclosión, pasase a su lado, a velocidad de vértigo, dejándole a él en la estación. Intentó, sin ningún éxito, entrar a trabajar en Netscape, la empresa pionera en el campo por aquél entonces. En vista del fracaso, junto con su hermano Kimbal, fundó la empresa Zip2, que pretendía ser un directorio de empresas unido a un mapa digital, mucho antes de que Google pudiese soñar en algo como Google Maps, simplemente, porque a Google le faltaban 4 años para que Larry Page la fundara. Como no tenían ni dónde caerse muertos, los hermanos Musk vivían en los albergues de la YMCA. En 1999, con 28 años, Musk vendió Zip2 a Compaq por 307 millones de $ de  de los que él se embolsó 22. El libro de oro de los que se hacen millonarios antes de los 30 dice que hay tres cosas sensatas que se pueden hacer y una insensata. Las sensatas son: a) dedicarse al dolce far niente, b) repartir el dinero entre distintos start ups y dedicar un tiempo moderado a supervisarlos y el resto a vivir o, c) poner en marcha otro proyecto, pero con el dinero de otros. Musk hizo la insensata, que es poner todo su dinero en una nueva aventura. Y así, ese mismo año, fundó X.com con el disparatado propósito de hacer un banco digital. Hoy en día, muchos bancos están en la carrera de digitalizarse porque temen que empresas de IT les roben la cartera. Pero en 1999 y con sólo 22 millones de $, que son bastante para el dolce far niente, pero nada para semejante objetivo, la cosa era poco menos que demencial.  Elon se dio cuenta pronto de que era imposible intentar un banco digital en todos los aspectos del negocio bancario y X.com se especializó en el segmento de pagos por correo electrónico. Pero, casualidades de la vida, en el mismo vivero de empresas donde los Musk tenían su negocio, había otra empresa, Confinity, que se dedicaba a lo mismo. Al principio competían furiosamente por un negocio que crecía como la espuma, pero pronto decidieron fusionarse manteniendo el nombre de X.com.

Pronto empezó a sonar la caja de los truenos en la nueva empresa.  Había tres gallos en el mismo corral: Elon Musk, Peter Thiel y Max Levchin, los fundadores de Confinity. Aunque Elon Musk era el mayor accionista, no tenía la mayoría absoluta y un día, a finales del 2.000, en mitad de un viaje en el que combinaba los negocios –conseguir fondos para la empresa– y el placer –viaje de novios con su mujer Justine– Elon se enteró de que sus socios le habían dado la patada y le habían destituido como CEO para poner a Thiel. En vez de tirar pies por pared, Elon siguió en la gestión de la empresa, que en 2001 cambio el nombre por PayPal –suena, ¿no?– y continuó invirtiendo en ella. Dirigió el proceso de venta de la empresa a eBay, venta que consiguió en 2002 por 1.500 millones de dólares, de los que él se embolsó 180 millones después de impuestos. Con 31 años, y sin seguir la regla de oro de los millonarios jóvenes era ya multimillonario. ¿Siguió entonces la regla de oro? Por supuesto que no. Apostó, una vez más todo su dinero en sus sueños. Esta vez los de verdad. Porque Internet se convirtió para él en un mero instrumento. Y empezó por poner el primer peldaño de su sueño de hacer de la humanidad una especie multiplanetaria. Desde antes de que se cerrase la venta de PayPal empezó a aprender todo lo que su inteligencia podía, y podía mucho, sobre cohetes. Invirtió 100 de sus 180 millones de $ en una empresa, SpaceX cuya visión es nada menos que mandar un millón de colonos a Marte en el siglo XXI. ¿Loco? Puede, pero su primer paso era, simplemente, ser capaz de diseñar un cohete y una lanzadera que pudiera poner una carga en órbita y volver a la tierra. Sólo los EEUU, Rusia y China lo habían conseguido al principio del siglo XXI. Su hermano Kimbal decidió no seguirle en esta nueva aventura. Sentía una enorme pasión por algo no tan visionario como los sueños de su hermano, aunque más sabroso: la cocina. Se fue a Nueva York y fundó una escuela de cocina y varias cadenas de restaurantes, además de poner en marcha programas de educación alimentaria para niños a lo largo y ancho de los EEUU.

En 2004 Elon Se lanzó a poner la primera piedra del edificio de otro de sus sueños. Para lograr la sostenibilidad energética del mundo, qué mejor que crear un automóvil 100% eléctrico. Fundó la compañía Tesla para fabricarlo. ¡Qué locura! El último lanzamiento con éxito de una empresa fabricante de automóviles en EEUU había sido el de Chrysler, en 1925 y ninguna compañía de automóviles existente tenía in mente en ese año crear un automóvil 100% eléctrico. Además, si Tesla pretendía crear coches eléctricos realmente competitivos, era importante ser capaz de almacenar de forma eficiente la energía de forma que pudiesen tener una gran autonomía. Por eso se embarcó también en la investigación, desarrollo y producción de baterías de iones de litio que aumentasen considerablemente la capacidad de las baterías estándar. Puso en esta empresa 70 millones de $. El objetivo de Tesla es tan modesto que puede parecer insignificante. Sólo pretende fabricar 500.000 coches al año, cifra que no llegan ni al 0,5% de los coches que se producen en un año en todo el mundo. Ridículo, podría pensarse. Pero la idea de Musk es hacer un coche relativamente barato que haga ver al mundo que eso es posible y espolee a todos los fabricantes tradicionales para seguir la corriente si no quieren quedarse atrás. Para ello, Musk ofrece todas sus patentes a todo aquél que las quiera, fabricantes de automóviles incluidos.

Tras los 100 millones en SpaceX y los 70 en Tesla, todavía le quedaban a Musk 10 millones. ¿Pensó en guardarlos como una reserva por si estas empresas fallaban o necesitaban más dinero? De ninguna manera. Dos años más tarde, en 2006 puso esos 10 millones en un complemento insoslayable de su sueño de la sostenibilidad energética. ¿De qué serviría que en unas décadas todos los coches fuesen eléctricos si esa energía no se podía producir mediante métodos renovables? Conviene saber que aproximadamente dos terceras partes de la electricidad se produce quemando combustibles fósiles. Además, para la sostenibilidad energética es necesario que otra gran fuente de consumo energético, los edificios, también pudiese satisfacer sus necesidades energéticas con fuentes renovables. Se trataba, por tanto de apostar por el desarrollo de este tipo de energías y Musk eligió el sol como fuente de la misma. Por eso, con esos 10 millones fundó SolarCity. La idea de esta empresa es desarrollar paneles solares de alta eficiencia que sean instalables con simple bricolaje en millones de hogares y otros edificios cualesquiera, amén de poder producir energía a escala industrial como cualquier central. Ambicioso, ¿no?

Y, ¿cómo le fue en estas empresas? Pues al principio mal. Muy mal. En 2007, en el ranking de empresas tecnológicas fracasadas del blog de cotilleos de Silicon Valley, Tesla ganó el primer premio. Había lanzado al mercado su modelo Roadster que había sido un estrepitoso fracaso y, para colmo, al año siguiente estalló la crisis de la que, si un sector ha salido malparado, ese ha sido el del automóvil. Tesla parecía muerta. En 2008, SpaceX había lanzado tres cohetes y los tres habían explotado antes de ponerse en órbita. La empresa sólo tenía dinero para un cuarto lanzamiento y no había la más remota posibilidad de que alguien pusiese más dinero. Si el cuarto lanzamiento saliese mal, todo habría terminado. En el plano familiar tampoco las cosas le iban muy bien a Musk. En el fatídico año de 2008 su matrimonio, con 5 hijos –¡cinco hijos en ocho años! Seis en realidad. El primero murió a poco de nacer del síndrome de muerte súbita infantil y luego tuvieron mellizos, seguidos de trillizos–, se rompió. A juzgar por el relato que hace su mujer en una entrevista concedida en 2010 a la revista Marie Claire, Musk era un marido dominante hasta la tiranía y astuto hasta la felonía en el trato económico que hizo firmar a su mujer cuando se casaron. Pero mejor suspender el juicio porque esa es la versión de una de las partes. Sea como fuere, en 2008 se divorciaron. En fin, peor imposible. Pero Musk tenía confianza indestructible en que las empresas que había creado tenían sólidos fundamentos. Y parece que esa confianza no era ilusoria. El 28 de Septiembre de 2008 el lanzamiento de su cuarto cohete fue un éxito clamoroso. El 23 de Diciembre, la NASA firmó con SpaceX un contrato de 1.200 millones para que hiciese doce lanzamientos para ella. Desde entonces, SpaceX ha llevado a cabo 20 lanzamientos, todos con éxito y a un coste mucho más bajo de lo normal. La empresa está desarrollando un transbordador que pueda lanzar seres humanos al espacio y traerlos de vuelta a la tierra. Como las lanzaderas que la NASA ha dejado de hacer. También trabajan en el desarrollo de un enorme cohete que permita llevar a 300 personas a Marte en un solo viaje. Recientemente, Google y Fidelity han hecho una importante inversión en SpaceX. Valorando la compañía a los precios en que estas dos empresas han entrado la compañía, que no cotiza en bolsa, valdría 12.000 millones de $.

Pero en el mismo 2008, un día después de firmar el contrato con la NASA, en Nochebuena, como si de un regalo de Navidad se tratara, un grupo de inversores, tal vez atraídos por el éxito de SpaceX acordaron aportar una buena suma de dinero en Tesla, lo  que le permitió seguir adelante. Unos meses más tarde, Daimler AG invirtió 50 millones de $ en la empresa. Con esas inversiones, Tesla ha lanzado su Modelo S con un éxito arrollador. El coche ha sido calificado con 99 sobre 100 en los Consumer Reports y con un 4 sobre 5 por National Highway Safety Administration de EEUU. Ahora está preparando el Modelo 3, mucho más asequible que el carísimo Modelo S, que previsiblemente será algo disruptivo en la industria de la automoción. Y las patentes están disponibles. Tesla trabaja también en la construcción de una gigafactoría que producirá más del doble de la producción mundial de baterías de iones de litio. Tesla tiene un valor en bolsa de 30.000 millones de $.

SolarCity salió a bolsa en 2012 y hoy tiene un valor de cerca de 6.000 millones de $. Se ha convertido en el mayor instalador de paneles solares de EEUU y, usando las baterías producidas por Tesla, quiere hacer que los hogares puedan ser energéticamente autosuficientes. Cuando las fábricas de sus empresas estén completas, Musk dará trabajo a 30.000 personas.

¿Por qué hace estas cosas Elon Musk? ¿Por dinero? Dudo mucho que esa sea su motivación fundamental. Tras la venta de PayPal podría haber aplicado cualquiera de las tres reglas de oro de los jóvenes millonarios. No lo hizo. Aunque, ciertamente, vive a todo trapo, reinvierte la mayor parte de lo que gana en sus empresas y no me extrañaría nada que se dedicase a fundar otras nuevas. ¿Por poder? No parece interesarle en absoluto el poder. ¿Fama? Siempre ha procurado mantener un perfil bajo. Uno veía casi todos los días en los periódicos noticias de Steve Jobs cuando vivía. Bill Gates o Larry Page –fundador de Google– o Mark Zuckerberg –fundador de Facebook– aparecen un día sí y otro también en todos los periódicos. Pero si buscamos a Elon Musk hay que mirar con lupa. Yo no había oído hablar de él hasta este pasado mes de Junio y fue porque alguien me dio algunas pinceladas de su vida y sus negocios. De sus empresas, sólo conocía Tesla y eso porque un amigo mío americano que vive en Houston tiene un Tesla S y un día que fui a verle me dejo dar una vuelta en él. ¡Qué gozada! Entonces, ¿por qué? Sólo encuentro una respuesta convincente. Sus sueños. Creo sinceramente que a Elon Musk, con todas las miserias humanas que pueda tener, como casi todo el mundo, podrían aplicársele perfectamente algunos de los versos del poema “If” de Rudyard Kipling que cito a íntegro a continuación en una traducción libre mía:

“Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todo a tu lado es cabeza perdida y te lo achacan.

Si puedes mantener la confianza en ti mismo cuando todos dudan de ti y, no obstante, ser indulgente con sus dudas.

Si sabes esperar sin desalentarte en la espera, o siendo engañado no contestas con engaño, o siendo odiado no respondes con odio y, aún así, sabes no parecer demasiado bueno o demasiado sabio.

Si eres capaz de soñar y evitar que los sueños te dominen.

Si puedes pensar y no convertir tus pensamientos en consignas.

Si puedes codearte con el Triunfo y el Desastre y tratar a estos dos impostores por igual.

Si puedes soportar ver tus palabras falseadas por embaucadores que han hecho de ellas trampas para idiotas o ver rotas las cosas por las que has dado tu vida y lanzarte de nuevo a construirlas con gastados instrumentos.

Si puedes hacer un cúmulo con todas tus pertenencias y arriesgarlas de una vez a cara o cruz y, si pierdes, empezar otra vez desde el principio sin nunca suspirar por lo perdido.

Si puedes obligar a tu corazón y a tus nervios y a tus fibras a que te apoyen aún después de haberlos perdido y, de este modo, hacerlos proseguir cuando sólo tu voluntad les dice: ¡Aguantad!

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud o caminar con reyes sin perder la sencillez.

Si ni enemigos ni amigos del alma pueden dañarte.

Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.

Si puedes llenar cada inexorable minuto con sesenta segundos valiosos, tuya es la tierra y cuanto la llena y –lo más importante–, ¡serás hombre, hijo mío!”

Por todo esto, en Julio del año pasado, cuando publiqué un post con mi comentario sobre la encíclica “Laudatio si”, del Papa Francisco, decía: “Creo que el Papa debería haberse asesorado para esto por un panel de expertos en las tecnologías de vanguardia formado a tal efecto. No estaría de más que hubiese tenido una charla con Bill Gates, Tim Cook o Elon Musk, por citar algunos, o con los investigadores de Universidades –casi todas americanas, que es donde la Universidad colabora con la empresa– en las que se están llevando a cabo desarrollos tecnológicos pioneros”. Si yo, que no soy más que un pobre profesor de una pequeña gran universidad española, conozco y reconozco a Elon Musk como un líder mundial en sostenibilidad, ¿no sería razonable que el Papa, al asesorarse sobre una encíclica que va dirigida a toda la humanidad para hablarles de ecología, además de pedir opinión a las personas que le hayan parecido bien, hubiese tenido un capítulo de asesoramiento con personas como Elon Musk? Ayer leí que Google ha hecho una inversión para obtener el 15% del mayor parque eólico del mundo que se va a hacer en Kenia. ¿No debería el Papa haber tenido una conversación con Larry Page y los promotores de ese campo eólico antes de escribir esa encíclica? Creo que los Papas, que han demostrado en el último tercio de siglo ser los líderes mundiales más respetados, podrían ser los instigadores de esa simbiosis entre genios creadores de los seis frentes. Pero me temo que Francisco ha desaprovechado una oportunidad en el campo científico y económico. Oportunidad que podía haber tenido un germen en la preparación de esta encíclica.

Os adjunto unos links para aquellos que quieran ampliar.


Estos links muestran la parte asombrosamente admirable de Elon Musk y sus empresas. Pero si leéis la entrevista que le hacen en Marie Claire a su primera mujer, uno puede asomarse a la parte más miserable del personaje, aunque no más miserable que muchísima gente y teniendo en cuenta, además, que quien lo cuenta no es imparcial.





[1] Aunque Husserl se asustó de su ruptura con el idealismo kantiano y dio marcha atrás, inició un camino por el que seguirían muchos filósofos en busca de la salida del laberinto.