10 de enero de 2008

¿Cómo pudo aparecer la vida? II

Tomás Alfaro Drake

Este artículo es el 10º de una serie editada en este blog. Los nueve anteriores son, por orden de aparición: "Dios y la ciencia", "La creación", "¿Qué hay fuera del universo?", "Un universo de diseño", "Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?", "Un vano intento de encadenar a Dios", "Y Dios descansó un poco, antes del 7º día", "De soles y supernovas" y "¿Cómo pudo aparecer la vida? I".

La segunda teoría en pugna para explicar la aparición de la vida nace del desencanto producido por la presunción de “imposibilidad” de la primera. Su primer proponente, Carl Sagan, era uno de los decepcionados, pero consiguió “colar” esta segunda teoría en la Enciclopedia Británica. Si la primera hacía hincapié en la custodia de la información necesaria para la vida, el ARN, y en su duplicación, la segunda lo hace en las reacciones metabólicas administradoras de energía. Tal vez por eso la teoría se llama “metabolismo primigenio”. Escuchen: En algunas cavidades microscópicas de la superficie de una roca, o en otro tipo de “burbuja” natural que las aísle del medio externo, pudieron reunirse fortuitamente algunas sustancias orgánicas reactivas, muy comunes, que iniciasen una reacción metabólica muy simple, pero capaz de reducir localmente la entropía. Posteriormente, esa reacción se iría perfeccionando haciéndose cada vez más eficaz. Tal vez por esta mezcla aleatoria de sustancias orgánicas en una cavidad, se ha dado a esta teoría el nombre coloquial de “el mundo en una bolsa de basura”. Cuenta esta teoría con la ventaja de que no requiere moléculas especiales como las que forman el ARN. Vale casi cualquier sustancia orgánica común, por lo tanto su probabilidad es mucho mayor. Pero uno de sus talones de Aquiles es que, al no estar almacenada la información de los componentes de esa reacción química, difícilmente podrían reproducirse las bolsas de basura más eficaces y proliferar. Si una bolsa de basura se dividiese en otras dos, lo normal es que las dos hijas no tuviesen la mezcla necesaria para mantener la reacción. Nacerían, por tanto, “muertas”. Hay otras dificultades que prefiero citar textualmente de los contrarios a esta teoría, como Steven A. Benner: “... la mayoría de las sustancias orgánicas, cuando se les aporta energía, [...] se convierten en algo parecido a asfalto, más apropiado para la construcción de carreteras que para el inicio de la vida. Pero los modelos que sugieren un origen ‘metabólico’ de la vida, desde el momento en que se basan en cualquier tipo de moléculas reales, también se enfrentan a esa paradoja: las moléculas suficientemente reactivas como para participar en un metabolismo lo son, así mismo, para descomponerse”.

Así que parece que tampoco esta teoría vale para mucho porque, además, si el ritmo de degradación de las moléculas es mayor que el de su reproducción la supuesta “vida”, está condenada al fracaso desde su nacimiento. Por si todo esto fuera poco, ni una sola de ambas hipótesis sobre la aparición de la vida cuenta con el mínimo soporte experimental para ser sostenible y, lo que es peor, nunca podrán tenerlo porque el contraste entre ínfimas probabilidades y miles de millones de experimentos no es algo reproducible. Y como todo científico sabe, sin demostración experimental no hay ciencia. De modo que tendremos que admitir que cuando los científicos apoyan una u otra de estas teorías, no lo hacen como científicos. Lo harán como autores de novelas de ciencia ficción o, en el mejor de los casos, como filósofos y, posiblemente, como malos filósofos. Y me parece excelente que los científicos filosofen como cualquier ser humano que busca la sabiduría, pero que no pongan a sus especulaciones la etiqueta de CIENTÍFICA y que admitan que otras especulaciones filosóficas tienen, al menos, tanto valor como las suyas. O más si la tijera de Occam juega a su favor.

¿Tendría razón Jacques Monod cuando decía que “el universo no estaba preñado de vida sino que nuestro número salió en el juego de la ruleta”? En el próximo artículo plantearé mis propias ideas al respecto y someteré todo a la tijera de Occam. Pero parece indudable que Monod tiene más razón que los que afirman gratuitamente que la vida es un fenómeno espontáneo y ubicuo que aparece por todas partes en el universo.

1 comentario:

Juan-Luis dijo...

Hola Tomás:

Recopilando tus post's sobre esta serie para un amigo, he construido este "índice de enlaces" que comparto con el resto de tus lectores para su comodidad.

Un abrazo.

"Dios y la ciencia":
http://tadurraca.blogspot.com/2007/08/la-ciencia-aleja-o-acerca-dios.html

"La creación": http://tadurraca.blogspot.com/2007/08/la-creacin.html

"¿Qué hay fuera del universo?": http://tadurraca.blogspot.com/2007/09/qu-hay-fuera-del-universo.html

"Un universo de diseño": http://tadurraca.blogspot.com/2007/09/un-universo-de-diseo.html

"Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?": http://tadurraca.blogspot.com/2007/10/si-no-hay-diseador-cul-es-la-explicacin.html

"Un vano intento de encadenar a Dios": http://tadurraca.blogspot.com/2007/10/un-vano-intento-de-encadenar-dios.html

"Y Dios descansó un poco, antes del 7º día": http://tadurraca.blogspot.com/2007/11/este-artculo-es-el-7-de-una-serie.html

"De soles y supernovas": http://tadurraca.blogspot.com/2007/12/de-soles-y-supernovas.html

"¿Cómo pudo aparecer la vida? I": http://tadurraca.blogspot.com/2007/12/cmo-pudo-aparecer-la-vida-i.html

"¿Cómo pudo aparecer la vida? II": http://tadurraca.blogspot.com/2008/01/cmo-pudo-aparecer-la-vida-ii.html