6 de enero de 2008

Sobre Simone de Beauvoir

Tomás Alfaro Drake

Dentro de tres días, el 9 de Enero del 2008 será una efemérides en el santoral del posmodernismo existencialista. Hará cien años que nació Simone de Beauvoir. Naturalmente, tendremos una saturación de liturgia del “coro de los grillos que cantan a la luna”. Simone, la defensora de la dignidad de la mujer, Simone, la madre del feminismo, Simone, la paladina de la liberación sexual, Simone, por aquí y por allá, en periódicos y universidades, en novedades editoriales y comentarios de sesudas tertulias intelectuales. Pero hoy, 6 de Enero, el diario El Mundo trae a sus páginas un largo artículo sobre un libro esclarecedor. Lo ha escrito Daniéle de Sallenave, antigua admiradora de Simone, existencialista hasta la frente en otras épocas, intérprete, también en otras épocas, de las “Memorias” de Beauvoir en clave dogmática, ganadora del premio Renaudot en 1980. El título es “Castor de gerre” (Ediciones Gallimard) y cuenta la realidad de la relación Sartre-Beauvoir. Parece que a Sallenave le ha llegado a interersar más la verdad sobre esta relación que todos los mitos tejidos sobre ella. A través del epistolario –¿dónde mejor que en las cartas se muestra uno como es?– Sallenave descubre a un Sartre, frío como amante, machista, autoritario y celoso. Nos dice El Mundo sobre el libro: “Admitía (Sartre) los tríos y toleraba los amores sáficos, pero no por razones de apertura mental (sic) ni de promiscuidad espontánea. Más bien porque le gustaba ejercer de macho cabrío en el sitial del harén y abusar de sus poderes. [...] Sartre se había encerrado bajo la llave de la náusea, la negación y el fatalismo... [...] Daniéle Sallenave denuncia que la musa de Sartre perseveró en la sumisión, la posición gregaria y la complacencia. El filósofo había construido una "prisión dogmática" (sic en el libro de Sallenave) dentro de la cual se dejó encerrar Simone de Beauvoir. [...] No iban (a la Unión Soviética) a beber la sangre de Stalin ni a rejuvenecer en la provocación. Sartre, y con él Simone, se desplazaba a Moscú para acostarse en el lecho de Lena Zonina, espía de la KGB a sus espaldas y coartada de la virilidad del filósofo. Daniéle Sallenave reconoce que (Simone de Beauvoir) se ha convertido en un icono de la emancipación, aunque la imgen superficial desafina con el mito: frágil, sumisa, celosa, subalterna, manipuladora... y claudicante”[1].

Más abajo, en la misma página de “El Mundo”, su corresponsal se plantea preguntas del estilo de: “¿Qué fue de Simone de Beauvoir? ¿Hasta dónde ha llegado su influencia? ¿Qué recuerdo conservan de ella sus sacerdotisas (sic)?” Y nos da las respuestas de algunas de éstas, a las que llama “supervivientes de la bocanada existencialista”. Juliette Greco: “Las mujeres tenemos mucho que reconocerle. Nos abrió las puertas de la emancipación y de la autoestima”. Simone Veil: “Reconocerle los méritos que supusieron sus esfuerzos a favor de la dignidad de la mujer. [...] ...nos ha enseñado a asumirnos como mujeres”.

Debo confesar que, a pesar de las últimas líneas, he leído esta página de El Mundo como una bocanada de aire fresco. Bocanada que quedará, con toda seguridad, asfixiada dentro de tres días, pero aire fresco, al fin y al cabo. Sin embargo, tras respirar ese aire, me pregunto. ¿Dónde nos hemos perdido? ¿Cómo nos hemos dejado engañar? ¿Por qué nos hemos dejado encerrar en esta "prisión dogmática"? ¿Hasta cuando pagaremos las consecuencias de este engaño? No sé explicarme qué pasa en un mundo que rechaza la auténtica dignidad para llamar dignidad a esto.
Lo mismo que Camus –salvando las distancias entre un Camus honesto y un Sartre depravado–, Sartre no pudo aguantar su "encierro bajo la llave de la náusea, la negación y el fatalismo". En sus últimos años, tal vez recordando Barioná, empezó a vislumbrar su añoranza de una esperanza negada para sí y para otros. Su círculo más íntimo, Simone de Beauvoir incluida, le tachó de debilidad mental y senilidad. Testigo de ésto la serie de entrevistas con su secretario Pierre Victor o, si se prefiere, Benny Levy. Beauvoir y su entorno intentaron evitar a toda costa la publicación de estas entrevistas en Le Nouvel Observateur, llamando a Jean Daniel, su director, para que no las publicase. Sartre, tan sólo, unos días antes de su muerte, le llamó para "imponer" su publicación. Es significativo el título de esta serie de entrevistas: "La esperanza, ahora". Después de muerto Sartre, Simone, su compañera del alma, narra con enorme crudeza su declive y senilidad en su libro “La ceremonia de los adioses” en la que asegura que esa entrevista no fue más que una retractación de su ateísmo arrancada malvadamente a un anciano. "Sartre se dejó convencer por una aventura bastante imbécil... como muchos ex-maos, Victor se ha vuelto hacia Dios..." nos cuenta su entrañable compañera. ¿Venganza por su "claudicación? Tal vez. Pero mucha gente, demasiada, ha pagado la pose y el engaño intelectual del existencialismo con una vida vacía y sin sentido. Muchas veces truncada por el suicidio. Porque no es sano convivir con el vacío y menos aún si éste es mentira. La esperanza llegó tarde para mucha gente y tal vez siga llegando tarde si no se da la voz de alarma a tiempo. Tal vez debió llegar con Barioná, en 1940, de la mano del Sartre-Baltasar. Pero, a diferencia del desenlace de esta obra, en la realidad, al menos hasta 1980, ganó Sartre-Barioná.

Pero, en esta bocanada de aire fresco que me ha traído El Mundo se cuela la frase que he reseñado antes. “Admitía (Sartre) los tríos y toleraba los amores sáficos, pero no por razones de apertura mental...” Aceptamos, tácitamente, en esta cultura posmoderna que nos rodea, que admitir y tolerar los tríos y los amores sáficos es un síntoma de apertura mental. Me pregunto cómo la enfermedad de la posmodernidad se nos ha podido colar entre el sistema inmunitario del sentido común y la más elemental salud ética. Quedo emplazado para dar un intento de respuesta personal a esto.
[1] Diario “El Mundo”, Domingo 6 de Enero del 2008. Sección de cultura, pag. 43.

2 comentarios:

Fabián dijo...

Tomás: me han compartido algo que quiero compartir con vos: un premio a los blogs que hacen pensar. Lo podés retirar en http://padrefabian.com.ar/?p=195

Anónimo dijo...

Se siente un rencor tan profundo en tus palabras que se da uno cuenta inmediatamente de dos cosas 1. Que tu tambien estas en una prision mental. 2. Que primero miras la vida del intelectual, y luego su obra.
Ojala algun dia madures.