7 de febrero de 2008

Sobre el cambio climático

Tomás Alfaro Drake

Debo confesar que tras lo que pueda saber, poco o mucho, acerca del problema del cambio climático –más bien muy poco, puesto que nadie sabe mucho y yo desde luego soy de los que menos sé–, mi actitud se puede resumir en una palabra. Perplejidad. Intentaré explicar esta perplejidad y, a pesar de ella, expresar mi tímida opinión –si se le puede llamar así– sobre lo que pueda ser razonable hacer al respecto.

Causas de mi perplejidad:

1ª Todos los estudios sobre el cambio climático están basados en modelos computacionales que, necesariamente tienen que ser simplistas por dos motivos;

a) La inmensidad de las relaciones entre los miles de elementos que conforman el clima.
b) Nuestra enorme ignorancia sobre la inmensa mayoría de esos elementos y sus relaciones.

Por ejemplo; en gran medida, se ha reducido prácticamente el problema a la presencia de CO2 y metano en la atmósfera, pero ignoramos casi todo sobre los ciclos de realimentación del CO2 con los mares y seres vivos[1], corteza terrestre, manto subyacente, etc, o de la producción natural y antropogénica de metano[2]. Se ha pasado de refilón sobre cuestiones como la variación del albedo[3] terrestre inducido por el cambio climático mismo. Ciertos modelos que en las anteriores conclusiones del PICC[4] eran considerados valiosos, han desaparecido del panorama como irrelevantes[5].

Sin embargo, el PICC es lo más serio que puede haber en la materia y hay una casi absoluta unanimidad entre todos los científicos que lo integran acerca de la altísima probabilidad de que las influencias antropogénicas estén produciendo una clara tendencia hacia el calentamiento global, con consecuencias de extrema gravedad para el futuro del mundo. Por otro lado, otros científicos, no incluidos en el panel y, a veces –aunque no siempre–, auspiciados por intereses contrarios al cambio climático, son extremadamente críticos con sus conclusiones.

2ª Muchos estudios están teñidos de ideología o de intereses.

a) La ideología conservacionista, impregna el pensamiento dominante de la comunidad científica y de la sociedad. Muchos científicos, como seres humanos que son, no son inmunes a la influencia social y consecuencias para su carrera que pudiera tener ser críticos con ese pensamiento dominante.
b) Hay poderosos intereses económicos, que muchas veces se han caracterizado por practicar la política del avestruz, que quieren hacer prevalecer el “aquí no pasa nada, todo es agitación de los verdes insensatos”.
c) Los países emergentes no quieren saber nada –y no les faltan razones para ello– de lo que pueda suponer un freno a su progreso. Ahora que llegan a la fiesta, no admiten que los gordos les digan que no pueden tomar pastel porque engorda.
d) Los países productores de combustibles fósiles, se oponen a que se tomen medidas que puedan afectar a sus fuentes de ingresos.

3ª Los modelos utilizados por el PICC, cuestionables a escala planetaria, son excesivamente burdos para decir en qué zonas geográficas y con qué intensidad se manifestarán de forma especialmente cruda las consecuencias del cambio climático.

4ª No hay conclusiones claras sobre el impacto en la economía de:

a) Los costes de mitigar las causas del cambio climático. Algunas estimaciones hablan de un impacto negativo del 3% anual en el PIB mundial.
b) Los efectos si realmente se produjese el cambio climático. La horquilla que se baraja habla de impactos negativos entre el 5 y el 20% anuales.

No está claro cómo se repartirían esos impactos entre distintos países, aunque parece muy improbable que haya una mínima superposición entre las zonas que más lo padecerían y las que más esfuerzo deben y pueden hacer para evitarlo. En particular, es muy posible que determinados esfuerzos de mitigación puedan frenar drásticamente el crecimiento de los países emergentes o generar hambrunas en los menos desarrollados.

5ª No está claro el decalaje de tiempo entre las medidas de mitigación y los resultados de las mismas, ni la relación directa causa-efecto entre medidas mitigadoras y su efecto mitigador real.

6ª En tiempos geológicos se han producido, sin la intervención del hombre, cambios climáticos de mucha mayor envergadura que el que parece que se puede avecinar. Mínimas variaciones en la órbita terrestre o en la inclinación del eje de rotación de la Tierra o en la actividad solar pueden tener efectos enormemente mayores en el clima que los causados antropogénicamente. Sin ir más lejos, hay indicios científicos de que el Sol puede estar entrando en un ciclo de baja actividad que haga que el peligro en el próximo ciclo sea una glaciación en vez de un calentamiento global. Por supuesto que estos análisis también deben ser tomados, por muy científicos que sean, con la máxima cautela, porque pueden estar también contagiados por objetivos espúreos. Sin remontarnos a épocas prehistóricas, los resultados de recientes modelos, publicados en Nature en 2005[6], parecen indicar que hacia el año 1100-1200, hubo en la Tierra un calentamiento similar al que se está produciendo en la actualidad, seguido de una época conocida como la pequeña glaciación, hacia 1550-1750, en donde la temperatura fue notablemente más baja que en la actualidad[7]. Estos modelos vienen a poner en entredicho otros publicados en 1999[8] en los que se hablaba de una curva de temperaturas plana desde el año 1000 con una brusca subida, históricamente inédita, a partir de la era industrial. Esta curva de temperaturas, a la que se ha bautizado con el nombre de “palo de hockey”, ha sido utilizada como arma arrojadiza por los partidarios de la altísima probabilidad del cambio climático. Tras ser la “estrella” del PICC del 2001, el “palo de hockey” ha desaparecido misteriosamente en el del 2007, aunque Al Gore siga usándolo como vedette en su “incómoda verdad”.

Lo que sí está meridianamente claro es que la concentración de CO2 atmosférico ha aumentado dramáticamente en la era industrial, llegando a ser un 30% superior al nivel alcanzado en la época preindustrial, aunque también es cierto que ha alcanzado cotas altas en otras épocas geológicas en las que dicho crecimiento no podía achacarse al hombre porque ni siquiera había aparecido sobre la faz de la Tierra.

7ª La obtención de energía por medios alternativos que no estén basados en el uso de combustibles fósiles plantea arduas disyuntivas difícilmente calibrables.

Por un lado están los bioalcoholes y biodiéseles. Tienen la ventaja de que todo el CO2 que producen al quemarse lo han secuestrado de la atmósfera en los años de crecimiento de las plantas a través de la función clorofílica, por lo que su aporte de este gas invernadero es nulo en el horizonte de la vida de cada planta. El petróleo y otros combustibles fósiles, también tienen un origen orgánico, pero el carbono que poseen lo secuestraron de la atmósfera hace cientos de millones de años, por lo que al quemarse, todo el CO2 es, por así decirlo, añadido. Sin embargo, su la producción de biocombustibles entra en competencia con la producción agrícola para la alimentación humana y animal (que en última instancia es también para la alimentación humana), con el consiguiente encarecimiento de los alimentos. Se estima que el consumo en biocombustibles de un coche que recorriera 20.000 Km requeriría siete veces el consumo de grano de la dieta anual de una persona. Por otro lado, en Brasil, país pionero en la producción de biocombustibles, una parte importante de su superficie de cultivo a procedido de la deforestación de la selva amazónica, lo que, evidentemente, supone desnudar a un santo para vestir a otro. Además, para producir un Kw-h con estos biocombustibles, habría que gastar entre 0,5 y 0,8 Kw-h en el proceso. Si esa energía se produjese con combustibles fósiles, gran parte de su ventaja de no aportar CO2 a la atmósfera quedaría diluida. Es interesante reseñar que en el caso de los combustibles fósiles, basta con gastar tan sólo 1 o 2 Kw-h para obtener 100 Kw-h. Sin embargo, esta eficacia es, como se ha dicho, a costa de una gran liberación de CO2. Es preciso reconocer que, en ausencia del problema del efecto invernadero, los combustibles fósiles son un auténtico tesoro, un gran regalo de la naturaleza, guardado durante cientos de millones de años, que nos ha permitido un progreso impresionante.

La energía eólica y la solar están sujetas a variaciones metereológicas que las inhabilitan para ser la base del suministro energético estable. Además, las células fotovoltaicas requieren del uso de titanio, material escaso y peligroso no degradable.

Los costes humanos de la construcción de grandes presas para la generación hidráulica son inabordables (desplazamientos de grandes masas de población, anegamiento de pueblos, pérdida de superficie cultivable, etc), al menos en países desarrollados.

De las energías actualmente disponibles, sólo la nuclear, a pesar de los problemas que plantea, parece que pueda ser la base de la producción energética, ya que tampoco arroja absolutamente nada de CO2 a la atmósfera. Sin embargo, únicamente en el último informe del PICC se aboga directa y claramente por esta forma de producción de energía que ha sufrido desde hace más de treinta años la terrible acometida propagandística de los grupos ecologistas. Como anécdota, es curioso reseñar que James Lovelock, ecologista y padre de la teoría Gaia, de la que hablaré más adelante, ha decidido apoyar la energía nuclear el día que le plantaron un generador eólico en el idílico entorno de su casa.

Por otro lado, nuevas tecnologías, todavía no desarrolladas, podrían ser una alternativa. Entre ellas está la del hidrógeno. La combustión del hidrógeno es totalmente limpia, puesto que el único subproducto de la misma es agua. Pero la cultura del hidrógeno tiene más de mito que de realidad factible. No existe hidrógeno libre en la Tierra, por lo que hay que producirlo. Esto se puede hacer de dos maneras. La primera a partir del cracking de hidrocarburos, como se hace con la gasolina. El problema que esto plantea es que al quitar el hidrógeno de los hidrocarburos, lo que queda es CO2, por lo que su supuesta limpieza de gases invernaderos queda inmediatamente eliminada. La segunda manera de obtener hidrógeno libre es a partir de la electrolisis del agua. Pero en este caso, se gasta más energía en producirlo –amén de transportarlo– que la que da cuando se quema. Por lo tanto la energía obtenida de él es tan limpia como lo sea la que se usa para obtenerlo, por lo que el problema queda sin resolver. Además, el transporte del hidrógeno es enormemente problemático pues hay que licuarlo, para lo cual hay que almacenarlo y transportarlo a temperaturas muy bajas –el hidrógeno no se puede licuar temperaturas superiores a -252º (el cero absoluto es -273º)– y, aún así, se producen cuantiosas pérdidas. Por último, las pilas de hidrógeno con las que habría que equipar a todo motor que quisiese usarlo como combustible, requieren de cierta cantidad de níquel. Si todos los automóviles instalasen estas pilas, no está claro que hubiese suficientes reservas de este elemento en la Tierra.

Otra tabla de salvación para evitar inyectar CO2 en la atmósfera, es secuestrarlo en el momento en que se produce. Aunque todavía no es una tecnología totalmente desarrollada, las centrales térmicas de nueva generación deberían tener los dispositivos necesarios para capturar el CO2 que producen e inyectarlo, bien en el mar a gran profundidad, donde se disolvería, bien en zonas profundas y porosas de la corteza terrestre que lo retuviesen hasta que la tectónica de placas lo llevase de nuevo al manto en escalas de tiempo geológicas. Esto, como es lógico encarecería notablemente la energía.

La energía de fusión nuclear, sí que sería la panacea energética del mundo. Es una energía completamente limpia, tanto desde el punto de vista del efecto invernadero como desde el radiactivo, cada gramo de hidrógeno fusionado en helio produciría una energía inconmensurablemente mayor de la necesaria para su electrolisis y su suministro sería prácticamente inagotable a partir del agua de los mares. Pero parece que es algo que no estará disponible en el horizonte de tiempo que se requiere. Entre los científicos se dice jocosamente que para la energía de fusión faltan siempre cincuenta años.

8ª Las medidas de ahorro energético –edificios, automóviles, aparatos eléctricos, bombillas de bajo consumo[9], etc.– son absolutamente indispensables y hasta es muy posible que tengan un efecto positivo sobre la economía. Pero no conviene subestimar los posibles efectos segundarios de algunas de ellas. Por ejemplo, las llamadas bombillas BFC (Bombillas Fluorescentes Compactas), cuyo consumo se está fomentando masivamente –consumen el 25% de la energía de una bombilla normal–, contienen alrededor de 5 miligramos de mercurio cada una. En Estados Unidos se estima que se han vendido en 2007, dos mil millones de unidades, lo que representa el 5% del total. En Australia hay un programa para que en el 2010, todas las bombillas sean BFC. Si en USA todas las bombillas fuesen BFC, el mercurio usado para su fabricación sería de 200 Tm. al año. Actualmente en USA se reciclan tan sólo el 25% de esas bombillas, si bien hay estados, como Vermont, en el que los índices de reciclaje son más elevados. El mercurio de las bombillas no recicladas acabaría indefectiblemente en el mar. A título estimativo, en una lata de atún, no debería haber más de dos décimas de miligramo de mercurio[10].

9ª No están debidamente calibrados los retos tecnológicos que serían necesarios para conseguir llevar a la práctica las medidas mitigadoras.

10ª No es imposible que la Tierra tenga mecanismos de realimentación negativa que puedan contrarrestar por si mismos los efectos antropomórficos, aunque, de ninguna manera está claro que estos posibles mecanismos de realimentación y la duración de su ciclo de compensación, caso de que éste existiese, fuesen compatibles con la solución del problema.

A pesar de la perplejidad que me causa todo lo arriba enunciado, no puedo evitar sacar algunas conclusiones por inseguras y vagas que sean.

1ª Tenemos una obligación moral ineludible con las generaciones venideras para legarles un mundo en el que puedan habitar con dignidad.

2ª Ante la inédita gravedad para la historia del hombre sobre la Tierra de las consecuencias del cambio climático, si llegase a producirse, la actitud del avestruz me parece miope hasta el suicidio.

3ª Ante las incertidumbres, aunque pequeñas, de la realidad y envergadura del proceso de cambio climático, del posible coste de las medidas mitigadoras y de la correlación entre su puesta en marcha y el logro de sus objetivos, creo, aunque lo que voy a decir parezca una perogrullada, que es necesaria una gran prudencia en la actuación. Debemos ser muy selectivos a la hora de decidir qué medidas mitigadoras deben y cuales no deben ponerse en marcha, sin que este carácter selectivo de las medidas de mitigación suponga falta de energía o aplazamientos peligrosos.

Por tanto, tanto la política del avestruz como la de “hágase todo a cualquier precio”, me parecen actitudes peligrosamente erróneas. Sin embargo, dada la inercia que supone el iniciar un programa de actuación enérgico, no me parecen negativas actuaciones mediáticas, tal vez un tanto exageradas desde un punto de vista analítico, pero movilizadoras desde el punto de vista de la acción. Me refiero, naturalmente, a todo el montaje mediático de Al Gore y su “Verdad incómoda”, si bien, debería evitarse el recurso a modelos puestos en entredicho.

4º Creo que, sea cual sea la realidad y envergadura del problema, la investigación, tanto básica –sobre los mecanismos que rigen el clima, los ciclos del carbono y otros elementos, los procesos de realimentación climática de la Tierra, etc.–, como tecnológica –métodos de ahorro energético, fuentes alternativas de energía, secuestro de CO2, desarrollo de nuevos materiales, etc.–, son oportunidades de desarrollo. Si algo ha demostrado la investigación básica y tecnológica desde que el hombre existe sobre la Tierra, es que, con independencia de cuales hayan sido las razones por las que se han emprendido, han dado siempre frutos de desarrollo y creación de riqueza en todos los campos de la actividad humana. No es descartable –sino que más bien es bastante probable– que este nuevo reto produzca ese fruto, superándose de esta manera la estimada disminución del 3% del PIB de las medidas mitigadoras.

5ª Me parece de justicia elemental que los costes de las medidas de mitigación que se adopten no perjudiquen –o lo hagan en la mínima medida posible– el progreso de los países en desarrollo o infradesarrollados. Creo que esta situación brinda a la humanidad una oportunidad para desarrollar con generosidad su sentido de la justicia distributiva.

6ª Esta situación debería ser, para los habitantes del mundo desarrollado, una llamada de atención que fomentase una mayor austeridad en nuestras costumbres, algo que no nos vendría mal, aún en ausencia del cambio climático.

Me voy a permitir, por último, una reflexión, de tipo más existencial y filosófica que científica o económica, pero que surge, creo que inevitablemente, ante esta encrucijada, probablemente la más ardua de su historia, en la que se encuentra la humanidad. Los juicios sobre esta situación pueden enfocarse desde dos posibles cosmovisiones[11].

La primera es la cosmovisión existencialista. Según ésta, el hombre es un ser que ha aparecido en el cosmos por puro azar, sin que su existencia tenga ningún sentido o finalidad. Es una simple colocación accidental de los átomos, una pasión inútil. Desgraciadamente, esta cosmovisión, por razones inexplicables, es la que está intelectualmente de moda. La teoría de Gaia, de la que hablé anteriormente, es una consecuencia de esta cosmovisión. Afirma que la Tierra es un organismo superior, del que los seres humanos somos meros parásitos. Mientras no la molestemos demasiado, nos tolerará, pero si la despertamos, acabará con nosotros con reacciones como el cambio climático. Si esta cosmovisión es cierta, el hombre no está diseñado para los retos que tiene que abordar ni, mucho menos, viceversa. Sería como si en el proceso educativo de una persona se eligiese al azar si el examen que tiene que pasar a los ocho años es el de 5º de ingeniería, 4º de filosofía, 1º de BUP o 3º de primaria. Tarde o temprano, más bien temprano, suspendería el examen. Y el suspenso puede suponer, en el caso de los retos de la Tierra, la muerte. A lo más que podríamos aspirar es a hacer pellas, a pasar desapercibidos ante este gigantesco organismo de Gaia, aunque sea a costa de la miseria de millones de esas pulgas que son los seres humanos para esta cosmovisión. Si es así, ¿cómo podemos ser responsables ante las futuras generaciones? Pero ni esta cosmovisión, ni mucho menos la teoría Gaia, están respaldadas ni científica ni filosóficamente.

La segunda cosmovisión sería la de que el hombre es la finalidad del universo y que éste existe, precisamente para que aquél aparezca. Esta cosmovisión se está viendo cada vez más respaldada por teorías con base científica –naturalmente, de la ciencia del siglo XX y XXI, no la decimonónica–, aunque en ninguna forma demostrativas, que podrían englobarse bajo el paraguas del universo de diseño inteligente[12]. Naturalmente, si esta cosmovisión fuese cierta, no sería, de ninguna manera, una patente para el quietismo. Quienquiera que sea el diseñador, nos ha dotado de una inteligencia para, a través del desarrollo tecnológico y ético, vencer los obstáculos que se nos presenten en el camino hacia la finalidad para la que hemos sido diseñados. Tendríamos que prepararnos arduamente cada examen, pero nos encontraríamos cada vez con el examen para el que estamos preparados. Visto así, sería un buen diseño del plan de estudios de ese profesor-examinador que justo al agotarse –o volverse demasiado peligroso– el regalo de la sustancia orgánica enterrada y transformada en petróleo a lo largo de los últimos cientos de millones de años, nuestra tecnología nos permitiese utilizar el recurso inagotable del agua del mar mediante la fusión nuclear. Tal vez el examen que tengamos que superar sea de dos asignaturas: la de tecnología, y la de salvar éticamente el lapso entre una situación y otra. Me permito acabar con una cita de los salmos:

“Él (el Señor) convierte los ríos en desierto,
los manantiales en tierra árida;
transforma la tierra fértil en campo de sal,
por la maldad de sus habitantes.
Convierte los desiertos en estanques,
y la tierra reseca en manantial,
para establecer allí a gente hambrienta,
que funde una ciudad donde habitar,
siembren campos, planten viñas y recojan su cosecha.
El Señor los bendice, se multiplican
y hace que aumente su ganado.
Y cuando son pocos y andan abatidos,
agobiados por desdichas y calamidades,
el que cubre de vergüenza a los príncipes
y los hace errar por desiertos sin veredas,
levanta de la miseria a los pobres,
y multiplica sus familias como rebaños.
Los honrados lo ven y se alegran,
mientras todos los malvados permanecen callados.
El que sea sabio, que tenga en cuenta todo esto,
y medite sobre el amor del Señor”
[13].
[1] No se sabe muy bien, pero parece posible que un aumento de la temperatura del mar fomente la proliferación de crustáceos y moluscos, que tienen gran cantidad de carbono en su caparazón. Carbono que extraerían de la atmósfera, realimentando negativamente el efecto invernadero.
[2] El metano es un gas con un efecto invernadero mucho mayor que el CO2 aunque sus concentraciones en
la atmósfera son mucho menores. Sin embargo, hay recientes estudios, no aceptados por muchos, que hablan de la producción de metano no antropogénico por parte de las plantas, en proporciones mucho mayores que la producción antropogénica. Véase Investigación y Ciencia de Abril del 2007: “Metano, plantas y cambio climático”. Frank Keppler y Thomas Röckman.
[3] El albedo terrestre es la capacidad de la tierra para reflejar la luz solar. Si la tierra reflejase una mayor fracción de la luz del sol, el calentamiento se transformaría en enfriamiento. Las nubes aumentan notablemente el albedo y el calentamiento global incrementaría la nubosidad, por lo que el propio cambio climático induciría una realimentación negativa que haría que se autocompensase. Sin embargo, todo esto no son más que especulaciones factibles pero difíciles si no imposibles de modelizar..
[4] Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. Es el órgano científico de la Convención Marco sobre el Cambio Climático, auspiciada por la Organización Metereológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Lo forman un conjunto de representantes y científicos expertos de más de 120 de países. Tiene su germen en una comisión de distinguidos metereólogos que se reunieron en Cap Cod en 1979 para hacer un estudio sobre el efecto invernadero para la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. En 1989 se reunió por primera vez y cada seis años elabora un informe sobre la verosimilitud y consecuencias del cambio climático. Hasta ahora han tenido lugar cuatro informes; en 1989, 1995, 2001 y 2007. Como todo organismo supranacional, no está exento de fuertes intereses políticos, amén de que muchos países sin potencial científico manden a este panel a personas que más que científicos son comisarios políticos.
[5] Más adelante se hablará del famoso “palo de Hockey”.
[6] A. Moberg et al. 2005, Nature 433: 613-617
[7] Las mediciones de temperaturas y concentraciones de CO2 en tiempos pasados se obtienen de muy diferentes fuentes, como por ejemplo, anillos de crecimiento de árboles fósiles, testigos de hielo de Groenlandia y la Antártida, sedimentos de los fondos de los océanos, isótopos de distintos elementos en diferentes épocas, etc.
[8] Michael Mann et al. 1999 Geophysical Research Letters 26: 759-762
[9] No hay que olvidar entre las medidas de ahorro energético la simple austeridad en el uso de energía por los particulares, especialmente en los países desarrollados. El efecto de que cada persona consumiese un, por ejemplo, 10% menos de energía usando la tecnología disponible en cada momento, sería espectacular.
[10] Investigación y Ciencia, Diciembre 2007, Bombillas tóxicas, David Appell, pag. 10-11.
[11] Dado que la palabra cosmovisión puede sonar demasiado abstracta, doy la “definición” que a mí me parece más acertada de qué es una cosmovisión. No es, estrictamente hablando, una definición. Es una frase sacada del libro “La democracia en América” escrito por Alexis de Tocqueville en 1840. Dice así: “No hay casi acción humana, por particular que se la suponga, que no nazca de una idea muy general que los hombres han concebido de Dios, de sus relaciones con el género humano, de la naturaleza de su alma y de sus deberes hacia sus semejantes. No se puede evitar que esas ideas sean la fuente común de donde surge todo lo demás. Por tanto, los hombres tienen un interés inmenso en concebir ideas muy firmes sobre Dios, su alma, sus deberes generales hacia su creador y sus semejantes, porque la duda sobre esos puntos dejaría al azar todas sus acciones y las condenaría, en cierto modo, al desorden y a la impotencia. Es esa la materia en la que resulta más importante que cada uno de nosotros tenga ideas sólidas y en la que, desgraciadamente, resulta muy difícil que cada uno, dejado a sí mismo y con el sólo esfuerzo de su razón, llegue a fijar sus ideas”.

[12] Véase el libro “The privileged planet. How our place in the cosmos is designed for discovery”; Guillermo González y Jay W. Richards; Regnery Publishing Inc. 2006.
[13] Salmo 107 (106), 33-43.

1 comentario:

Javier dijo...

REFLEXIÓN SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL.

Sino frenamos la contaminación, y si no se hace nada pronto, va a ser demasiado tarde para tomar medidas para desacelerar el calentamiento global, porque va a llegar a tal grado el calentamiento que ya no va a ver punto de retorno y esto solo va a pasar en las próximas décadas. Se dice que en este siglo la temperatura global de la Tierra va a aumentar de 1 a 6 grados, quizás no parece nada a simple vista. Pero el aumento de grado por grado traerá consecuencias muy drásticas. Cuando la tierra alcance el 3er grado de aumento ya no se va a poder hacer nada, porque el calentamiento se va a tornar incontrolable y provocara la desaparición del Amazonas a causa de enormes incendios que van a ser imposibles de frenar, eso es muy grave porque automáticamente provocara que la temperatura suba 1 o 2 grados más. Y bueno al 4to grado, el nivel del mar subirá a causa del derretimiento de los polos de la Antártida, desapareciendo todos los países con costas, o sea que las costas sudamericanas serán las 1eras seriamente afectadas. Aparte el deshielo en la Antartida hoy ya es una realidad. Esta ocurriendo de una forma mas acelerada de lo que se pronosticaba. El volumen que contienen todas las masas de hielo existentes en el planeta, ¡podrían provocar que el nivel del mar subiera de 60 a 70 m! Va a ver supertormentas nunca antes vistas, enormes catástrofes y esto va a pasar mucho antes de lo que pensamos, quizás hasta lo vivamos nosotros, sino es así serán nuestros hijos. Estas son algunas de las innumerables consecuencias que traerá el cambio climático y de hecho quizás hay muchas otras cosas que ni sabemos, y que ni imaginamos que puedan llegar a suceder. El cambio climático ya lo estamos viviendo. Grandes desastres naturales que antes ocurrían cada décadas, ahora cada vez ocurren mas seguidos. Estos fenómenos cada vez ocurren con más frecuencia e intensidad. El desprendimiento de grandes bloques de hielo esta ocurriendo en los en los polos, masas de hielo gigantes de centenares de km. cuadrados. Si bien el desprendimiento de esos bloques que colapsaran no tendrán un efecto en la elevación del nivel del mar, significa una alerta que algo no anda bien, porque esos desprendimientos de esa naturaleza no son usuales, es a causa del calentamiento global según señalan los científicos. Y que es la zona más afectada por el calentamiento, y la Antartida es la zona que mas a sufrido el aumento de temperatura. Evidentemente el planeta nos esta diciendo que esta llegando a su limite, y nos esta advirtiendo. Estamos en la era en que tenemos que tener verdaderamente en cuenta el medio ambiente y aprender a sobrevivir a lo que nos vamos a enfrentar, que va a ser una batalla muy dura por la supervivencia, porque no nos vamos a engañar, poco se va a hacer por esta cuestión, o cuando realmente busquemos una solución ya va a ser demasiado tarde .Y los países subdesarrollados van a sufrir mayor impacto. Esto provocara enormes crisis mundiales por las consecuencias económicas y perdidas humanas. Guerras por la escasez de los recursos naturales, y una de los principales causas será por la escasez del agua. Es muy difícil, porque hay que cambiar la mentalidad de las personas, cambiar nuestras maneras de vivir, y eso no es de un día para el otro. Y hay otros intereses de por medio que juegan ,el afán de lucro y de expansión de los países de 1er mundo y los de en vías de desarrollo, que obstaculizan más aun buscar nuevas alternativas de desarrollo que sean ecológicas, una alternativa por ejemplo es la energía solar y la eólica pero también existe otras posibilidades. Por eso es muy difícil cambiar un sistema ya predominante a nivel global que rige nuestra sociedad. De otra manera se puede decir quizás que el gran culpable sea el sistema capitalista, pero hablando de la fase del desarrollo industrial. Las industrias son las que emanan el gran porcentaje de los gases de efecto invernadero que perjudican el medio ambiente. Pero tenemos que pensar que se va a hacer mucho mas por esta causa y que del hombre se convenza que no hay otra si es que queremos nuestra preservación. El hombre es un animal de costumbre por ese lado quizás surja algo de esperanza, pero no contamos con mucho tiempo. Hay que buscar soluciones para prevenir tales predicciones de catástrofes climáticas que no ocurran y no buscar soluciones para enfrentarlas en el día de mañana. Mas vale prevenir que curar encaja muy bien en este tema. Y creo que una cosa es cierta el costo económico sería enormemente mayor si seguimos en la misma rienda, lo que significa reconstruir ciudades desvastadas por desastres naturales que de hecho ocurre pero se convertirá en algo mas común y con mas poder destructivo, las posibles enfermedades nuevas que pueden aparecer, la escasez de ciertas recursos haría que estos fueron de altísimo costos para conseguirlos, y esto es muy claro, no todos podrán acceder a ellos, serán muy pocos, habrá guerras por los mismos, y bueno a causa del aumento del nivel del mar, los países de menos recursos no se podrán salvar. Y los países mas ricos buscaran soluciones para construir, barreras bloques especies de muros gigantes para evitar que queden bajo agua. Lo que es una injusticia porque quizás unos pocos se puedan salvar, los que tienen mas recursos y son mas poderosos, que a su vez son los que mas contaminan. ¿Sé imaginan lo que podría llegar a ser el costo económico? serian cifras astronómicas, pero lo mas importante
sin duda es el costo humano que esto provocara. Sin duda que en esto la educación va a ser clave, desde los institutos y los hogares. Es la hora de saber realmente y actuar. Ya no se puede seguir ignorando, detalles mas detalles menos, el cambio climático es una realidad y se debe en gran parte a la acción del hombre, de eso no tengo ninguna duda. Yo creo que el clima sufre cambios naturales pero pienso que el hombre ha acelerado ese proceso. Pero aparte pensemos esto, ¿qué es lo que les dejamos a los que vienen a las generaciones futuras y al resto de los seres vivos? Hay gente que piense que quizás esto pueda suceder, pero le restan importancia porque piensan que no les va a tocar en sus vidas o que va pasar en mucho tiempo, pero como dije antes ,con los que vendrán que? Sufrirán las consecuencias de lo que hicieron sus antecesores.
A continuación voy a decir mas en detalle lo que puede provocar el aumento de grado por grado según Mark Lynas en un libro que escribió titulado “Six degrees” (seis grados).
Un grado más: se acabaría el hielo del Ártico.
Lynas plantea la desaparición del hielo del Ártico durante medio año si la temperatura sube solo un grado centígrado más. Además, las mareas podrían sumergir todas las viviendas de la costa de la Bahía de Bengala, entre Birmania e India, donde habitan más de un millón de personas. Habría huracanes en el Atlántico Sur, sequías severas en el oeste de Estados Unidos donde se ubican ciudades como San Diego, San Francisco, Las Vegas y Los Ángeles y se verían cambios inesperados en la agricultura de Inglaterra, donde hay más de 400 viñedos.
Más 2 grados: se acabarían las barreras de coral.
Se aceleraría el derretimiento de los glaciares de Groenlandia. Del glaciar Jakobshavn se desprenderían porciones de hielo que si se derritieran serían suficientes para abastecer con agua potable a todos los habitantes de Nueva York por un año. La extinción de los osos polares no tendría vuelta atrás y los insectos podrían comenzar a migrar a muchas regiones que se han vuelto más templadas, un hecho que ya es evidente en regiones de Brasil, Venezuela y Colombia. La isla-nación de Tuvalu, en el Pacífico sur, podría quedar sumergida por las mareas y las barreras de coral desaparecerían, porque no resistirían el aumento de la temperatura del agua.
Más 3 grados: la amenaza caería sobre la selva del Amazonas
La nieve de los Alpes se acabaría y las olas de calor serían lo normal en el Mediterráneo y en la mitad de Europa central. Los huracanes de categoría 6, peores que ‘Katrina’, serían más frecuentes y la selva del Amazonas podría desaparecer por la proliferación de incendios.
Más 4 grados: desaparecerían Venecia y parte de Egipto. El derretimiento de los glaciares del Himalaya, que alimentan el río Ganges, se produciría antes del 2035. La inundaciones serían frecuentes. Además, sin nieve que produzca agua, habría hambrunas. El norte de Canadá se convertiría en la zona agrícola más prolífica del planeta y los hielos del oeste de la Antártida podrían colapsar elevando el nivel del mar hasta la destrucción de zonas costeras de América Latina. También se inundaría por completo Venecia (Italia) y zonas de Egipto y Bangladesh.
Más 5 grados: no habría agua para Los Ángeles, El Cairo, Lima o Bombay.
Ante un escenario de este tipo, la guerra por el líquido sería inminente, una situación que muchos de los expertos del mundo han anunciado.
Más 6 grados: nos devolveríamos al periodo Cretácico.
Por falta de nutrientes, y ante la extinción de más del 70 por ciento de las especies, el océano se vería azul brillante. Los desiertos avanzarían sobre los continentes. Los desastres serían asunto de todos los días y muchas de las principales ciudades del mundo, como Nueva York, estarían bajo el agua. El mundo podría parecerse al período Cretácico, 144 millones de años atrás, en el que solamente un 18 por ciento de la superficie de la Tierra estaba sobre el nivel de las aguas, cifra que hoy se acerca al 30 por ciento.
Yo estoy convencido y creo firmemente en esto. Además creo que este siglo va ser clave porque va a marcar el rumbo de la humanidad. Creo que estamos en el momento justo de cambiar o condenarnos a la extinción.
Aclaro que acepto y respeto a las personas que no estén de acuerdo, solamente expreso mi pensamiento.
Esto simplemente va dirigido para informar y concientizar.
Yo se que esto no hace mucho, que realmente lo que provocara cambios es la acción, pero la información es muy importante también, la concientización es el 1er paso.
Desde luego que quiero aportar con algo mas pero hasta el momento no se como.
Yo en este momento estoy terminando secundario. Después quiero hacer meteorología para luego hacer licenciatura en ciencias atmosféricas. Porque estoy interesado en estudiar el comportamiento y variabilidad del clima y por la tanto las consecuencias que trae y puede traer el cambio climático.
Si alguien quiere comunicarse conmigo , o si me pueden aconsejar todas las opciones que tengo para estudiar además de ciencias atmosféricas, mi correo es: locomotiv313@hotmail.com
Desde ya doy muchas gracias a este blog por darme la posibilidad de dejar este mensaje y a tantos otros.
Aprovecho a comunicarme a través de estos blogs que tratan sobre el tema del cambio climático o calentamiento global porque la gente que los visitan es mas probable que se interesen por este tema.
Muchísimas gracias.
Un gran saludo