Juan Luis sigue con su conversación. Me dice:
Hola Tomás!Lo bueno de las conversaciones con los muertos, es que pueden prolongarse sin problema.Te diré que mi conclusión tras la conversación sostenida fue (perdoname si puede sonar heterodoxa) que la Pasión de Cristo estaba escrita en la decisión de Adán: desde el momento en que, por el pecado original, quedamos sometidos al sufrimiento, Cristo tenía que venir para dar sentido a ese sufrimiento. De modo que, "haciéndo nuevas todas las cosas", no nos quita las consecuencias del pecado (el dolor) sino que lo sublima, haciendo que algo que nos aleja de Él (unas consecuencias no queridas de un acto de libertad no deseado), se convierte, por la Pasión, en vía de salvación.
Mi hipótesis teológico-especulativa es qeu si el pueblo judío hubiera aceptado a Cristo, la condena a muerte hubiera venido igual, sólo que dictada por los romanos. La Pasión tendría que suceder de todos modos, por los motivos expuestos, pero la Historia de la Salvación habría dado un giro pro-Cristo espectacular.Pero repito, al propio Guardini la hipótesis le plantea obstáculos insalvables qeu no sabe como solucionar, pero que no le llevan a descartar su teoría del "cambio en el plan de Dios" (la hipótesis de que la Pasión no habría sido necesaria si los judíos se hubieran convertido). Lo encarga todo a lo incomprensible del plan de Dios...Abrazo!
Le contesto:
Querido Juan Luis:
Los muertos tienen todo el tiempo del mundo. De hecho no están en el tiempo sino en la eternidad.
Primero, tu conclusión no me suena a heterodoxa y si me sonase, no tendrías por qué pedirme perdón, faltaría más.
De hecho, la primera promesa de redención de Dios al hombre tiene lugar inmediatamente después del pecado de Adán. Es lo que se llama el Protoevangelio, cuando Dios le dice a la serpiente. “Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Tú la morderás en el talón y ellos te aplastarán la cabeza. (Ellos parece según la exégesis que se refiere a la mujer y su linaje, es decir, a María y a Cristo). Aquí no dice si ese aplastarle la cabeza pasaría por la Pasión. Pero la pasión la “exige” la “necesidad” de que nuestro Dios no parezca de ninguna manera un Dios al que le importamos tres pimientos. De hacho, a pesar de la Pasión, uno de los mayores escándalos para la humanidad es el aparente silencio de Dios ante el sufrimiento humano. Sin Pasión sería difícil responder a esto. Ahora bien, que los planes y designios de Dios pueden cambiar según sea la actitud del hombre, su fe y su súplica, queda patente en el pasaje del evangelio que te comenté en la respuesta anterior sobre la mujer sirio-fenicia con su hija poseída por un demonio. Ahora bien, tiene toda la razón Guardini al encargarlo todo a lo incomprensible del plan de Dios... Ese plan es un misterio lleno de belleza que nos será revelado cuando hablemos con los muertos de verdad en la Vida.
Un abrazo.
Tomás
8 de octubre de 2008
7 de octubre de 2008
Sigue mi conversación con Ignacio
Sigue mi conversación con Ignacio. Me escribe:
Hola Tomas ¿Cómo ha estado usted? Sabe tengo un ramo de ética periodística y en un libro que debo leer dice que todos los intentos por desarrollar una ética racional al modo kantiano parecen irremediablemente condenados al fracaso. Esto lo dice en base al surgimiento de los totalitarismos, me imagino que al comunismo y al nacional socialismo, pero por lo que leí de un profesor de filosofía católico es que estos se fundamentaron en Marx y Hegel y no Kant, aunque se que a Hegel le gustaba Kant. Pero yo considero que no es culpa de Kant el cual dice obra queriendo que tu acción sirva de ley universal a todas las personas, por ejemplo quiero que todas las personas no maten, entonces yo tampoco mato, es similar a lo dicho por Jesucristo Haced con los demás como os gustaría que hiziecen con vosotros. Kant habla en contra del egoísmo y de que aunque nunca nadie haya sido fiel, se sabe a priori que es bueno ser fiel. Yo creo que es injusto lo que leí en el libro o más bien ignorancia, lo que yo creo es que los malos razonamientos no invalidan la capacidad de la razón, y obviamente fueron malos razonamientos los de Lenin y los de Hitler.
Le contesto:
Querido Ignacio:Bueno, la afirmación del principio es una afirmación gratuita. La salva de una afirmación absoluta el "parecen" y vuelve al absolutismo con el "irremediablemete" condenados al fracaso. Como el movimiento se demuestra andando y aunque a veces sea difícil de explicar determinados fenómenos hay que intentar buscarle explicación, (esta podría ser la frase resumen de la fenomenología de Husserl) te diré que hay muchas personas que sí han logrado una ética justificada desde la razón. Habrá que explicar este fenómeno en vez de negarlo, ¿no? El hecho de que determinados caminos de búsqueda de una ética racional hayan degenerado en totalitarismos no condena el esfuerzo de la búsqueda de una ética racional al fracaso, sino que requiere una explicación. Si hay algo en lo que no hayan estado basados los totalitarismos, es en la razón. Te recomendaría la lectura del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, que dio tanto que hablar y que tan poca gente ha leído. Sí es cierto que la ética kantiana de "el deber por el deber" sin apoyarse en la razón fundamental de la ética, que es el amor que nos debemos por ser hijos de un mismo Dios que nos ama, se basa en una premisa mayor falsa y por lo tanto condenada al fracaso. Te recomiendo la lectura de mi artículo del blog en el que hablo sobre Kant en la serie "El camino hacia la posmodernidad...". Podrá decirse que la ética del amor basada en ser hermanos en un Dios Padre común no se basa en la razón, sino en la fe. Pero es que la fe se puede analizar desde la razón (no desde el racionalismo, que es distinto de la razón). Con la razón se puede llegar a asumir que lo más razonable es creer en ese Dios (perdona que sea pesado, pero te recomiendo la serie, todavía no acabada en mi blog, sobre Dios y la ciencia) y, a partir de esa premisa mayor llegar a una ética racional (no racionalista) que no lleva a ningún totalitarismo. Pero ojo. Ya te dije en una conversación anterior que todo intento de imponer la verdad es un error. La verdad se busca en comunidad, se propone y se comparte, jamás se impone. Imponerla iría contra la razón (otra vez, Benedicto XVI en Ratisbona). Un abrazo. Tomás
Me contesta otra vez:
Sabes Tomas, no me acuerdo de la dirección de tu blog, me la podrías dar de nuevo y si puedes contarme mas de ti, sabes he leido 2 libros publicados por la universidad catolica de chile, y los autores son mas o menos relativistas, uno se llama darío rodríguez y dice que no se puede transmitir informacion, porque todos somos distintos por diferentes culturas, prejuicios, tradiciones, enseñanzas y en realidad no se puede transmitir un mensaje, ya que todos lo reciben de distinta forma y lo acomodan a lo que son ellos, esa parece que es la teoría de la autopoiesis, hay un biólogo humberto maturana que hizo un experimento con un sapo cambiandole un ojo y se le mostraba alimento y su lengua se dirigía a otro lado. Me da pesar que ciertos profesionales escriban en una editorial como la católica, cuya iglesia y por speaman y benedicto xvi si creen en la verdad y en normas morales absolutas, sin embargo los relativistas infectan con su enseñanza estas instituciones. Perdona que me moleste tanto, es que en todas partes casi se enseña esto, y yo se que no es así, pero le pediré paciencia a mi Dios. Conozco a un teólogo R.C.Sproul, que dice lo mismo que tú o parecido, él dice que el cristianismo es racional pero no racionalista, y me gustaría por favor que tu me expliques esto. Te cuento de mi, tengo 28 años, estudio periodismo, soy bautista y participo en un grupo de jóvenes. Gracias por responderme y que la gracia de Jesucristo sea contigo.
Le vuelvo a responder:
mi blog es:
tadurraca.blogspot.com
La verdad es que a veces yo también me pregunto por qué en editoriales católicas se da cabida a escritos que van contra la esencia del cristianismo. Y no encuentro respuesta. Pero es un hecho. ¿Cómo que no se puede transmitir información? Desde luego, para decir eso hay que estar muy ciego para mirar la realidad. ¿Es que yo no te estoy transmitiendo información a ti? ¿Es que la historia del progreso de la humanidad no es historia de la transmisión de información? Hay gente que se cree que cuanta mayor sea la estupidez y la falta de sentido común de lo que se diga, más "intelectual" es lo que se dice. Y lo peor es que hay gente que se lo publica. Y peor aún es que eso se publique en una editorial de una universidad católica, que, como todos los cristianos, creemos que todo fue hecho por la Palabra. En fin, desconcertante. Pero no por eso vamos a dejar de buscar la verdad, de compartirla y de aquilatarla entre hombres de buena voluntad. Claro que el cristianismo es racional, pero no racionalista. El racionalismo parte de una premisa radical: Una cadena adecuada de silogismos puede descubrir TODA la realidad. Más aún. Lo que no pueda llegar a demostrarse por una cadena de silogismos no forma parte de la realidad. Pero eso es un absurdo en sí mismo. Hay muchas cosas que son reales pero que caen más allá de lo que podemos demostrar por una cadena de silogismos. En el siglo XX el matemático Kart Gödel demostró matemáticamente que en todo sistema lógico formal hay proposiciones que no se pueden demostrar ni como verdaderas ni como falsas dentro de ese sistema. No es que no sean verdaderas o falsas, sino que no se pueden demostrar. Esto se conoce como el teorema de la incompletitud de Gödel y, por sí mismo debería ser la puntilla del racionalismo. Pero las ideas absurdas se resisten a morir. Siempre hay alguien que las mantiene. Esas cosas que están más allá de lo que nuestra razón puede alcanzar mediante silogismos, se llaman misterio y el misterio no es oscuridad, sino exceso de luz, dentro del misterio hay más luz de la que los ojos de nuestra razón pueden captar. En el cristianismo hay misterios, pero eso no quiere decir que vayan contra la razón sino que están más allá de la razón. Son “transnacionales”. Hasta donde la razón puede alcanzar son razonables. Alguien ilustró esto diciendo que la fe era un regalo razonable. Mentes privilegiadas como la de Eistein y otros muchos, sin ser cristianos, asumían la existencia de cosas que van más allá de nuestra razón. Te copio alguna frase de Einstrein al respecto.
“... como un niño que entra en una biblioteca inmensa cuyas paredes están cubiertas de libros escritos en muchas lenguas distintas. Entiende que alguien ha de haberlos escrito, pero no sabe ni quién ni cómo. Tampoco comprende los idiomas. Pero observa un orden claro en su clasificación, un plan misterioso que se le escapa, pero que sospecha vagamente. Esa es, en mi opinión, la actitud de la mente humana frente a Dios, incluso la de las personas más inteligentes”
“La experiencia más bella que podemos tener es sentir el misterio [...]En esa emoción fundamental se han basado el verdadero arte y la verdadera ciencia [...] Esa experiencia engendró también la religión [...] percibir que tras lo que podemos experimentar se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, la razón más profunda y la belleza más radical, que sólo son accesibles de modo indirecto – ese conocimiento y esa emoción es la verdadera religiosidad.
Entonces, nuestra religión no es racionalista, hay cosas que están más allá de nuestra razón. Son misterios. Pero se puede razonar hasta el borde mismo del misterio y encontrar que no es irracional. Por ejemplo. Es racional creer en un Dios todopoderoso y bueno. (Perdona que sea tan pesado, pero lee la serie de Dios y la ciencia en mi blog) Si es razonable pensar que hay un Dios todopoderoso y bueno, es racional pensar que ese Dios se haya revelado e incluso que se haya encarnado en Jesucristo. Cómo lo ha hecho es sin embargo un misterio, pero no es irracional que un Dios todopoderoso y bueno lo haga. Y el misterio es, en palabras de Eisntein “la experiencia más bella que podemos tener o sentir” […] “la razón más profunda y la belleza más radical que sólo son accesibles de modo indirecto”. Por otra parte, -y más allá de Gödel– como podrás leer en la serie de mi blog sobre el camino hacia la posmodernidad, el racionalismo, llevado a sus últimas consecuencias, ha desmbocado en consecuencias irracionales y, al final, al totalitarismo.
Se me olvidaba. Querías saber cosas de mí. Tengo 57 años, estoy casado y tengo 8 hijos, dos de los cuales están preparándose para ser sacerdotes (de hecho uno se ordena el próximo 20 de Diciembre), soy profesor de la universidad Francisco de Vitoria, no soy filósofo como profesión, pero sí en el sentido etimológico del término (amante de la sabiduría) y me dedico profesionalmente a las finanzas.
Espero que estas líneas te sean de utilidad.
Saludos y que la gracia y la paz de Jesucristo esté contigo también.
Tomás
Hola Tomas ¿Cómo ha estado usted? Sabe tengo un ramo de ética periodística y en un libro que debo leer dice que todos los intentos por desarrollar una ética racional al modo kantiano parecen irremediablemente condenados al fracaso. Esto lo dice en base al surgimiento de los totalitarismos, me imagino que al comunismo y al nacional socialismo, pero por lo que leí de un profesor de filosofía católico es que estos se fundamentaron en Marx y Hegel y no Kant, aunque se que a Hegel le gustaba Kant. Pero yo considero que no es culpa de Kant el cual dice obra queriendo que tu acción sirva de ley universal a todas las personas, por ejemplo quiero que todas las personas no maten, entonces yo tampoco mato, es similar a lo dicho por Jesucristo Haced con los demás como os gustaría que hiziecen con vosotros. Kant habla en contra del egoísmo y de que aunque nunca nadie haya sido fiel, se sabe a priori que es bueno ser fiel. Yo creo que es injusto lo que leí en el libro o más bien ignorancia, lo que yo creo es que los malos razonamientos no invalidan la capacidad de la razón, y obviamente fueron malos razonamientos los de Lenin y los de Hitler.
Le contesto:
Querido Ignacio:Bueno, la afirmación del principio es una afirmación gratuita. La salva de una afirmación absoluta el "parecen" y vuelve al absolutismo con el "irremediablemete" condenados al fracaso. Como el movimiento se demuestra andando y aunque a veces sea difícil de explicar determinados fenómenos hay que intentar buscarle explicación, (esta podría ser la frase resumen de la fenomenología de Husserl) te diré que hay muchas personas que sí han logrado una ética justificada desde la razón. Habrá que explicar este fenómeno en vez de negarlo, ¿no? El hecho de que determinados caminos de búsqueda de una ética racional hayan degenerado en totalitarismos no condena el esfuerzo de la búsqueda de una ética racional al fracaso, sino que requiere una explicación. Si hay algo en lo que no hayan estado basados los totalitarismos, es en la razón. Te recomendaría la lectura del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, que dio tanto que hablar y que tan poca gente ha leído. Sí es cierto que la ética kantiana de "el deber por el deber" sin apoyarse en la razón fundamental de la ética, que es el amor que nos debemos por ser hijos de un mismo Dios que nos ama, se basa en una premisa mayor falsa y por lo tanto condenada al fracaso. Te recomiendo la lectura de mi artículo del blog en el que hablo sobre Kant en la serie "El camino hacia la posmodernidad...". Podrá decirse que la ética del amor basada en ser hermanos en un Dios Padre común no se basa en la razón, sino en la fe. Pero es que la fe se puede analizar desde la razón (no desde el racionalismo, que es distinto de la razón). Con la razón se puede llegar a asumir que lo más razonable es creer en ese Dios (perdona que sea pesado, pero te recomiendo la serie, todavía no acabada en mi blog, sobre Dios y la ciencia) y, a partir de esa premisa mayor llegar a una ética racional (no racionalista) que no lleva a ningún totalitarismo. Pero ojo. Ya te dije en una conversación anterior que todo intento de imponer la verdad es un error. La verdad se busca en comunidad, se propone y se comparte, jamás se impone. Imponerla iría contra la razón (otra vez, Benedicto XVI en Ratisbona). Un abrazo. Tomás
Me contesta otra vez:
Sabes Tomas, no me acuerdo de la dirección de tu blog, me la podrías dar de nuevo y si puedes contarme mas de ti, sabes he leido 2 libros publicados por la universidad catolica de chile, y los autores son mas o menos relativistas, uno se llama darío rodríguez y dice que no se puede transmitir informacion, porque todos somos distintos por diferentes culturas, prejuicios, tradiciones, enseñanzas y en realidad no se puede transmitir un mensaje, ya que todos lo reciben de distinta forma y lo acomodan a lo que son ellos, esa parece que es la teoría de la autopoiesis, hay un biólogo humberto maturana que hizo un experimento con un sapo cambiandole un ojo y se le mostraba alimento y su lengua se dirigía a otro lado. Me da pesar que ciertos profesionales escriban en una editorial como la católica, cuya iglesia y por speaman y benedicto xvi si creen en la verdad y en normas morales absolutas, sin embargo los relativistas infectan con su enseñanza estas instituciones. Perdona que me moleste tanto, es que en todas partes casi se enseña esto, y yo se que no es así, pero le pediré paciencia a mi Dios. Conozco a un teólogo R.C.Sproul, que dice lo mismo que tú o parecido, él dice que el cristianismo es racional pero no racionalista, y me gustaría por favor que tu me expliques esto. Te cuento de mi, tengo 28 años, estudio periodismo, soy bautista y participo en un grupo de jóvenes. Gracias por responderme y que la gracia de Jesucristo sea contigo.
Le vuelvo a responder:
mi blog es:
tadurraca.blogspot.com
La verdad es que a veces yo también me pregunto por qué en editoriales católicas se da cabida a escritos que van contra la esencia del cristianismo. Y no encuentro respuesta. Pero es un hecho. ¿Cómo que no se puede transmitir información? Desde luego, para decir eso hay que estar muy ciego para mirar la realidad. ¿Es que yo no te estoy transmitiendo información a ti? ¿Es que la historia del progreso de la humanidad no es historia de la transmisión de información? Hay gente que se cree que cuanta mayor sea la estupidez y la falta de sentido común de lo que se diga, más "intelectual" es lo que se dice. Y lo peor es que hay gente que se lo publica. Y peor aún es que eso se publique en una editorial de una universidad católica, que, como todos los cristianos, creemos que todo fue hecho por la Palabra. En fin, desconcertante. Pero no por eso vamos a dejar de buscar la verdad, de compartirla y de aquilatarla entre hombres de buena voluntad. Claro que el cristianismo es racional, pero no racionalista. El racionalismo parte de una premisa radical: Una cadena adecuada de silogismos puede descubrir TODA la realidad. Más aún. Lo que no pueda llegar a demostrarse por una cadena de silogismos no forma parte de la realidad. Pero eso es un absurdo en sí mismo. Hay muchas cosas que son reales pero que caen más allá de lo que podemos demostrar por una cadena de silogismos. En el siglo XX el matemático Kart Gödel demostró matemáticamente que en todo sistema lógico formal hay proposiciones que no se pueden demostrar ni como verdaderas ni como falsas dentro de ese sistema. No es que no sean verdaderas o falsas, sino que no se pueden demostrar. Esto se conoce como el teorema de la incompletitud de Gödel y, por sí mismo debería ser la puntilla del racionalismo. Pero las ideas absurdas se resisten a morir. Siempre hay alguien que las mantiene. Esas cosas que están más allá de lo que nuestra razón puede alcanzar mediante silogismos, se llaman misterio y el misterio no es oscuridad, sino exceso de luz, dentro del misterio hay más luz de la que los ojos de nuestra razón pueden captar. En el cristianismo hay misterios, pero eso no quiere decir que vayan contra la razón sino que están más allá de la razón. Son “transnacionales”. Hasta donde la razón puede alcanzar son razonables. Alguien ilustró esto diciendo que la fe era un regalo razonable. Mentes privilegiadas como la de Eistein y otros muchos, sin ser cristianos, asumían la existencia de cosas que van más allá de nuestra razón. Te copio alguna frase de Einstrein al respecto.
“... como un niño que entra en una biblioteca inmensa cuyas paredes están cubiertas de libros escritos en muchas lenguas distintas. Entiende que alguien ha de haberlos escrito, pero no sabe ni quién ni cómo. Tampoco comprende los idiomas. Pero observa un orden claro en su clasificación, un plan misterioso que se le escapa, pero que sospecha vagamente. Esa es, en mi opinión, la actitud de la mente humana frente a Dios, incluso la de las personas más inteligentes”
“La experiencia más bella que podemos tener es sentir el misterio [...]En esa emoción fundamental se han basado el verdadero arte y la verdadera ciencia [...] Esa experiencia engendró también la religión [...] percibir que tras lo que podemos experimentar se oculta algo inalcanzable a nuestro espíritu, la razón más profunda y la belleza más radical, que sólo son accesibles de modo indirecto – ese conocimiento y esa emoción es la verdadera religiosidad.
Entonces, nuestra religión no es racionalista, hay cosas que están más allá de nuestra razón. Son misterios. Pero se puede razonar hasta el borde mismo del misterio y encontrar que no es irracional. Por ejemplo. Es racional creer en un Dios todopoderoso y bueno. (Perdona que sea tan pesado, pero lee la serie de Dios y la ciencia en mi blog) Si es razonable pensar que hay un Dios todopoderoso y bueno, es racional pensar que ese Dios se haya revelado e incluso que se haya encarnado en Jesucristo. Cómo lo ha hecho es sin embargo un misterio, pero no es irracional que un Dios todopoderoso y bueno lo haga. Y el misterio es, en palabras de Eisntein “la experiencia más bella que podemos tener o sentir” […] “la razón más profunda y la belleza más radical que sólo son accesibles de modo indirecto”. Por otra parte, -y más allá de Gödel– como podrás leer en la serie de mi blog sobre el camino hacia la posmodernidad, el racionalismo, llevado a sus últimas consecuencias, ha desmbocado en consecuencias irracionales y, al final, al totalitarismo.
Se me olvidaba. Querías saber cosas de mí. Tengo 57 años, estoy casado y tengo 8 hijos, dos de los cuales están preparándose para ser sacerdotes (de hecho uno se ordena el próximo 20 de Diciembre), soy profesor de la universidad Francisco de Vitoria, no soy filósofo como profesión, pero sí en el sentido etimológico del término (amante de la sabiduría) y me dedico profesionalmente a las finanzas.
Espero que estas líneas te sean de utilidad.
Saludos y que la gracia y la paz de Jesucristo esté contigo también.
Tomás
5 de octubre de 2008
Si no hay nada que decir, hablar es muy peligroso
Tomás Alfaro Drake
Este es el 26º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.
Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano”, “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?” y “El coste de un cerebro desproporcionado”.
El cerebro no ha sido el único órgano humano que ha necesitado de “subvenciones” para su evolución. El aparato del habla, la garganta del hombre, ha sido también algo tan costoso como inútil hasta la aparición de la inteligencia.
Una cebra se acerca a una charca a beber. Sabe que va a correr un gran peligro. Los depredadores suelen acercarse a las charcas porque allí encontraran a sus presas indefensas. El instinto de la cebra le dice que tiene que beber lo más deprisa posible. Para ello, su organismo es capaz de respirar y beber al mismo tiempo. En unos breves instantes ha bebido lo necesario para no tener que volver a beber y correr riesgos hasta el día siguiente o, al menos, hasta dentro de bastantes horas. Pero por otro lado, el repertorio de sonidos que puede emitir la cebra es muy limitado. Un relincho, tal vez, en el mejor de los casos, modulando un poco el volumen y la altura tonal. Un poco más grave y suave si hay tranquilidad, un poco más agudo y potente si hay peligro. Tampoco necesita más. Así es como se las apañan todos los mamíferos y les va bastante bien. Pero el ser humano, necesita hablar para transmitir sus ideas. Y para ello requiere un complejo aparato del habla que le permita una amplísima variedad de sonidos. Y si además quiere transmitir sentimientos sutiles, necesita poder variar ampliamente el volumen y el tono. La voz de una persona normal puede modular el tono en una octava y media. Es decir el sonido más agudo que puede emitir tiene una frecuencia entre dos y tres veces mayor que el más grave. La Callas podía abarcar con su voz casi dos octavas y media. Ni el más maravilloso pájaro cantor puede cantar la sencilla melodía que cualquiera de nosotros cantamos mientras nos duchamos por la mañana. La “culpa” la tienen nuestra glotis y nuestras cuerdas bucales, auténticas maravillas de la evolución. Pero eso no es gratis. No podemos tragar y respirar al mismo tiempo. Eso no es demasiado preocupante hoy día, aunque el atragantamiento es la causa de bastantes muertes. Pero ahora no tenemos que preocuparnos por beber deprisa. Al contrario, nos enseñan desde pequeños que es de mala educación y, además, nos deleitamos en paladear lo que bebemos, mientras participamos en una interesante conversación llena de novedosas ideas. Es un lujo que nos podemos permitir gracias a nuestra inteligencia. Pero, ¿se lo podían permitir el Homo Sapiens y todos los homínidos anterioresantes que no tenían inteligencia? La respuesta es no. Como la cebra, el Homo Sapiens tiene que beber deprisa. Y, así como no es comprensible la inteligencia sin poder comunicar las ideas verbalmente, no se entiende para que pueda servir hablar, no digamos ya cantar, si no se tienen ideas que transmitir. Sin embargo, en paralelo al proceso de encefalización y de locomoción erguida que, recuérdese, estrechaba la pelvis y hacía difícil el parto, se iban produciendo las transformaciones anatómicas que permitían el habla. Hablar salva vidas cuando hay cosas que decir. Pero, como acabamos de ver, es demasiado peligroso cuando no hay nada que decir. Esa capacidad, como el cerebro desproporcionado, también necesita de unas “subvenciones” que la naturaleza no está dispuesta a dar. Los pura-sangres ingleses no sobrevivirían en las estepas eurasiáticas ni un suspiro. Pero un criador los cuida en un ambiente especial porque le gusta su velocidad. ¿Quién ha cuidado durante millones de años de la rama que lleva al Homo Sapiens, con ese cerebro y ese aparato del habla tan inútiles para la supervivencia sin inteligencia?
Hemos visto cómo los tres procesos que caracterizan la humanidad, a saber, la inteligencia, el habla y la locomoción erguida, tuenen un carácter contrario a la evolución natural. No digo que no se hayan producido por evolución, pero sí que parece que esa evolución ha sido “subvencionada” por alguien. Nos quedan por ver argumentos que apuntan a que esa inteligencia, ella misma, ha aparecido de una forma misteriosa. No ya por una evolución subvencionada, como el cerebro, sino como un regalo especial, no evolutivo, del Mecenas Diseñador.
Este es el 26º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.
Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano”, “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?” y “El coste de un cerebro desproporcionado”.
El cerebro no ha sido el único órgano humano que ha necesitado de “subvenciones” para su evolución. El aparato del habla, la garganta del hombre, ha sido también algo tan costoso como inútil hasta la aparición de la inteligencia.
Una cebra se acerca a una charca a beber. Sabe que va a correr un gran peligro. Los depredadores suelen acercarse a las charcas porque allí encontraran a sus presas indefensas. El instinto de la cebra le dice que tiene que beber lo más deprisa posible. Para ello, su organismo es capaz de respirar y beber al mismo tiempo. En unos breves instantes ha bebido lo necesario para no tener que volver a beber y correr riesgos hasta el día siguiente o, al menos, hasta dentro de bastantes horas. Pero por otro lado, el repertorio de sonidos que puede emitir la cebra es muy limitado. Un relincho, tal vez, en el mejor de los casos, modulando un poco el volumen y la altura tonal. Un poco más grave y suave si hay tranquilidad, un poco más agudo y potente si hay peligro. Tampoco necesita más. Así es como se las apañan todos los mamíferos y les va bastante bien. Pero el ser humano, necesita hablar para transmitir sus ideas. Y para ello requiere un complejo aparato del habla que le permita una amplísima variedad de sonidos. Y si además quiere transmitir sentimientos sutiles, necesita poder variar ampliamente el volumen y el tono. La voz de una persona normal puede modular el tono en una octava y media. Es decir el sonido más agudo que puede emitir tiene una frecuencia entre dos y tres veces mayor que el más grave. La Callas podía abarcar con su voz casi dos octavas y media. Ni el más maravilloso pájaro cantor puede cantar la sencilla melodía que cualquiera de nosotros cantamos mientras nos duchamos por la mañana. La “culpa” la tienen nuestra glotis y nuestras cuerdas bucales, auténticas maravillas de la evolución. Pero eso no es gratis. No podemos tragar y respirar al mismo tiempo. Eso no es demasiado preocupante hoy día, aunque el atragantamiento es la causa de bastantes muertes. Pero ahora no tenemos que preocuparnos por beber deprisa. Al contrario, nos enseñan desde pequeños que es de mala educación y, además, nos deleitamos en paladear lo que bebemos, mientras participamos en una interesante conversación llena de novedosas ideas. Es un lujo que nos podemos permitir gracias a nuestra inteligencia. Pero, ¿se lo podían permitir el Homo Sapiens y todos los homínidos anterioresantes que no tenían inteligencia? La respuesta es no. Como la cebra, el Homo Sapiens tiene que beber deprisa. Y, así como no es comprensible la inteligencia sin poder comunicar las ideas verbalmente, no se entiende para que pueda servir hablar, no digamos ya cantar, si no se tienen ideas que transmitir. Sin embargo, en paralelo al proceso de encefalización y de locomoción erguida que, recuérdese, estrechaba la pelvis y hacía difícil el parto, se iban produciendo las transformaciones anatómicas que permitían el habla. Hablar salva vidas cuando hay cosas que decir. Pero, como acabamos de ver, es demasiado peligroso cuando no hay nada que decir. Esa capacidad, como el cerebro desproporcionado, también necesita de unas “subvenciones” que la naturaleza no está dispuesta a dar. Los pura-sangres ingleses no sobrevivirían en las estepas eurasiáticas ni un suspiro. Pero un criador los cuida en un ambiente especial porque le gusta su velocidad. ¿Quién ha cuidado durante millones de años de la rama que lleva al Homo Sapiens, con ese cerebro y ese aparato del habla tan inútiles para la supervivencia sin inteligencia?
Hemos visto cómo los tres procesos que caracterizan la humanidad, a saber, la inteligencia, el habla y la locomoción erguida, tuenen un carácter contrario a la evolución natural. No digo que no se hayan producido por evolución, pero sí que parece que esa evolución ha sido “subvencionada” por alguien. Nos quedan por ver argumentos que apuntan a que esa inteligencia, ella misma, ha aparecido de una forma misteriosa. No ya por una evolución subvencionada, como el cerebro, sino como un regalo especial, no evolutivo, del Mecenas Diseñador.
3 de octubre de 2008
Comentario de Juan Luis a mi entrada sobre la Providencia divina
Tomás Alfaro Drake
Juan Luis deja un comentario a mi post sobre la Providencia de Dios. Dice:
Magnífico post, Tomás. Algún día te contaré nuestra larga conversación de anoche de un par de amigos y yo en la que discutiamos con Guardini (él era el quinto asistente a la reunión) qué quería decir con su tesis de que: "en un momento dado de la vida del Señor se tomó una auténtica decisión. Su mensaje no fue acogido, y entonces la eterna voluntad de redención de Dios eligió el camino de la pasión" ("El Señor", Ed. Cristiandad, p299); "Jesús había venido a redimir a su pueblo y, en él, al mundo entero. Y eso debería producirse mediante la donación de la fé y el amor. Pero el objetivo se frustró. No obstante, el encargo del Padre permaneció firme, aunque cambió de forma" (cfr, p273); "El reino de Dios habría llegado si el mensaje hubiera encontrado fé (...) la del pueblo entero que se había comprometido con Dios en la alianza del Sinaí (...). Cristo fue rechazado por su pueblo y se entregó a la muerte. La redención no se produjo por la irrupción de la fé, del amor y del Espíritu que todo lo transforma, sino por al muerte de Jesús, qeu se convirtió así en chivo expiatorio" (cfr, p133). Y esto junto a los graves problemas qeu a Guardini le acarrea sostener esa hipótesis y relacionarla con la libertad del hombre, la libertad de Dios, la Providencia de la que hablas y el Plan inmutable de salvación del Padre...Pero eso daría para una laaaarga conversación, también, jejejeje...un abrazo!!
Le respondo:
Muchas gracias Juan Luis. La verdad es que sí, que la conversación sería muuuuuy larga. Pero vayan algunos breves comentarios de alguien que ha leído muy poco de Guardini (pero a quien le gustaría haber leído más, y lo hará).
Lo primero, esto de conversar con Guardini, me trae a la memoria un soneto de Quevedo del que los dos primeros cuartetos dicen:
“Retirado a la paz de estos desiertos
con pocos pero doctos libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos".
"Si no siempre entendidos siempre atentos
o enmiendan o secundan mis asuntos
y en músicos cayados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos”.
Este último verso, parafraseado, da título de mi último libro, “Al sueño de la muerte hablo despierto: Cartas a poetas muertos”. Así que me encanta esto de dialogar con alguien que con sus escritos nos ha dejado cosas para pensar.
Acabada esta parte de marketing de mi libro, voy al grano. Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si los dirigentes de los judíos hubiesen creído en Jesús. Hace algunos años escribí lo que sigue, que son palabras de san Pablo más que mías:
Proeza y futuro del judaísmo.
Es impresionante la proeza de la religión judía. Se encuentra directamente en la génesis del cristianismo y del islamismo. Influyó notablemente, junto con el huiduísmo, al zoroastrismo. A través del cristianismo es posible que haya tenido alguna influencia en el budismo mahayana. Es decir está, de forma más o menos directa, en la raíz de todas las religiones menos el hinduísmo. Sin embargo no ha tomado cuerpo en ninguna civilización. A pesar de todo, sigue viva. Si tomamos la fecha de nacimiento del judaísmo en Abraham, son treinta y ocho siglos de presencia ininterrumpida y fecunda en la historia. No son pues los hermanos mayores en la fe, en frase de Juan Pablo II, sólo de los cristianos, sino de una inmensa mayoría de la humanidad. ¿Les queda algún papel que jugar en la Historia? Oigamos a san Pablo:
“Y pregunto todavía: ¿Habrán tropezado los israelitas de manera que sucumban definitivamente? ¡De ninguna manera! Por el contrario, con su caída ha llegado la salvación a los paganos, quienes a su vez han provocado la emulación de Israel. Y si su caída y su fracaso se han convertido en riqueza para el mundo y para los paganos, ¿qué no sucederá cuando alcancen la plenitud? [...] Porque si su fracaso ha servido para reconciliar al mundo, ¿no será su readmisión como un volver de los muertos a la vida? Y es que si las primicias están consagradas a Dios, lo está toda la masa; si está consagrada la raíz, lo están también las ramas. Cierto que algunas ramas han sido desgajadas y que tú, olivo sivestre, has sido injertado entre las restantes y compartes con ella la raíz y la savia del olivo”.
“Pero no presumas a costa de aquellas ramas; y por si presumes, recuerda que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que te sostiene a ti. [...] En cuanto a ellos, los israelitas, si no persisten en la incredulidad volverán a ser injertados. Y Dios puede muy bien injertarlos de nuevo. Porque si tú has sido cortado de un olivo silvestre, al que por naturaleza pertenecías y has sido injertado contra tu naturaleza en el olivo fértil, ¡con cuánta mayor facilidad podrán ser injertadas las ramas originales en el propio olivo!”
“No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio para que no andéis presumiendo por ahí. El endurecimiento de una parte de Israel no es definitivo; durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos. Entonces todo Israel se salvará, como dice la escritura”:
“Vendrá de Sión el libertador,
Alejará de Jacob la impiedad
y mi alianza con ellos será restablecida
cuando yo les perdone sus pecados”[1].
“En lo que respecta a la acogida del Evangelio, los israelitas aparecen como enemigos de Dios para provecho nuestro; sin embargo, si atendemos a la elección, siguen siendo muy amados por Dios a causa de sus antepasados, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables”.
“También vosotros erais en otro tiempo rebeldes a Dios, pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, habéis alcanzado la misericordia. De igual modo, ellos son ahora rebeldes debido a la misericordia que Dios os ha concedido, para que también ellos alcancen misericordia. Porque Dios ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos”.[2]
Tal vez fue esta proeza y este futuro misterioso para el judaísmo que se desprende de las palabras de san Pablo, empujasen al Papa Pío XI, en plena escalada del antisemitismo nazi, en septiembre de 1938, a decir: “En Cristo somos todos descendientes de Abraham. El antisemitismo para un cristiano es inadmisible: espiritualmente todos somos semitas”. Quizá ese todos se refiera a muchos más que a los cristianos.
***
Hasta aquí lo escrito hace años, que hace referencia más bien al futuro de los judíos que al futurible de lo que hubiera pasado si se hubieran convertido como pueblo, porque conversiones individuales las hubo a miles.
Respecto a este futurible, poco puedo decir. Creo que Cristo vino, así nos lo dice él mismo, teniendo como misión la conversión de los judíos. A la mujer siro-fenicia que le pide la curación de su hija le dice “sólo he sido enviado a las ovejas perdidas de Israel” (Estoy citando de memoria y, por tanto puedo ser inexacto y no puedo ponerme a buscar referencias). Pero luego la cura. Lo cual no deja de ser algo impresionante, porque la oración de esa mujer, no cambia algo permitido por Dios pero no designio de Dios, como es una enfermedad, sino que cambia un designio de Dios expresamente señalado por Cristo. También cura al criado del centurión. Por otra parte, ya cerca de su pasión, exasperado les dice a los dirigentes judíos en una parábola que les hizo rechinar los dientes (La de los viñadores homicidas. Creo que es san Lucas el que dice que se alzó una voz que dijo “eso no puede ser”) que la viña –que era símbolo de Israel, les sería dada a otros que diesen fruto a su tiempo. Parece pues que hay un cambio de actitud en Cristo. Ahora bien. Me cuesta creer que la pasión de Cristo no hubiese tenido lugar si los judíos se hubiesen convertido. Creo que la pasión de Cristo era necesaria para que todo el sufrimiento del mundo tenga sentido. Tal vez si los judíos se hubiesen convertido se hubiese instaurado el reino de Cristo y Dios hubiese enjugado las lágrimas del rostro de la humanidad desde ese momento. Pero ¿y los sufrimientos del pasado? ¿Quién juzgaría esa parte de la historia? ¿Querría Dios juzgar la historia sin pasar por los sufrimientos de los que más hubiesen sufrido antes para poder perdonar como víctima lo que pudiese ser perdonado? No lo sé. Es demasiado para mi capacidad de entender. Es misterio y como todo misterio es exceso de luz, más luz de la que mis ojos son capaces de registrar. Los designios de Dios, y la capacidad del hombre para cambiarlos por la oración o por el mal uso de la libertad. ¡Casi nada! Pero el misterio puede ser contemplado. Y alimenta la esperanza de que un día, cuando veamos a Dios cara a cara, digamos “¡Ah! ¡Mira! ¡qué ciego era! ¡Tenía que ser así!” Y lo diremos no sólo respecto a este asunto, “curioso”, pero no existencial para mí vida, sino para tantas cosas que no entendemos y que nos hieren como un hierro al rojo.
Un abrazo Juan Luis y gracias por tu reflexión.
Tomás
[1] Isaías, cap. 59, vers.20 y 21 de donde san Pablo saca esta cita, dice textualmente: “Pero a Sión vendrá el libertador/ y rescatará en medio de Jacob/ a los que se conviertan de su rebeldía./ Oráculo del Señor./ Esta es la alianza que yo haré con ellos, dice el Señor: El Espíritu que te he infundido y las palabras que te he confiado, estarán siempre en tus labios y en los de tus descendientes, desde ahora y por siempre – dice el Señor.
[2] Carta de san Pablo a los Romanos cap. 11, vers. 11 - 32.
Juan Luis deja un comentario a mi post sobre la Providencia de Dios. Dice:
Magnífico post, Tomás. Algún día te contaré nuestra larga conversación de anoche de un par de amigos y yo en la que discutiamos con Guardini (él era el quinto asistente a la reunión) qué quería decir con su tesis de que: "en un momento dado de la vida del Señor se tomó una auténtica decisión. Su mensaje no fue acogido, y entonces la eterna voluntad de redención de Dios eligió el camino de la pasión" ("El Señor", Ed. Cristiandad, p299); "Jesús había venido a redimir a su pueblo y, en él, al mundo entero. Y eso debería producirse mediante la donación de la fé y el amor. Pero el objetivo se frustró. No obstante, el encargo del Padre permaneció firme, aunque cambió de forma" (cfr, p273); "El reino de Dios habría llegado si el mensaje hubiera encontrado fé (...) la del pueblo entero que se había comprometido con Dios en la alianza del Sinaí (...). Cristo fue rechazado por su pueblo y se entregó a la muerte. La redención no se produjo por la irrupción de la fé, del amor y del Espíritu que todo lo transforma, sino por al muerte de Jesús, qeu se convirtió así en chivo expiatorio" (cfr, p133). Y esto junto a los graves problemas qeu a Guardini le acarrea sostener esa hipótesis y relacionarla con la libertad del hombre, la libertad de Dios, la Providencia de la que hablas y el Plan inmutable de salvación del Padre...Pero eso daría para una laaaarga conversación, también, jejejeje...un abrazo!!
Le respondo:
Muchas gracias Juan Luis. La verdad es que sí, que la conversación sería muuuuuy larga. Pero vayan algunos breves comentarios de alguien que ha leído muy poco de Guardini (pero a quien le gustaría haber leído más, y lo hará).
Lo primero, esto de conversar con Guardini, me trae a la memoria un soneto de Quevedo del que los dos primeros cuartetos dicen:
“Retirado a la paz de estos desiertos
con pocos pero doctos libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos".
"Si no siempre entendidos siempre atentos
o enmiendan o secundan mis asuntos
y en músicos cayados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos”.
Este último verso, parafraseado, da título de mi último libro, “Al sueño de la muerte hablo despierto: Cartas a poetas muertos”. Así que me encanta esto de dialogar con alguien que con sus escritos nos ha dejado cosas para pensar.
Acabada esta parte de marketing de mi libro, voy al grano. Muchas veces me he preguntado qué hubiera pasado si los dirigentes de los judíos hubiesen creído en Jesús. Hace algunos años escribí lo que sigue, que son palabras de san Pablo más que mías:
Proeza y futuro del judaísmo.
Es impresionante la proeza de la religión judía. Se encuentra directamente en la génesis del cristianismo y del islamismo. Influyó notablemente, junto con el huiduísmo, al zoroastrismo. A través del cristianismo es posible que haya tenido alguna influencia en el budismo mahayana. Es decir está, de forma más o menos directa, en la raíz de todas las religiones menos el hinduísmo. Sin embargo no ha tomado cuerpo en ninguna civilización. A pesar de todo, sigue viva. Si tomamos la fecha de nacimiento del judaísmo en Abraham, son treinta y ocho siglos de presencia ininterrumpida y fecunda en la historia. No son pues los hermanos mayores en la fe, en frase de Juan Pablo II, sólo de los cristianos, sino de una inmensa mayoría de la humanidad. ¿Les queda algún papel que jugar en la Historia? Oigamos a san Pablo:
“Y pregunto todavía: ¿Habrán tropezado los israelitas de manera que sucumban definitivamente? ¡De ninguna manera! Por el contrario, con su caída ha llegado la salvación a los paganos, quienes a su vez han provocado la emulación de Israel. Y si su caída y su fracaso se han convertido en riqueza para el mundo y para los paganos, ¿qué no sucederá cuando alcancen la plenitud? [...] Porque si su fracaso ha servido para reconciliar al mundo, ¿no será su readmisión como un volver de los muertos a la vida? Y es que si las primicias están consagradas a Dios, lo está toda la masa; si está consagrada la raíz, lo están también las ramas. Cierto que algunas ramas han sido desgajadas y que tú, olivo sivestre, has sido injertado entre las restantes y compartes con ella la raíz y la savia del olivo”.
“Pero no presumas a costa de aquellas ramas; y por si presumes, recuerda que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que te sostiene a ti. [...] En cuanto a ellos, los israelitas, si no persisten en la incredulidad volverán a ser injertados. Y Dios puede muy bien injertarlos de nuevo. Porque si tú has sido cortado de un olivo silvestre, al que por naturaleza pertenecías y has sido injertado contra tu naturaleza en el olivo fértil, ¡con cuánta mayor facilidad podrán ser injertadas las ramas originales en el propio olivo!”
“No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio para que no andéis presumiendo por ahí. El endurecimiento de una parte de Israel no es definitivo; durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos. Entonces todo Israel se salvará, como dice la escritura”:
“Vendrá de Sión el libertador,
Alejará de Jacob la impiedad
y mi alianza con ellos será restablecida
cuando yo les perdone sus pecados”[1].
“En lo que respecta a la acogida del Evangelio, los israelitas aparecen como enemigos de Dios para provecho nuestro; sin embargo, si atendemos a la elección, siguen siendo muy amados por Dios a causa de sus antepasados, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables”.
“También vosotros erais en otro tiempo rebeldes a Dios, pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, habéis alcanzado la misericordia. De igual modo, ellos son ahora rebeldes debido a la misericordia que Dios os ha concedido, para que también ellos alcancen misericordia. Porque Dios ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos”.[2]
Tal vez fue esta proeza y este futuro misterioso para el judaísmo que se desprende de las palabras de san Pablo, empujasen al Papa Pío XI, en plena escalada del antisemitismo nazi, en septiembre de 1938, a decir: “En Cristo somos todos descendientes de Abraham. El antisemitismo para un cristiano es inadmisible: espiritualmente todos somos semitas”. Quizá ese todos se refiera a muchos más que a los cristianos.
***
Hasta aquí lo escrito hace años, que hace referencia más bien al futuro de los judíos que al futurible de lo que hubiera pasado si se hubieran convertido como pueblo, porque conversiones individuales las hubo a miles.
Respecto a este futurible, poco puedo decir. Creo que Cristo vino, así nos lo dice él mismo, teniendo como misión la conversión de los judíos. A la mujer siro-fenicia que le pide la curación de su hija le dice “sólo he sido enviado a las ovejas perdidas de Israel” (Estoy citando de memoria y, por tanto puedo ser inexacto y no puedo ponerme a buscar referencias). Pero luego la cura. Lo cual no deja de ser algo impresionante, porque la oración de esa mujer, no cambia algo permitido por Dios pero no designio de Dios, como es una enfermedad, sino que cambia un designio de Dios expresamente señalado por Cristo. También cura al criado del centurión. Por otra parte, ya cerca de su pasión, exasperado les dice a los dirigentes judíos en una parábola que les hizo rechinar los dientes (La de los viñadores homicidas. Creo que es san Lucas el que dice que se alzó una voz que dijo “eso no puede ser”) que la viña –que era símbolo de Israel, les sería dada a otros que diesen fruto a su tiempo. Parece pues que hay un cambio de actitud en Cristo. Ahora bien. Me cuesta creer que la pasión de Cristo no hubiese tenido lugar si los judíos se hubiesen convertido. Creo que la pasión de Cristo era necesaria para que todo el sufrimiento del mundo tenga sentido. Tal vez si los judíos se hubiesen convertido se hubiese instaurado el reino de Cristo y Dios hubiese enjugado las lágrimas del rostro de la humanidad desde ese momento. Pero ¿y los sufrimientos del pasado? ¿Quién juzgaría esa parte de la historia? ¿Querría Dios juzgar la historia sin pasar por los sufrimientos de los que más hubiesen sufrido antes para poder perdonar como víctima lo que pudiese ser perdonado? No lo sé. Es demasiado para mi capacidad de entender. Es misterio y como todo misterio es exceso de luz, más luz de la que mis ojos son capaces de registrar. Los designios de Dios, y la capacidad del hombre para cambiarlos por la oración o por el mal uso de la libertad. ¡Casi nada! Pero el misterio puede ser contemplado. Y alimenta la esperanza de que un día, cuando veamos a Dios cara a cara, digamos “¡Ah! ¡Mira! ¡qué ciego era! ¡Tenía que ser así!” Y lo diremos no sólo respecto a este asunto, “curioso”, pero no existencial para mí vida, sino para tantas cosas que no entendemos y que nos hieren como un hierro al rojo.
Un abrazo Juan Luis y gracias por tu reflexión.
Tomás
[1] Isaías, cap. 59, vers.20 y 21 de donde san Pablo saca esta cita, dice textualmente: “Pero a Sión vendrá el libertador/ y rescatará en medio de Jacob/ a los que se conviertan de su rebeldía./ Oráculo del Señor./ Esta es la alianza que yo haré con ellos, dice el Señor: El Espíritu que te he infundido y las palabras que te he confiado, estarán siempre en tus labios y en los de tus descendientes, desde ahora y por siempre – dice el Señor.
[2] Carta de san Pablo a los Romanos cap. 11, vers. 11 - 32.
28 de septiembre de 2008
Sobre la Providencia divina
Tomás Alfaro Drake
Tiene razón Simone Weil cuando critica que muchos cristianos suponen cándidamente que si escapan a una bomba mientras el hospital vecino es destruido, han sido “preservados” por la Providencia. Sería esta una providencia injusta. Ciertamente, muchos cristianos piensan que la Providencia es como una especie de protección comprada por muchas oraciones, actos de piedad o buenas obras. Es como si hubiesen firmado un contrato con Dios con unas cláusulas por ambas partes: Si yo hago esto, aquello y lo de más allá, Tú adquieres la obligación de protegerme especialmente y librarme de lo que no me gusta. Esta es, a mi modo de ver, una idolatría; la de adorar a un dios a mi servicio con el que he hecho un pacto entre iguales. Pero el hecho de que muchos cristianos entiendan mal la Providencia divina, no permite eliminarla sustituyéndola por el azar o por la fría lógica de las leyes inmutables de la física.
Lo cierto es que Dios tiene un plan misterioso para cada uno de nosotros. El plan que nos hace mejores instrumentos para la venida de su Reino. Un plan que somete a nuestra libertad y que nosotros podemos aceptar o rechazar. Un plan que siempre, en función de nuestra respuesta se va adaptando, de forma que, sin importar cuantas veces nos hayamos negado a él, siempre hay una forma de reasumirlo. Isaías, en el segundo poema del siervo de Yavé, nos dice: “El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me transformó en flecha aguda y me guardó en su aljaba. Me dijo: ‘tú eres mi siervo y estoy orgulloso de ti’”. Y san Pablo nos dice que “en los que aman a Dios todo coopera para el bien”. Ahora bien, esa transformación en flecha aguda, ese bien al que todo coopera en los que aman a Dios, no tiene de ninguna manera que ser lo más agradable, lo más cómodo o lo más placentero para nosotros. No tiene por que ser, y de hecho casi nunca es, lo que a nosotros nos gustaría que nos pasase. Por eso las dos personas más puras que han existido, Cristo y María dijeron ante ese plan: “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya” y; “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y hay veces que aceptar ese plan es algo verdaderamente heroico. Y hay otras en que la razón humana ni entiende ni puede entender que determinadas desgracias, dolores, enfermedades puedan ser una parte de ese todo que coopera para el bien. Pero esa es la verdadera fe en la Providencia. Lo otro, lo de considerar la Providencia el salir ilesos de un daño que, en cambio afecta a otros, raya en la idolatría. Y como tal, cuando esa Providencia en la que decíamos creer en las maduras nos muestra su cara terrible en las duras, nuestra fe en ella se derrumba. Naturalmente que debemos dar gracias a Dios cuando el devenir de su plan nos resulta agradable. Ser agradecidos con esa bonanza inmerecida nos debería dar fuerza para saber dar también gracias en el momento amargo. Y no dar gracias a pesar del dolor sino, precisamente, por ese dolor. Esa es la auténtica fe. Aunque no entendamos cómo ese sufrimiento coopera para el bien, saber, con la certidumbre de la fe, que lo hace y aceptarlo. Saber que si aceptamos esa Providencia, siempre, pase lo que pase, lo mejor de nuestra vida está siempre por venir. Los seres humanos fuimos creados por Dios para la felicidad. Y hubiesemos pasado por la vida sin conocer el sufrimiento si no hubiese sido por el pecado de soberbia desconfiada hacia nuestro Creador que cometimos todos al unísono de una forma tan misteriosa como misterioso es el tiempo. No hubiésemos conocido el sufrimiento porque el Reino de Dios estaba ya casi instaurado cuando fuimos creados. Faltaba sólo nuestro acto de confianza. ¿Por qué era necesario este acto? Porque habíamos sido creados libres como necesidad ontológica para la felicidad. Ahora, tenemos que volver a edificar ese Reino de Dios y, no hay otra forma de hacerlo que mediante la confianza en el plan de Dios para reconstruirlo. No somos nosotros quienes podemos reconstruirlo. No hay más que ver en qué han parado todos los intentos del hombre de construir sin Dios el Reino de los cielos en la tierra. Es Él el que lo construye, a través de nosotros si le prestamos nuestra confianza. Si todos los hombres, en vez de sólo unos cuantos, se la hubiesen prestado, hace mucho que ese Reino habría llegado. Pero no hay nada que nos cueste más que esa entrega confiada.
Dicho esto, ¿podemos los hombres con nuestra oración cambiar los designios de Dios? Sí, podemos, pero no cuando nosotros queramos, no como resultado de un contrato entre iguales firmado por Dios y nosotros, sino por una petición humilde que deje siempre la puerta abierta a que no se haga nuestra voluntad, sino la tuya, que la aceptaremos. Así rezaron Cristo y María. Hay un pasaje del evangelio, creo que es el único, en el que se ve cómo una oración así camia un designio de Dios. Es el pasaje de la mujer cananea que le pide a Cristo que cure a su hija. Cristo expresa un designio de Dios: “Dios me ha enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel”. No se trata de la enfermedad, que es un accidente de la naturaleza, que ocurre no por designio divino, sino por las leyes ciegas de la misma. Cristo había ya curado muchos enfermos, incluso había resucitado muertos. Es un designio de Dos. Proclamar el Reino a los no judíos era algo anunciado desde Isaías, pero que en los designios de Dios quedaba para los seguidores de Jesús. Ante la insistencia de la mujer cananea, Cristo pronuncia unas de las palabras más duras de todo el evangelio: “No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perros”. La respuesta de la mujer, sin embargo, cambia el designio de Dios. “Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de los hijos” –le responde. Ante lo que Cristo, Dios, se rinde: “'¡Mujer, que grande es tu fe! Que te suceda como pides’. Y desde aquel momento quedó curada su hija”.
Naturalmente, la fe en la providencia exige la posibilidad del milagro, es decir, que Dios altere, si quiere, el implacable devenir de las leyes de la naturaleza. Eso produce en muchos hombres creyentes un gran escándalo –a los no creyentes, no les produce ninguno, simplemente no lo creen–, ¿cómo va Dios a alterar unas leyes de la naturaleza que Él mismo ha creado? ¿No sería esto una especie de autoengaño del propio Dios que, como sabemos, no puede engañarse ni engañarnos? Transcribo un texto que he leído recientemente y que expresa de maravilla cuál es la respuesta.
“La doctrina cristiana sobre el milagro supone que las “leyes de la naturaleza son bastante sutiles para que la intervención de Dios pueda insertarse en ellas sin desbaratarlas y lo suficientemente estrictas para que esta intervención pueda inscribirse en ellas de una manera clara”. Las “leyes” sólo son, por lo demás, “leyes de la mayoría”. El elemento extraordinario del milagro no tiene sentido más que en relación con el contexto moral y religioso que envuelve al hecho. Éste es “extraordinario” a fin de llamar la atención del despreocupado espíritu del hombre. El milagro supone la existencia de un Dios personal, custodio de una providencia sobrenatural”[1].
En otros post de este blog he explicado como la física cuántica hace posible el milagro. Pero parece que Moeller había anticipado ya cómo deberían ser esas leyes para hacer el milagro compatible con el Dios Verdad que no puede engañarse ni engañarnos. No creo que Moeller ni el autor de la cita conocieran la física cuántica cuando lo escribieron, lo que, de ser cierto, hace la frase profética. La física cuántica hace posible el milagro tal y como se describe aquí, así como el milagro cotidiano de la libertad.
Tal es la fe en la Providencia que confiesa el credo cristiano. Esta es la Providencia que, sin suponer la compra de un salvoconducto para pasar por la vida sin penas ni sufrimientos, sin ser una transacción de igual e igual entre Dios y nosotros para asegurarnos el bienestar, sin prometernos lo que nos gusta o nos apetece, nos hace libres del ciego destino de las leyes de la naturaleza y dependientes de la voluntad de un Dios de Amor, que nos creó para la felicidad, que nos la va a dar para toda la eternidad, pero que quiere reconstruir, a través de nuestra confiada aceptación de esa Providencia, el Reino de Dios que destruimos. Es esclarecedora la frase de Luigi Giussani en su obra “Los orígenes de la pretensión cristiana”.
“La elección del hombre radica en concebirse como libre de todo el universo y sólo dependiente de Dios, o como libre de Dios, y hacerse entonces esclavo de cualquier circunstancia.
........
El hombre es, en la práctica, incapaz de vivir en plenitud la total dependencia de Aquél que es su verdad y la proyección de ella (la dependencia) en la vida como don, amor y servicio. Tiene su conciencia obnubilada y una libertad invenciblemente hastiada respecto al deber de la oración, vive un extraño egocentrismo por el que a la larga, en vez de orientarse al Todo, intenta orientar el Todo hacia sí; en vez de darse, intenta quitar, en vez de amar, explotar.
.............
Si el hombre olvida aquello a lo que da consistencia la oración, es decir, la conciencia de su total dependencia y de su inevitable condición de mendigo, entonces se pierde a sí mismo, rechaza la salvación. ... Si la conciencia de la que hemos hablado no se traduce en súplica, no es una conciencia verdadera. La oración es sólo pedir, pedir con motivo de cualquier cosa. El fenómeno de nuestra necesidad –cualquiera que ésta sea– nos recuerda nuestra dependencia, es causa para profundizar en la conciencia de la dependencia de Dios. ... Por eso es justo pedir cualquier cosa, con aquella cláusula implícita de Jesús en Getsemaní: ‘Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’. Pues su voluntad significa mi plenitud, la felicidad suprema, en función de la cual está toda petición. Como mi origen está en sus manos, así también mi fin”.
Si los cristianos hemos devaluado esta fe y hemos escandalizado con ello a muchos de nuestros hermanos, que Dios nos perdone, pero no nos dejemos llevar por ese escándalo. Antes bien, repensemos, maduremos y proclamemos nuestra auténtica fe.
Escribo esto con cierta vergüenza, porque hasta ahora, las garras del sufrimiento no han hecho demasiada presa en mi vida. Pero sí he visto sufrir de forma muy dura a personas a las que quiero y sé no es lo mismo hablar de esto desde la barrera que desde el ruedo. Sin embargo, con miedo, le digo a mi Dios: Señor, que el plan que has pensado para mí, sea el que sea, se haga realidad en mi vida. Que aceptando ese plan, sea el que sea, me guste o me triture, aquello que mejor me haga útil para tu Reino, lo mejor de mi vida esté siempre por venir. Amén.
[1] Texto leído en “Literatura del siglo XX y cristianismo de Charles Moeller, en una nota a pie de página en el capítulo dedicado a Simona Weil que, al parecer, niega la posibilidad del milagro. No se aclara a quién pertenece la cita en negrita.
Tiene razón Simone Weil cuando critica que muchos cristianos suponen cándidamente que si escapan a una bomba mientras el hospital vecino es destruido, han sido “preservados” por la Providencia. Sería esta una providencia injusta. Ciertamente, muchos cristianos piensan que la Providencia es como una especie de protección comprada por muchas oraciones, actos de piedad o buenas obras. Es como si hubiesen firmado un contrato con Dios con unas cláusulas por ambas partes: Si yo hago esto, aquello y lo de más allá, Tú adquieres la obligación de protegerme especialmente y librarme de lo que no me gusta. Esta es, a mi modo de ver, una idolatría; la de adorar a un dios a mi servicio con el que he hecho un pacto entre iguales. Pero el hecho de que muchos cristianos entiendan mal la Providencia divina, no permite eliminarla sustituyéndola por el azar o por la fría lógica de las leyes inmutables de la física.
Lo cierto es que Dios tiene un plan misterioso para cada uno de nosotros. El plan que nos hace mejores instrumentos para la venida de su Reino. Un plan que somete a nuestra libertad y que nosotros podemos aceptar o rechazar. Un plan que siempre, en función de nuestra respuesta se va adaptando, de forma que, sin importar cuantas veces nos hayamos negado a él, siempre hay una forma de reasumirlo. Isaías, en el segundo poema del siervo de Yavé, nos dice: “El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre. Convirtió mi boca en espada afilada, me escondió al amparo de su mano; me transformó en flecha aguda y me guardó en su aljaba. Me dijo: ‘tú eres mi siervo y estoy orgulloso de ti’”. Y san Pablo nos dice que “en los que aman a Dios todo coopera para el bien”. Ahora bien, esa transformación en flecha aguda, ese bien al que todo coopera en los que aman a Dios, no tiene de ninguna manera que ser lo más agradable, lo más cómodo o lo más placentero para nosotros. No tiene por que ser, y de hecho casi nunca es, lo que a nosotros nos gustaría que nos pasase. Por eso las dos personas más puras que han existido, Cristo y María dijeron ante ese plan: “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya” y; “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y hay veces que aceptar ese plan es algo verdaderamente heroico. Y hay otras en que la razón humana ni entiende ni puede entender que determinadas desgracias, dolores, enfermedades puedan ser una parte de ese todo que coopera para el bien. Pero esa es la verdadera fe en la Providencia. Lo otro, lo de considerar la Providencia el salir ilesos de un daño que, en cambio afecta a otros, raya en la idolatría. Y como tal, cuando esa Providencia en la que decíamos creer en las maduras nos muestra su cara terrible en las duras, nuestra fe en ella se derrumba. Naturalmente que debemos dar gracias a Dios cuando el devenir de su plan nos resulta agradable. Ser agradecidos con esa bonanza inmerecida nos debería dar fuerza para saber dar también gracias en el momento amargo. Y no dar gracias a pesar del dolor sino, precisamente, por ese dolor. Esa es la auténtica fe. Aunque no entendamos cómo ese sufrimiento coopera para el bien, saber, con la certidumbre de la fe, que lo hace y aceptarlo. Saber que si aceptamos esa Providencia, siempre, pase lo que pase, lo mejor de nuestra vida está siempre por venir. Los seres humanos fuimos creados por Dios para la felicidad. Y hubiesemos pasado por la vida sin conocer el sufrimiento si no hubiese sido por el pecado de soberbia desconfiada hacia nuestro Creador que cometimos todos al unísono de una forma tan misteriosa como misterioso es el tiempo. No hubiésemos conocido el sufrimiento porque el Reino de Dios estaba ya casi instaurado cuando fuimos creados. Faltaba sólo nuestro acto de confianza. ¿Por qué era necesario este acto? Porque habíamos sido creados libres como necesidad ontológica para la felicidad. Ahora, tenemos que volver a edificar ese Reino de Dios y, no hay otra forma de hacerlo que mediante la confianza en el plan de Dios para reconstruirlo. No somos nosotros quienes podemos reconstruirlo. No hay más que ver en qué han parado todos los intentos del hombre de construir sin Dios el Reino de los cielos en la tierra. Es Él el que lo construye, a través de nosotros si le prestamos nuestra confianza. Si todos los hombres, en vez de sólo unos cuantos, se la hubiesen prestado, hace mucho que ese Reino habría llegado. Pero no hay nada que nos cueste más que esa entrega confiada.
Dicho esto, ¿podemos los hombres con nuestra oración cambiar los designios de Dios? Sí, podemos, pero no cuando nosotros queramos, no como resultado de un contrato entre iguales firmado por Dios y nosotros, sino por una petición humilde que deje siempre la puerta abierta a que no se haga nuestra voluntad, sino la tuya, que la aceptaremos. Así rezaron Cristo y María. Hay un pasaje del evangelio, creo que es el único, en el que se ve cómo una oración así camia un designio de Dios. Es el pasaje de la mujer cananea que le pide a Cristo que cure a su hija. Cristo expresa un designio de Dios: “Dios me ha enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel”. No se trata de la enfermedad, que es un accidente de la naturaleza, que ocurre no por designio divino, sino por las leyes ciegas de la misma. Cristo había ya curado muchos enfermos, incluso había resucitado muertos. Es un designio de Dos. Proclamar el Reino a los no judíos era algo anunciado desde Isaías, pero que en los designios de Dios quedaba para los seguidores de Jesús. Ante la insistencia de la mujer cananea, Cristo pronuncia unas de las palabras más duras de todo el evangelio: “No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perros”. La respuesta de la mujer, sin embargo, cambia el designio de Dios. “Eso es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de los hijos” –le responde. Ante lo que Cristo, Dios, se rinde: “'¡Mujer, que grande es tu fe! Que te suceda como pides’. Y desde aquel momento quedó curada su hija”.
Naturalmente, la fe en la providencia exige la posibilidad del milagro, es decir, que Dios altere, si quiere, el implacable devenir de las leyes de la naturaleza. Eso produce en muchos hombres creyentes un gran escándalo –a los no creyentes, no les produce ninguno, simplemente no lo creen–, ¿cómo va Dios a alterar unas leyes de la naturaleza que Él mismo ha creado? ¿No sería esto una especie de autoengaño del propio Dios que, como sabemos, no puede engañarse ni engañarnos? Transcribo un texto que he leído recientemente y que expresa de maravilla cuál es la respuesta.
“La doctrina cristiana sobre el milagro supone que las “leyes de la naturaleza son bastante sutiles para que la intervención de Dios pueda insertarse en ellas sin desbaratarlas y lo suficientemente estrictas para que esta intervención pueda inscribirse en ellas de una manera clara”. Las “leyes” sólo son, por lo demás, “leyes de la mayoría”. El elemento extraordinario del milagro no tiene sentido más que en relación con el contexto moral y religioso que envuelve al hecho. Éste es “extraordinario” a fin de llamar la atención del despreocupado espíritu del hombre. El milagro supone la existencia de un Dios personal, custodio de una providencia sobrenatural”[1].
En otros post de este blog he explicado como la física cuántica hace posible el milagro. Pero parece que Moeller había anticipado ya cómo deberían ser esas leyes para hacer el milagro compatible con el Dios Verdad que no puede engañarse ni engañarnos. No creo que Moeller ni el autor de la cita conocieran la física cuántica cuando lo escribieron, lo que, de ser cierto, hace la frase profética. La física cuántica hace posible el milagro tal y como se describe aquí, así como el milagro cotidiano de la libertad.
Tal es la fe en la Providencia que confiesa el credo cristiano. Esta es la Providencia que, sin suponer la compra de un salvoconducto para pasar por la vida sin penas ni sufrimientos, sin ser una transacción de igual e igual entre Dios y nosotros para asegurarnos el bienestar, sin prometernos lo que nos gusta o nos apetece, nos hace libres del ciego destino de las leyes de la naturaleza y dependientes de la voluntad de un Dios de Amor, que nos creó para la felicidad, que nos la va a dar para toda la eternidad, pero que quiere reconstruir, a través de nuestra confiada aceptación de esa Providencia, el Reino de Dios que destruimos. Es esclarecedora la frase de Luigi Giussani en su obra “Los orígenes de la pretensión cristiana”.
“La elección del hombre radica en concebirse como libre de todo el universo y sólo dependiente de Dios, o como libre de Dios, y hacerse entonces esclavo de cualquier circunstancia.
........
El hombre es, en la práctica, incapaz de vivir en plenitud la total dependencia de Aquél que es su verdad y la proyección de ella (la dependencia) en la vida como don, amor y servicio. Tiene su conciencia obnubilada y una libertad invenciblemente hastiada respecto al deber de la oración, vive un extraño egocentrismo por el que a la larga, en vez de orientarse al Todo, intenta orientar el Todo hacia sí; en vez de darse, intenta quitar, en vez de amar, explotar.
.............
Si el hombre olvida aquello a lo que da consistencia la oración, es decir, la conciencia de su total dependencia y de su inevitable condición de mendigo, entonces se pierde a sí mismo, rechaza la salvación. ... Si la conciencia de la que hemos hablado no se traduce en súplica, no es una conciencia verdadera. La oración es sólo pedir, pedir con motivo de cualquier cosa. El fenómeno de nuestra necesidad –cualquiera que ésta sea– nos recuerda nuestra dependencia, es causa para profundizar en la conciencia de la dependencia de Dios. ... Por eso es justo pedir cualquier cosa, con aquella cláusula implícita de Jesús en Getsemaní: ‘Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’. Pues su voluntad significa mi plenitud, la felicidad suprema, en función de la cual está toda petición. Como mi origen está en sus manos, así también mi fin”.
Si los cristianos hemos devaluado esta fe y hemos escandalizado con ello a muchos de nuestros hermanos, que Dios nos perdone, pero no nos dejemos llevar por ese escándalo. Antes bien, repensemos, maduremos y proclamemos nuestra auténtica fe.
Escribo esto con cierta vergüenza, porque hasta ahora, las garras del sufrimiento no han hecho demasiada presa en mi vida. Pero sí he visto sufrir de forma muy dura a personas a las que quiero y sé no es lo mismo hablar de esto desde la barrera que desde el ruedo. Sin embargo, con miedo, le digo a mi Dios: Señor, que el plan que has pensado para mí, sea el que sea, se haga realidad en mi vida. Que aceptando ese plan, sea el que sea, me guste o me triture, aquello que mejor me haga útil para tu Reino, lo mejor de mi vida esté siempre por venir. Amén.
[1] Texto leído en “Literatura del siglo XX y cristianismo de Charles Moeller, en una nota a pie de página en el capítulo dedicado a Simona Weil que, al parecer, niega la posibilidad del milagro. No se aclara a quién pertenece la cita en negrita.
26 de septiembre de 2008
Cruce de comentarios con Ignacio
Ignacio me escribe:
Hola, mi nombre es Criguer Ignacio, soy de Chile, soy cristiano y tengo mucha afinidad con la Iglesia Presbiteriana,estudio periodismo y estoy interesado en la filosofía y me gustaría conversar contigo. Estoy leyendo a Kant, tengo 3 libros de él, espero por favor me contestes, este es mi correo .....
Contesto:
Hola Ignacio.
Es una satisfacción ver que mis palabras llegan hasta chile.
Un placer conversar contigo, pero no esperes de mí demasiado. No soy un filósofo experto sino como dice en mi perfil del blog, una urraca que picotea aquí y allá y va amueblando su nido como puede.
Espero tus noticias.
Tomás
Me responde:
Hola, gracias por responderme ¿De qué país eres? ¿Eres cristiano, evangélico, católico? Tengo un libro de Shopenhauer, sobre Historia de la Filosofía y lo encontré a él, muy arrogante, una de las cosas que el dice que como era posible que hubiera teísmo en su época, ya que debería desaparecer muy pronto. Aparte de estar leyendo a Kant, leo a apologétas cristianos como Josh McDowell y Lee Strobell, los puedes encontrar en internet, he aprendido algo muy cierto, ya que en mi carrera de periodismo dicen la objetividad no existe y las verdades absolutas tampoco, pero eso es una incoherencia y una contradicción, ya que alguien al decir las verdades absolutas no existen está haciendo una declaración absoluta. Creo que hay un chileno importante en el tema de que la objetividad no existe, se llama Humberto Maturana y tiene la teoría de la autopoiesis, parecida o igual a la de niklas luhmann.
Le digo:
Hola Ignacio:
Soy español y católico y me encanta compartir con hermanos cristianos de otras confesiones.
Esto de la negación de la verdad y del relativismo es uno de los cánceres de nuestra sociedad. Pero creo que debemos ser muy cuidadosos con creernos en posesión de la verdad. Todos tenemos una visión parcial e incompleta de la verdad y la única manera de enriquecerla es buscándola en comunidad. Los que tenemos fe, sabemos que Dios existe y que Jesucristo vive, pero no caigamos en hacernos un Cristo a nuestra medida. Cristo es mucho más grande de lo que nuestra inteligencia pueda abarcar y reducirlo a nuestro tamaño es una forma de idolatría. Por eso tenemos que ser humildes con la verdad y ser buscadores de la misma junto con todo hombre de buena voluntad.
En fin, que me alegro de este contacto.
Un abrazo.
Tomás
Me contesta:
Es muy importante el tema de la verdad, ya que como cristianos debemos reconocer que la verdad existe, Cristo dijo "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", y en otra oportunidad orando al Padre "Tu palabra es verdad" ¿Ha leído sobre la teoría sistémica y la de la autopoiesis? Un gusto poder conversar con usted. Dios le bendiga.
Le contesto:
Hola Ignacio
¡Claro que existe y que la podemos conocer y que nuestra obligación primera es buscarla! Lo que pasa es que no podemos conocer TODA la verdad porque nos supera. Cada ser humano, en su búsqueda contínua, aprehende una parte y, generalmente, mezclada con algunas cosas falsas. Por eso es necesario que los que la buscamos con buena voluntad sepamos dialogar para encontrarla. No se trata de un diálogo desde el relativismo de yo tengo MI verdad y tú TU verdad y yo tolero tu verdad. Esa tolerancia es en realidad indiferencia. Es un “me importas muy poco y si te equivocas peor para ti mientras no me des la lata”. Es una tolerancia ajena a la caridad. El diálogo positivo parte no de ocultar las diferencias, sino de ponerlas en claro con respeto y de analizarlas en conjunto, porque si uno tiene razón, el otro no. Y si el otro me importa (y yo mismo me importo) es importante que razonemos juntos para ver en dónde estamos cada uno en el encuentro con la verdad. Esto es respeto en la caridad. Eso es lo que yo creo que debemos hacer los hombres de buena voluntad.
Sobre Humberto Maturana, Nicklas Luhmann o la teoría sistémica y de la autopoiesis, ni idea. Ya te dije el la primera respuesta y lo digo en mi perfil, que no soy más que una urraca.
Un fraternal abrazo.
Tomás
Hola, mi nombre es Criguer Ignacio, soy de Chile, soy cristiano y tengo mucha afinidad con la Iglesia Presbiteriana,estudio periodismo y estoy interesado en la filosofía y me gustaría conversar contigo. Estoy leyendo a Kant, tengo 3 libros de él, espero por favor me contestes, este es mi correo .....
Contesto:
Hola Ignacio.
Es una satisfacción ver que mis palabras llegan hasta chile.
Un placer conversar contigo, pero no esperes de mí demasiado. No soy un filósofo experto sino como dice en mi perfil del blog, una urraca que picotea aquí y allá y va amueblando su nido como puede.
Espero tus noticias.
Tomás
Me responde:
Hola, gracias por responderme ¿De qué país eres? ¿Eres cristiano, evangélico, católico? Tengo un libro de Shopenhauer, sobre Historia de la Filosofía y lo encontré a él, muy arrogante, una de las cosas que el dice que como era posible que hubiera teísmo en su época, ya que debería desaparecer muy pronto. Aparte de estar leyendo a Kant, leo a apologétas cristianos como Josh McDowell y Lee Strobell, los puedes encontrar en internet, he aprendido algo muy cierto, ya que en mi carrera de periodismo dicen la objetividad no existe y las verdades absolutas tampoco, pero eso es una incoherencia y una contradicción, ya que alguien al decir las verdades absolutas no existen está haciendo una declaración absoluta. Creo que hay un chileno importante en el tema de que la objetividad no existe, se llama Humberto Maturana y tiene la teoría de la autopoiesis, parecida o igual a la de niklas luhmann.
Le digo:
Hola Ignacio:
Soy español y católico y me encanta compartir con hermanos cristianos de otras confesiones.
Esto de la negación de la verdad y del relativismo es uno de los cánceres de nuestra sociedad. Pero creo que debemos ser muy cuidadosos con creernos en posesión de la verdad. Todos tenemos una visión parcial e incompleta de la verdad y la única manera de enriquecerla es buscándola en comunidad. Los que tenemos fe, sabemos que Dios existe y que Jesucristo vive, pero no caigamos en hacernos un Cristo a nuestra medida. Cristo es mucho más grande de lo que nuestra inteligencia pueda abarcar y reducirlo a nuestro tamaño es una forma de idolatría. Por eso tenemos que ser humildes con la verdad y ser buscadores de la misma junto con todo hombre de buena voluntad.
En fin, que me alegro de este contacto.
Un abrazo.
Tomás
Me contesta:
Es muy importante el tema de la verdad, ya que como cristianos debemos reconocer que la verdad existe, Cristo dijo "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", y en otra oportunidad orando al Padre "Tu palabra es verdad" ¿Ha leído sobre la teoría sistémica y la de la autopoiesis? Un gusto poder conversar con usted. Dios le bendiga.
Le contesto:
Hola Ignacio
¡Claro que existe y que la podemos conocer y que nuestra obligación primera es buscarla! Lo que pasa es que no podemos conocer TODA la verdad porque nos supera. Cada ser humano, en su búsqueda contínua, aprehende una parte y, generalmente, mezclada con algunas cosas falsas. Por eso es necesario que los que la buscamos con buena voluntad sepamos dialogar para encontrarla. No se trata de un diálogo desde el relativismo de yo tengo MI verdad y tú TU verdad y yo tolero tu verdad. Esa tolerancia es en realidad indiferencia. Es un “me importas muy poco y si te equivocas peor para ti mientras no me des la lata”. Es una tolerancia ajena a la caridad. El diálogo positivo parte no de ocultar las diferencias, sino de ponerlas en claro con respeto y de analizarlas en conjunto, porque si uno tiene razón, el otro no. Y si el otro me importa (y yo mismo me importo) es importante que razonemos juntos para ver en dónde estamos cada uno en el encuentro con la verdad. Esto es respeto en la caridad. Eso es lo que yo creo que debemos hacer los hombres de buena voluntad.
Sobre Humberto Maturana, Nicklas Luhmann o la teoría sistémica y de la autopoiesis, ni idea. Ya te dije el la primera respuesta y lo digo en mi perfil, que no soy más que una urraca.
Un fraternal abrazo.
Tomás
21 de septiembre de 2008
El coste de un cerebro desproporcionado
Tomás Alfaro Drake
Este es el 25º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.
Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano” y “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?”.
En el artículo anterior afirmé que el cerebro humano era un cerebro desproporcionado. Efectivamente, los científicos, siempre curiosos, han analizado la relación entre el tamaño del cerebro y del cuerpo de miles de especies, tanto vivas como extintas. En todas ellas existe una relación casi proporcional entre los tamaños de ambos. Menos en el Homo Sapiens. El Homo Sapiens tiene un cerebro cinco veces mayor del que se correspondería con el tamaño de su cuerpo. Por eso consume una gran cantidad de energía. El cerebro de un chimpancé consume un 11% de la energía que necesita el animal. El cerebro del Homo Sapiens adulto consume un 23% y el de una cría el 60%. Y para darle al cerebro esa energía hay que buscar más alimento, lo que siempre representa un grave problema para cualquier especie. Cuando el Homo Sapiens llegó a ser inteligente, conseguir ese alimento extra dejó de ser un grave problema. Pero en los 3 millones y pico de años en que el cerebro fue aumentando en relación con el cuerpo, antes de la aparición de la inteligencia, el problema era tan grave que dificultaba enormemente la supervivencia. Efectivamente, el primer Australopiteco, hace unos 3,5 millones de años, poco más que un chimpancé, tenía ya un cerebro 2,3 veces mayor del correspondiente a su cuerpo y necesitaba, como el chimpancé el 11% de la energía. El cerebro del primer Homo, hace 1,7 millones de años, era 2,6 veces mayor de lo normal y consumía el 15% de la energía de su dueño. Pero el energético no es el único coste de un cerebro desproporcionado. El parto es un reto todavía mayor. El momento del parto es de una tremenda indefensión para cualquier animal frente a los depredadores. Por eso es un proceso rápido. Pero en el Homo Sapiens no es así. El tamaño del cerebro hace del parto un momento muy difícil. No sólo porque por sí mismo produce una gran mortandad, sino porque deja durante mucho tiempo a la madre a merced de los depredadores. El sistema de locomoción bípedo, que se desarrolla paralelamente al cerebro, hace que la pelvis tenga que ser estrecha, lo que aumenta las dificultades. Tanto es así, que el feto del Homo Sapiens tiene que hacer una auténtica gynkana para nacer, girando varias veces la cabeza para encontrar el camino. Y, al final, sale con la cara vuelta hacia atrás. De esta forma, la madre no puede limpiarle las vías respiratorias a su cría al nacer, como hacen la hembras de todos los grandes simios. Tiene que haber otra hembra que haga esa función para aumentar las probabilidades de supervivencia del la cría. Con lo que ya son dos las hembras expuestas a los depredadores. Por si fuera poco, el cerebro del recién nacido consume, como se ha dicho, un 60% de la energía, energía que tiene que suministrar la madre durante la lactancia, lo que hace que ella necesite mucho más alimento. Además, la dependencia de la cría hacia la madre es muy prolongada porque al cerebro no le ha dado tiempo de madurar durante la gestación y la cría tarda mucho en valerse por sí misma. Esto, sin tener todavía la inteligencia que hace necesario ese cerebro. La naturaleza jamás haría nada así. Con un cerebro menor y con instinto en vez de inteligencia le hubiese bastado. Pero el Diseñador debía tener otros planes y optó por hacer de mecenas en el desarrollo de una criatura que iba a necesitar, varios millones de años más tarde, un gran cerebro para algo muy especial: Recibir la inteligencia. Es muy sorprendente que todas las especies de Australopitecos y Homos se hayan extinguido sin dejar ramas, apenas daban paso a la especie siguiente. No pasaba lo mismo con los grandes simios, de los que hay varias especies hoy en día. El camino hacia el Homo Sapiens es esa rama larga y aislada del arbusto de la vida de la que hablé hace unos artículos. Todo indica que cada especie de esa rama, una vez cumplida su función, dejaba de ser “subvencionada” cediendo la “subvención” a la siguiente. Es como si alguien pasase por un puente que se va derrumbando justo tras de sus pasos. Suena a película de Indiana Jones. Sabemos que tiene que sobrevivir para que no se acabe la película. Es un truco. Son cosas del guión y del Director. ¿Será el Homo Sapiens el protagonista de la película de la evolución? Parece que sí.
Este es el 25º artículo de una serie sobre el tema Dios y la ciencia iniciada el 6 de Agosto del 2007.
Los anteriores son: “La ciencia, ¿acerca o aleja de Dios?”, “La creación”, “¿Qué hay fuera del universo?”, “Un universo de diseño”, “Si no hay Diseñador, ¿cuál es la explicación?”, “Un intento de encadenar a Dios”, “Y Dios descansó un poco, antes del 7º día”, “De soles y supernovas”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? I”, “¿Cómo pudo aparecer la vida? II”, “Adenda a ¿cómo pudo aparecer la vida? I”, “Como pudo aparecer la vida? III”, “La Vía Láctea, nuestro inmenso y extraordinario castillo”, “La Tierra, nuestro pequeño gran nido”, “¿Creacionismo o evolución?”, “¿Darwin o Lamarck?”, “Darwin sí, pero sin ser más darwinistas que Darwin”, “Los primeros brotes del arbusto de la vida”, “La división del trabajo”, “La explosión del arbusto de la vida”, “¿Tiene Dios una inmoderada afición por los escarabajos?”, “Definamos la inteligencia”, “El linaje prehumano” y “¿Un Homo Sapiens sin inteligencia?”.
En el artículo anterior afirmé que el cerebro humano era un cerebro desproporcionado. Efectivamente, los científicos, siempre curiosos, han analizado la relación entre el tamaño del cerebro y del cuerpo de miles de especies, tanto vivas como extintas. En todas ellas existe una relación casi proporcional entre los tamaños de ambos. Menos en el Homo Sapiens. El Homo Sapiens tiene un cerebro cinco veces mayor del que se correspondería con el tamaño de su cuerpo. Por eso consume una gran cantidad de energía. El cerebro de un chimpancé consume un 11% de la energía que necesita el animal. El cerebro del Homo Sapiens adulto consume un 23% y el de una cría el 60%. Y para darle al cerebro esa energía hay que buscar más alimento, lo que siempre representa un grave problema para cualquier especie. Cuando el Homo Sapiens llegó a ser inteligente, conseguir ese alimento extra dejó de ser un grave problema. Pero en los 3 millones y pico de años en que el cerebro fue aumentando en relación con el cuerpo, antes de la aparición de la inteligencia, el problema era tan grave que dificultaba enormemente la supervivencia. Efectivamente, el primer Australopiteco, hace unos 3,5 millones de años, poco más que un chimpancé, tenía ya un cerebro 2,3 veces mayor del correspondiente a su cuerpo y necesitaba, como el chimpancé el 11% de la energía. El cerebro del primer Homo, hace 1,7 millones de años, era 2,6 veces mayor de lo normal y consumía el 15% de la energía de su dueño. Pero el energético no es el único coste de un cerebro desproporcionado. El parto es un reto todavía mayor. El momento del parto es de una tremenda indefensión para cualquier animal frente a los depredadores. Por eso es un proceso rápido. Pero en el Homo Sapiens no es así. El tamaño del cerebro hace del parto un momento muy difícil. No sólo porque por sí mismo produce una gran mortandad, sino porque deja durante mucho tiempo a la madre a merced de los depredadores. El sistema de locomoción bípedo, que se desarrolla paralelamente al cerebro, hace que la pelvis tenga que ser estrecha, lo que aumenta las dificultades. Tanto es así, que el feto del Homo Sapiens tiene que hacer una auténtica gynkana para nacer, girando varias veces la cabeza para encontrar el camino. Y, al final, sale con la cara vuelta hacia atrás. De esta forma, la madre no puede limpiarle las vías respiratorias a su cría al nacer, como hacen la hembras de todos los grandes simios. Tiene que haber otra hembra que haga esa función para aumentar las probabilidades de supervivencia del la cría. Con lo que ya son dos las hembras expuestas a los depredadores. Por si fuera poco, el cerebro del recién nacido consume, como se ha dicho, un 60% de la energía, energía que tiene que suministrar la madre durante la lactancia, lo que hace que ella necesite mucho más alimento. Además, la dependencia de la cría hacia la madre es muy prolongada porque al cerebro no le ha dado tiempo de madurar durante la gestación y la cría tarda mucho en valerse por sí misma. Esto, sin tener todavía la inteligencia que hace necesario ese cerebro. La naturaleza jamás haría nada así. Con un cerebro menor y con instinto en vez de inteligencia le hubiese bastado. Pero el Diseñador debía tener otros planes y optó por hacer de mecenas en el desarrollo de una criatura que iba a necesitar, varios millones de años más tarde, un gran cerebro para algo muy especial: Recibir la inteligencia. Es muy sorprendente que todas las especies de Australopitecos y Homos se hayan extinguido sin dejar ramas, apenas daban paso a la especie siguiente. No pasaba lo mismo con los grandes simios, de los que hay varias especies hoy en día. El camino hacia el Homo Sapiens es esa rama larga y aislada del arbusto de la vida de la que hablé hace unos artículos. Todo indica que cada especie de esa rama, una vez cumplida su función, dejaba de ser “subvencionada” cediendo la “subvención” a la siguiente. Es como si alguien pasase por un puente que se va derrumbando justo tras de sus pasos. Suena a película de Indiana Jones. Sabemos que tiene que sobrevivir para que no se acabe la película. Es un truco. Son cosas del guión y del Director. ¿Será el Homo Sapiens el protagonista de la película de la evolución? Parece que sí.
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